miércoles, 22 de enero de 2014

La Brecha Cambiaria

La Brecha Cambiaria




El cambio de gabinete en diciembre se debió a la necesidad del gobierno de superar la brecha cambiaria. Históricamente el mercado paralelo, blue, básicamente un mercado de dólares billete, siempre fue de muy pequeña dimensión frente al volumen global de las divisas que entran y salen del país. Pero el capital concentrado y centralizado internacional, (CCyCI) continuando con su política destituyente de provocarle al gobierno una situación económica inmanejable, se concentró en el aumento de la brecha cambiaria. Es decir, mientras la diferencia entre oficial y paralelo o blue era pequeña, no era un problema que afectara mayormente el funcionamiento global de la economía, pero al ampliarse la brecha cambiaria se tornó urgente cerrarla lo más pronto posible.
Es la misma operación que el CCyCI está haciendo en Venezuela país en el cual a diferencia de Argentina, el 97% de las exportaciones son de petróleo de la empresa estatal PDVSA. Es decir que es el estado el que percibe directamente las divisas, y no como en la Argentina que son empresas privadas las receptoras de las divisas que deben después liquidarse en el mercado de cambios e ingresar como reservas al Banco Central.[1] En Venezuela, por lo tanto, no debería haber problemas de restricción externa (escasez de divisas), sin embargo lo hay, porque existe una fenomenal fuga de divisas efectuada a través de una sobrefacturación de importaciones de grandes dimensiones[2] y han logrado provocar también una brecha cambiaria complicando el funcionamiento de la economía venezolana.
A fines de 2011, cuando la fuga de divisas significaba una reducción acelerada de las reservas, el gobierno nacional instrumentó una política de administración de las divisas, un control de cambios parcial y focalizado, administración de la autorización de importaciones, prohibición de venta de dólares para ahorro, necesidad de justificar un monto adecuado de dinero en blanco para la adquisición de divisas, etc. Esta política llamada “cepo cambiario” por la oposición, obtuvo un resultado importante y frenó, en gran medida, la fuga.
Pero el CCyCI potenció la dinámica natural del mercado de cambios capitalista, fogoneando la suba de la cotización del dólar paralelo de múltiples maneras, hasta que la brecha cambiaria se tornó lo suficientemente grande como para adquirir una dinámica propia de crecimiento permanente. Cuando la brecha es muy grande los distintos actores económicos o bien deciden no vender sus dólares en el mercado legal o bien esperan a que suba la cotización, es decir, esperan una devaluación, brusca como quieren los voceros del CCyCI, o gradual pero acelerada como la que está realizando el gobierno actualmente[3].
La política del CCyCI implicó impulsar por un lado la salida de una gran cantidad de divisas y, por el otro ingresar la menor cantidad posible, de esta manera bajar las reservas, en base a esta caída potenciar las expectativas de una devaluación, y fomentar así el crecimiento permanente y en creciente aceleración de la brecha cambiaria. Al llegar a un determinado crecimiento la brecha cambiaria adquiere una dinámica propia, lo que provoca, ahora sí, un problema económico imposible de sustentar en el tiempo. Para que la economía tenga un funcionamiento manejable es imprescindible, llegado a este punto, reducir a un mínimo la brecha cambiaria.
Los exportadores demoraron la venta esperando una mayor devaluación, como es el caso del aumento de la acumulación de la cosecha en silos bolsa. Los importadores aceleraron los pagos, previendo un encarecimiento del dólar. El turismo que ingresa al país en lugar de vender dólares en el mercado legal, lo hizo en el blue, por la diferencia de precio. Los turistas que viajan al exterior usan al máximo el dólar de la tarjeta de crédito, elevando notablemente la salida de divisas. En definitiva con una brecha cambiaria en crecimiento, todos los actores económicos se van volcando al dólar blue de una u otra manera o esperan la devaluación, provocando el aumento de la brecha cambiaria a una velocidad cada vez mayor, haciendo insostenible su mantenimiento. El CCyCI finalmente logró poner al gobierno en una encrucijada difícil de superar.
Es indiscutible que existió y existe esta política del CCyCI. Es cierto también que existe una dinámica natural de los actores económicos cuando hay una diferencia, aunque sea pequeña, entre el dólar oficial y el paralelo, y que esta dinámica se profundiza a medida que la brecha crece. Si la brecha es muy pequeña, nadie se molesta en ir a las cuevas a vender su dólares, si la brecha es grande todo el mundo vende a la cotización blue. Pero el crecimiento de una brecha pequeña a una brecha suficientemente grande como para que adquiera su propia dinámica de aumento, no es solamente ni mucho menos un fenómeno natural. Los medios de comunicación de mayor difusión entre la población del país, televisivos, radiales y prensa impresa, internet, pertenecen a distintas fracciones del CCyCI. Tal es el caso de los grupos de empresas Clarín y La Nación, porque no son “un diario” sino la prensa escrita representante de grandes conglomerados empresarios industriales, comerciales y financieros. Hablar de “Clarín” refiriéndose exclusivamente al diario, como si fuera solamente un problema entre “un diario” y el gobierno, es alejarse de la realidad. Hay que recordar, por ejemplo, que el conglomerado empresario “Clarín” tiene más de 240 empresas de cable en el país, y además posee multitud de radios y diarios en muchas provincias, habiendo adquirido, por ejemplo, el control de los diarios La Voz del Interior de Córdoba y Los Andes de Mendoza. Hay que tener presente también que la mayoría de los bares y restaurantes de la Ciudad de Buenos Aires emiten permanentemente el canal TN del conglomerado Clarín. Y la distribución en el interior del país de este conglomerado empresarial también es abrumadoramente hegemónica. Prácticamente el único diario de la Capital que llega al interior es Clarín, y en menor medida La Nación, que también es integrante del CCyCI. En  definitiva, la “noticia” de los diarios, radios y canales de televisión que recibe la población es lo que dicen Clarín y la Nación. Esa noticia es percibida como la verdad de lo que pasa en el país, naturalmente, por la mayoría de la población. Y estos medios de comunicación del CCyCI vienen fogoneando de todas las maneras posibles la sensación colectiva de que el dólar en algún momento se va a devaluar, impulsando de esa manera el aumento de la brecha cambiaria. Por otro lado, el incremento de la sobre facturación de importaciones y subfacturación de exportaciones, la demora en liquidar divisas, la retención en silos bolsa, etc., no sólo han estado motivadas por una expectativa de devaluación, sino deliberadamente para aumentar la brecha cambiaria.
El CCyCI puede llevar adelante esta política porque el propio gobierno se encuentra encerrado por su respeto a las reglas de juego del capitalismo, pero particularmente por su respeto a las reglas de juego instaladas desde la dictadura militar y el menemismo, reglas que responden en particular a los intereses del CCyCI. No es incompatible con el capitalismo una reforma agraria radical, ni siquiera es incompatible con el capitalismo la expropiación de todos los propietarios agrarios, grandes, medianos y pequeños, la estatización de la propiedad agraria en su totalidad y la explotación agraria exclusivamente por contratos de usufructo de la tierra. Esto no solamente no es incompatible con el capitalismo, sino que promueve el desarrollo más acelerado y pleno del mismo. Obviamente, los propietarios agrarios demonizan esta posibilidad, y la relación de fuerzas para intentar la reforma agraria más leve es muy difícil de lograr, en principio porque ni siquiera se habla del tema, y la relación de fuerzas depende en lo esencial de la toma de conciencia de la mayoría de la población de la dimensión del problema que se trate.
Tampoco va en contra del capitalismo la estatización del comercio exterior y los bancos, medidas imprescindibles para administrar adecuadamente las divisas y direccionar el crédito hacia el fomento de la producción. También en este caso, obviamente, las empresas privadas que monopolizan el comercio exterior (ver nota al pie n°1) y la banca privada se oponen ferozmente a todo cambio en este sentido. La estatización del comercio exterior y los bancos, que son las medidas que el gobierno necesita tomar si quiere solucionar el problema de la restricción externa, (falta de divisas), restricción que en este momento está provocada por la brecha cambiaria, no son ni siquiera consideradas por el gobierno, que no está de acuerdo, o no se atreve a llevarlas adelante. Tampoco tiene el gobierno una política de esclarecimiento de la opinión pública para crear la suficiente relación de fuerzas como para poder llevarlas adelante. Se limita a tomar medidas que no contradigan en lo fundamental las exigencias de las empresas privadas, medidas que por lo tanto son mucho menos efectivas, y de dudoso éxito final.
Básicamente, Capitanich y Kicillof proponen reducir la brecha cambiaria aumentando la inversión externa y los préstamos del exterior, aunque intentando que esta inversión externa se dirija a promover el desarrollo de la infraestructura y de la industria, y que los préstamos no sean leoninos, como podría ser obtenerlos de Rusia y China, que por la coyuntura internacional tendrían cierta disposición a efectuar préstamos en condiciones relativamente razonables. De lograr de esta manera reducir la brecha cambiaria, y eliminar en lo sustancial la restricción externa, habrán conseguido superar temporariamente la encrucijada actual, pero habrá que ver hasta qué punto esto implicará un mayor sometimiento general a los dictados del CCyCI.
Si tiene éxito la política de inversión y préstamos externos para frenar la baja de las reservas, tendría la ventaja adicional de independizar al gobierno, en alguna medida, de la necesidad del ingreso de divisas provenientes del sector agropecuario, y de esta manera reducir las posibilidades de este sector de realizar boicots y presiones sobre el gobierno.
Pero todo es muy incierto, y el gobierno se verá permanentemente sometido a los boicots y operaciones del CCyCI para someterlo a sus condicionamientos y exigencias.
En el trasfondo de todo esto está el respeto del gobierno hacia las reglas del juego que el CCyCI ha impuesto desde la dictadura militar a esta parte, pasando por el gobierno Menem-Cavallo, que de conjunto han dejado también un “cepo” ecónomico y legal muy condicionante.
Otra de las cuestiones es la ideología instalada acerca de que los ciudadanos argentinos tenemos un derecho irrestricto a adquirir la cantidad de dólares que deseemos en el mercado oficial, el mercado legal y que cualquier restricción que imponga el gobierno en este sentido, es un violentamiento de los derechos demócraticos de los ciudadanos argentinos.
Hasta hace un año atrás las reservas del Banco Central eran de 40.000.000.000 de dólares. Teniendo en cuenta que la población argentina es de 40.000.000, haciendo la división correspondiente, corresponde a cada argentino la cantidad de…¡u$s 1.000! Y si sólo 4.000.000 quisiera comprar dólares (obviando una reflexión acerca de que esto sucede si hay mucha pobreza y desigualdad en el ingreso) le correspondería a cada uno u$s 10.000, que también es mucho menos de lo que demandan gran cantidad de turistas, y infinitamente inferior a la fuga de divisas que realizan los grandes capitales. De manera que el tan declamado derecho democrático irrestricto a la compra de dólares tiene un límite objetivo: la cantidad de dólares disponibles es limitada, muy limitada en el caso de que todos los ciudadanos quieran adquirirlos.
Otra cuestión que la población no tiene en cuenta, y que en gran medida se desconoce, es que las divisas son la única moneda con la cual se pueden adquirir bienes fuera de las fronteras del país. Las reservas del Banco Central son las únicos dólares con los cuales la población puede adquirir lo que se necesita en el exterior, sean medicamentos, aparatos médicos como tomógrafos, etc., pasando por bienes de capital e insumos para la industria, y llegando a bienes suntuarios como autos de alta gamma, por ejemplo. Es evidente que aunque las reservas fueran mucho mayores, aún así tendrían una escasez relativa que obligaría a administrar esas divisas, a ejercer algún tipo de control de cambios.
Si estas cuestiones fueran cabalmente conocidas y comprendidas por el conjunto de la población, sería mayor la posibilidad de exigir el adecuado ingreso y liquidación de la totalidad de las divisas que se generan en el país, y una administración sensata y racional de las divisas que se utilizan para pagos fuera del país.
No existe un problema “natural” de restricción externa. En la Argentina se genera una cantidad de divisas holgadamente suficiente para cubrir todas las necesidades de la población, como bienes de capital e insumos industriales, medicamentos y aparatos médicos y turismo, entre muchos otros. La Argentina no es un país que tenga una escasez de divisas estructural. La cantidad de divisas genuinas que tiene un país es la diferencia entre lo que exporta y lo que importa, o sea, entre lo que vende y lo que compra en el exterior. Hay países que producen poco o nada exportable, y por reducidas que sean sus necesidades de importación, en esos casos la crisis crónica de falta de divisas es inevitable. No es el caso de Argentina. El problema aquí es que las exportaciones están en manos de empresas privadas, las importaciones también, e ingresan menos divisas que las que obtienen (subfacturación de exportaciones), o egresan más divisas de las que necesitan (sobrefacturación de importaciones), entre otras muchas maniobras de las empresas privadas que exportan e importan. Cabe aclarar que en el caso de la subfacturación simplemente el comprador extranjero deposita la diferencia entre el valor real y el valor efectivamente denunciado en la documentación de exportación de los exportadores en la cuenta corriente bancaria de estos en el extranjero, hecho esto en la más absoluta legalidad y a plena luz del día, por simples empleados bancarios que cumplen las directivas rutinarias para este tipo de operaciones. En el caso de la sobrefacturación la operatoria bancaria es similar pero inversa. Los dólares que salen para pagarle la importación al exportador del exterior, en su mayor parte son depositados por este en la cuenta corriente extranjera del importador. Si el comercio exterior fuera estatizado, las posibilidades de control serían infinitamente mayores.
Estos no son, por otra parte, los únicos mecanismos de elusión de ingreso de divisas, o de fuga de divisas[4], aclarando además, que con distintas operatorias normalmente se realizan a través de la red bancaria o sea, son formalmente legales, y efectuadas a plena luz del día.
La falsa conciencia relacionada con el dólar y el respeto del gobierno a las reglas de juego capitalistas actuales, instaladas desde la dictadura militar, llegaron en su momento al extremo que aún durante los primeros meses de Marcó del Pont al frente del Banco Central, la venta de dólares al público por parte de los bancos, que en última instancia se pagaban con las reservas del Banco Central, era absolutamente libre e irrestricta. Todo ciudadano o empresa podía comprar una cantidad de dólares ilimitada. Recién con las primeras restricciones se limitó la posibilidad de comprar a toda persona individual o jurídica hasta el monto de 2.000.000 de dólares mensuales. Hoy en día esa “limitación” parece, por el contrario, una autorización desmesurada para comprar dólares, pero estaba en la línea de que el gobierno kirchnerista hasta este momento había permitido la más libre y absoluta compra de dólares en los bancos sin ninguna necesidad de justificar el destino de la compra. Es un claro ejemplo del respeto del kirchnerismo por la libertad irrestricta, incondicional, en cualquier circunstancia, al acceso a los dólares, necesidad difundida permanentemente por el CCyCI desde hace muchos años, y recepcionada y reflejada por gran parte de la clase media como parte de su ideología.
Es necesario adecuar esta concepción a las necesidades reales de administración racional de las divisas y focalizar la responsabilidad de su escasez en sus verdaderos responsables, las empresas exportadoras e importadoras privadas[5] que se apropian de ellos y eluden y fugan divisas permanentemente, transformando en escasez lo que naturalmente en Argentina sería una abundancia de divisas suficiente para el funcionamiento de la economía.
Es necesario que la población tome verdadera conciencia de todo esto, y sería deseable que el gobierno contribuyera a crearla, para que pudiera existir una relación de fuerzas suficiente para tomar las medidas realmente efectivas que son la estatización del comercio exterior y de los bancos. Es poco probable que  el gobierno esté dispuesto a tomar estas medidas aún en el caso de que contara con la relación de fuerzas favorable, pero es absolutamente necesario tomarlas para optimizar lo más posible la tenencia de divisas, dentro de las limitadas posibilidades que ofrece el capitalismo para hacerlo.
Todas las fuerzas genuinamente progresistas y de izquierda son las que tienen a su cargo la tarea de ayudar a la elevación de la conciencia de la población, en particular de la clase obrera, para luchar por la estatización del comercio exterior y los bancos.
Carlos A. Larriera
21.1.14





[1] Ver, por ejemplo, Siete multinacionales concentran más del 80% de la exportación de soja, por Nicolás Furfaro, https://www.google.com.ar/?gws_rd=cr&ei=iCYnUr-KOqrCigLxpYGADg
[2] Sobre la brecha cambiaria en Venezuela ver, por ejemplo: Fuga de capitales (Venezuela y A.L.), fraudes, devaluación y Estatización del comercio exterior, Manuel Sutherland, http://rebelion.org/docs/178396.pdf.
“…Gran parte de los enormes ingresos por exportaciones petroleras se han exportado. Nuestra burguesía local se ha dado a la tarea (con gran éxito) de fugar del país las divisas que pudieran ser invertidas en infraestructura y producción industrial. La burguesía ha privatizado (con gran eficiencia) buena parte de la renta petrolera….”
“…la fuga de capitales en el período 2003-2013 bajo estricto control de cambio es ilícita. Afirmamos que es un fraude porque en Venezuela los mecanismos de venta de divisas a la clase capitalista se hacen (en un 90%) en estricta correlación a las solicitudes de importación. No hay otros mecanismos importantes de trasferencia de divisas. Por ende, el capitalista que protagoniza este drenaje de capital, lo hace a costa de realizar solicitudes de importación por 100 dólares de una mercancía X, luego recibe del gobierno los dólares por diversas vías (CADIVI, SITME, SICAD etc.) y éste se “cuadra” con el proveedor para importar mucho menos de esos 100 dólares, digamos 10 $, le da 10 $ al proveedor de “regalo” y EEUU los restantes 80 $ para ahorrarlos en el extranjero, incorporarlos al mercado paralelo y un largo etc. De esa forma es como se engordan las cuentas en el extranjero de la clase capitalista y de ahí es donde surge el llamado “mercado paralelo”. Podemos afirmar con toda seguridad, que el 98% de los dólares del “mercado paralelo”, fueron dólares entregados a precios preferenciales por el Estado…”
[3] Hasta ahora la devaluación gradual del gobierno no está dando resultados, la brecha se sigue ampliando. Habrá que ver qué sucede en adelante. Es fundamental para que los planes del gobierno tengan aunque sea un éxito temporal, que las inversiones y préstamos que están gestionando lleguen pronto y crezcan las reservas. En estas circunstancias el factor tiempo juega un rol fundamental.
[4] Fuga de divisas es cuando ingresan y pasan a formar parte de las reservas del Banco Central, y después vuelven a salir. Elusión se refiere a eludir el ingreso de divisas, los exportadores subfacturan exportaciones y no ingresan un porcentaje importante de las divisas que obtienen en el exterior, y los importadores sobrefacturan y también un porcentaje importante de las divisas quedan en el exterior.
[5] También fugan divisas el resto de las empresas, sobre todo las grandes, por distintos mecanismos, normalmente a través de la red bancaria, en épocas de libre compra de dólares lo hacen por simple transferencia bancaria, procedimiento que también se utiliza aún con control de cambios, aprovechando las debilidades de ese control.

viernes, 8 de noviembre de 2013

Algunas características del gorilismo


Algunas características del gorilismo



Seguramente el gorilismo se origina por múltiples causas, pero hay algunas características típicas del gorilismo que conviene tratar de explicar lo mejor posible.

En primer lugar: ¿qué es ser gorila? Se puede responder que gorila es el que visualiza al peronismo desde un punto de vista diferente al de la clase obrera. Esto como concepto general. No nos referimos al punto de vista revolucionario de la clase obrera, sino desde donde se ubica, en primera instancia, la clase obrera para caracterizar al peronismo.

El peronismo[1] ha significado una mejora sustancial en el nivel de vida de los obreros. A partir de ese hecho, ningún obrero puede ver al peronismo como algo que hay que rechazar de plano. Es decir es imposible, hablando en general, que un obrero sea gorila, que odie al peronismo como un gorila, que lo considere su enemigo principal, etc.

A medida que algunos obreros van adquiriendo conciencia revolucionaria, junto con una reivindicación fáctica del peronismo en cuanto su rol en el mejoramiento del nivel de vida, van también visualizando el atraso a que somete a los obreros al educarlos en la conciliación de clases, en la creencia que bajo el capitalismo se puede lograr plenamente la “justicia social”, o en términos actuales “el crecimiento con inclusión social”. Pero adquirir conciencia revolucionaria no hace gorila al obrero. Al visualizar al peronismo como enemigo de la estrategia revolucionaria, no por eso se olvida de la mejora del nivel de vida a la que se llega bajo un gobierno peronista. Ningún obrero puede permanecer indiferente ante esa mejora. La defensa de los logros en ese sentido es natural para los trabajadores. Los obreros sólo estarán dispuestos a arriesgar esos logros si comprenden la necesidad de llevar adelante la revolución social, cuyo objetivo no es solamente reformas, sino un cambio radical del modo de producción social, el reemplazo del capitalismo por el socialismo.

Los gorilas de derecha son principalmente los grandes capitalistas, pero es en general el conjunto de la burguesía y los sectores de clase media que sienten miedo de perder las pequeñas ventajas económicas y sociales obtenidas frente a un aumento de la distribución del ingreso. Los empresarios que dependen del mercado interno tienen, generalmente, una ideología “mezclada”, gorilas por su condición de clase, pero no tanto porque durante cierto tiempo se ven favorecidos por las políticas distribucionistas.

Ahora bien, también hay gorilas dentro de la izquierda. Tienen de común con los gorilas de derecha que no se colocan en el punto de vista de la clase obrera. Pero los gorilas de izquierda odian al peronismo por motivos diferentes que los gorilas de derecha. Los gorilas de derecha odian que una pequeña parte de sus ganancias se redistribuya para mejorar el nivel de vida de los obreros. Odian el aspecto reformista, de mejora social del peronismo. Los gorilas de izquierda, en cambio, odian la intoxicación ideológica, la confusión ideológica a que somete el peronismo a los obreros. Son concientes de que el peronismo es un obstáculo muy fuerte contra la elevación de la conciencia revolucionaria de la clase obrera; pero se sienten incapaces de ganar la lucha ideológica contra el peronismo y entonces caen en desear el alejamiento del peronismo del gobierno, para que no siga instalando, en los obreros, la política de conciliación de clases, apoyándose en sus reformas.

Y es en este punto donde los gorilas de izquierda se vuelven realmente gorilas, y odian implacablemente al peronismo. Pero la idea de que se agote rápidamente el peronismo en el gobierno, para que “no siga haciendo daño ideológico al proletariado”, tiende a producir un efecto opuesto al buscado. Como pasó después del ’55, la ausencia del peronismo en el gobierno lleva a los trabajadores a apoyar al peronismo más que nunca, con la esperanza de que un retorno del mismo redundará en un nuevo mejoramiento del nivel de vida. El alejamiento del peronismo del gobierno antes de que se agote la experiencia de los trabajadores con su política, lejos de eliminar su influencia ideológica sobre los trabajadores, tiende a perpetuarla.

Las masas aprenden con experiencias de masas. La experiencia de masas de mejoras sociales reales bajo un gobierno peronista es muy fuerte. Alejado el peronismo del gobierno, se consolida la identificación que hacen los trabajadores entre gobierno peronista y mejoras sociales. Por esta razón cuando el peronismo está fuera del gobierno, es muy difícil lograr que los trabajadores adquieran conciencia de que una mejora realmente profunda del nivel de vida sólo puede lograrse con la revolución social. La política de los gorilas de izquierda de alejamiento del peronismo del gobierno para desactivar su nefasta influencia ideológica, si triunfa, habrá logrado lo opuesto, consolidar la influencia ideológica del peronismo sobre los trabajadores.

El problema de los gorilas de izquierda es que no creen en la posibilidad de un triunfo ideológico de izquierda sobre el peronismo. La realidad es que sí se puede ganar esa lucha ideológica. El marxismo verdadero siempre ganará la lucha ideológica contra el populismo. Sucede que los gorilas de izquierda, no son en realidad verdaderos marxistas, no saben o no quieren dar la batalla ideológica marxista contra los populistas.

Y para ganar esa batalla ideológica el marxismo debe buscar que se agote la experiencia de los trabajadores con el peronismo, pero que se agote como experiencia de masas, que las intenciones declaradas del kirchnerismo de crecimiento con inclusión social alcancen su máximo desarrollo posible bajo el capitalismo. De esa manera los trabajadores comprobarán como experiencia de masas que aún en las condiciones más favorables —aún cuando el kirchnerismo haya podido desarrollar al máximo su política, contando, entre otras cosas, por ejemplo, con mayoría absoluta en el parlamento— el kirchnerismo no puede lograr realmente un crecimiento con inclusión social sustentable en el tiempo que merezca ese nombre. Ese es el camino para superar la influencia ideológica negativa del kirchnerismo sobre los trabajadores. Desde ya que no basta con la experiencia de masas, ésta debe ser acompañada por las explicaciones que el marxismo puede y debe acercar al conjunto de los trabajadores sobre la naturaleza del capitalismo, sobre el rol de todas las clases sociales, etc., de manera que los trabajadores puedan comprender, cabalmente, las razones por las cuales el kirchnerismo no puede lograr un verdadero crecimiento con inclusión social, por más que lo intentara consecuentemente. Los propios límites capitalistas que se autoimpone el kirchnerismo le impide, inexorablemente, lograr un pleno crecimiento con inclusión social.

El marxismo debe luchar en primera fila por las reformas, impulsar al máximo posible la cantidad y calidad de las reformas. De este modo el marxismo no solamente no se opone a las reformas, sino que impulsa la mejor reforma posible, sea o no la propuesta por el gobierno.

La única diferencia entre los marxistas y los trabajadores kirchneristas y no kirchneristas es su estrategia de revolución social. Al mismo tiempo que se lucha por las reformas, el marxismo debe explicar incansablemente a los trabajadores todos los aspectos de la sociedad, especialmente las dificultades que encuentra el kirchnerismo en los límites que impone el capitalismo a las reformas.

Luchar juntos por las reformas bajo el capitalismo, y cuando el kirchnerismo encuentre límites insalvables (y los encontrará inevitablemente), si el marxismo ha cumplido además con su tarea explicativa, desnudando la verdadera naturaleza del capitalismo, los obreros habrán elevado su conciencia revolucionaria en la medida necesaria para avanzar hacia la revolución social, en lugar de que los límites del kirchnerismo generen la desmoralización y la derrota de la clase obrera.

De esta manera el marxismo puede y debe estar a la vanguardia de las lucha por las reformas, mientras explica permanentemente la necesidad de revolución social, preparando las condiciones subjetivas para que los obreros adquieran conciencia de su necesidad y pasen a la acción.

Hoy existe una oportunidad histórica: mientras más consecuente sea el kirchnerismo en intentar el crecimiento con inclusión social, más evidentes se verán día tras día los inconvenientes insalvables que opone el capitalismo. Ya no es solamente una idea utópica de la Juventud Peronista de los ’70. Ahora es un intento real del gobierno —más o menos consecuente—. El marxismo sabrá utilizar todos los impedimentos que pone el capitalismo a este intento para explicar a los trabajadores la verdadera naturaleza del capital y la inexorable necesidad de la revolución social.

El gorilismo de izquierda sigue un camino equivocado, quiere que se vaya el gobierno kirchnerista, con lo cual en lugar de contrarrestarla tiende a perpetuar su influencia ideológica sobre los trabajadores al impedirles agotar sus expectativas en el kirchnerismo a través de una experiencia de masas en su máximo desarrollo.

Carlos A. Larriera
8.11.13



[1] El gobierno de Menem no puede ser incluido dentro de la denominación “peronismo” en el sentido de gobiernos populistas realizadores de reformas y distribuciones progresivas del ingreso. En realidad el gobierno de Menem fue lo contrario: anulación de reformas y redistribución regresiva del ingreso. Algo similar al gobierno de Menem puede decirse de la segunda parte del gobierno peronista ’73-’76.

domingo, 3 de noviembre de 2013

Perspectivas después de las elecciones de octubre de 2013

Perspectivas después de las elecciones de octubre de 2013




Las elecciones presentaron un panorama dual. La victoria amplia de Massa en la provincia de Buenos Aires, las derrotas del kirchnerismo en el resto las principales provincias de la pampa húmeda, Santa Fe y Cordoba, y en Mendoza, entre otras. Y el triunfo del kirchnerismo a nivel nacional, con el 33.27 % para diputados y 39.37 % para senadores de los votos totales, consolidándose como la primera minoría y manteniendo quorum propio en ambas cámaras.

La pregunta es qué pasará en las elecciones presidenciales del 2015. Si bien falta mucho, es recomendable un primer análisis de las tendencias que se vislumbran.

Las debilidades del Frente para la Victoria

Las usinas de la derecha difunden la idea de que este gobierno ha agotado su política y deberá tomar medidas cercanas al neoliberalismo, o directamente neoliberales. Sugieren que este gobierno ha hecho todo mal y la única salida es el “ajuste”, y que le dejará este ajuste al próximo gobierno. Y que en el corto plazo deberá de alguna manera devaluar, negociar con los organismos financieros internacionales, promover el ingreso de capitales (no lo dicen pero se refieren a capitales especulativos), etc .

Y dentro de las filas kirchneristas hay algunos que vacilan frente a la posibilidad de tomar alguna de estas medidas.

Lo cierto es que este gobierno se enfrenta con problemas que hasta ahora no ha podido resolver: la inflación y la escasez de divisas.

La inflación se debe fundamentalmente a la estructura oligopólica y extranjerizada de la mayoría de las empresas que proveen al mercado interno. Pero el gobierno no ha podido enfrentar y controlar a estos oligopolios. Y muchos de ellos son los que impulsan a la derecha destituyente.

La escasez de divisas tiene como problema endémico la evasión y la fuga de las mismas. Es cierto que entre las importaciones de la industria automotriz, de combustibles y el turismo se va gran parte del superávit comercial (exportaciones menos importaciones). Pero sin evasión y fuga el escenario sería muy distinto, y probablemente no habría escasez de divisas a pesar de todo[i].

La evasión (el no ingreso de las divisas en su totalidad) y la fuga (a través de los bancos) no ha podido ser evitada satisfactoriamente por el gobierno. Si no se evadiera el ingreso de divisas provenientes de las exportaciones, y no se fugaran divisas a través de transferencias bancarias (que convierten pesos en dólares de sus clientes y debitan los dólares que transfieren al exterior de las reservas del banco central), la tenencia de divisas (reservas) por parte del Banco Central sería seguramente suficiente. En este momento, por ejemplo, las patronales del campo demoran en liquidar las divisas de sus exportaciones.

La Argentina produce divisas suficientes para cubrir todas las necesidades de pagos al exterior pero gran parte de esas divisas o se evade de ingresarlas al país, y quedan en las cuentas de los exportadores en bancos del exterior, o se fugan del país a través de transferencias bancarias con débito a las reservas del banco central.[ii]

¿Cómo puede solucionar esto el gobierno? En un sentido general no tiene solución bajo el capitalismo, y tampoco tendrá una solución total durante la construcción del socialismo vía revolución social.

Una aproximación a la solución sería la estatización del comercio exterior y los bancos, por un lado, y también la estatización de los oligopolios que suban los precios sin aumentos de costos reales. Pero, en primer lugar, la política del gobierno es otra, básicamente se basa en el supuesto buen comportamiento de las empresas. El gobierno sólo actúa cuando como en el caso de Aerolíneas, Repsol y los ferrocarriles en este momento los desastres de las empresas privatizadas o privadas son calamitosos y la estatización es una necesidad imperiosa.

Además de no ser la estatización la política central del gobierno, por otro lado no necesariamente cuenta con relación de fuerzas para estas estatizaciones. En cierto modo va construyendo esta relación de fuerzas, pero con una debilidad fundamental. Para estatizar los oligopolios, el comercio exterior, los bancos, etc., la única clase social que puede proveer la fuerza necesaria para hacerlo es la clase obrera. Y este gobierno coloca a la clase obrera en un lugar político subordinado, la educa en la conciliación de clases, la educa en aceptar la conducción política de la burguesía. En estas condiciones la fuerza política necesaria de la clase obrera está semiausente.

Este gobierno lleva adelante una política burguesa, pero es esencialmente un gobierno de clase media, tiene una política burguesa desde una visión de clase media, originada en la ideología de la JP de los ‘60/’70. Desde la perspectiva burguesa de clase media la lucha de este gobierno es notable, inédita en la historia argentina. Pero tiene los límites que hemos descripto. Si el gobierno mantiene la dosis de coraje que ha tenido hasta ahora, con todas sus limitaciones, y sigue tomando medidas progresivas, rompiendo barreras hasta ahora infranqueables, y se encamina a una mayor estatización, aunque sea parcial, podrá avanzar hacia la disminución de los problemas de inflación y escasez de divisas, reduciéndolos a una medida tolerable. Si vacila, y se desvía hacia medidas cercanas al neoliberalismo, se estará autodebilitando y colocándose cada vez más en manos de la oposición de derecha destituyente.

También se habla de las debilidades comunicacionales del kirchnerismo, y de la falta de una táctica electoral que dé resultados más positivos. Si bien son temas que necesita mejorar, si el kirchnerismo se encierra en esta problemática desnaturalizará su propia esencia, correrá el riesgo de relegar a un segundo plano lo que es la base principal de toda su política. Los votos a favor del gobierno, su núcleo duro, son los votos de personas que reconocen los beneficios de las muchas reformas que ha llevado este gobierno adelante. Sin abundar, se puede mencionar el agua potable, las cloacas, la electrificación de todo el norte argentino y en general en todo el país, el Plan Procrear, la construcción de viviendas en base a cooperativas con la financiación del gobierno, la AUH, las jubilaciones, los millones de nuevos empleos, etc., etc. Una gran parte de los ciudadanos que han sido beneficiados con estas medidas aprecian y valoran los cambios en su situación social y son votos firmes para el kirchnerismo. Ese es el camino elegido por Néstor y Cristina Kirchner, y profundizado durante la gestión de la presidenta. Ese es un voto genuino, fuerte, duradero. Pero se encuentra con la fenomenal campaña mediática de la derecha destituyente que obnubila a gran parte de la población. Es una pelea desigual en muchos sentidos. La existencia hace a la conciencia, la mejora material tiende a hacerse conciente, pero interfiere en este proceso la formidable campaña mediática. Pero a pesar de todo la única base política fuerte que tiene el kirchnerismo es el camino elegido de reformas sociales, y no sólo no debe relegarlo a un segundo lugar sino que necesita profundizarlo. El kirchnerismo necesita seguir haciendo de las reformas su política central si no quiere desaparecer del escenario político antes o después, de golpe o gradualmente.

En estos límites y contradicciones del kirchnerismo, que son los límites que impone el capitalismo a todo populismo, radican sus posibilidades de crecimiento o decadencia.

El problema general es que a la izquierda del kirchnerismo no hay ningún movimiento político que pueda reemplazarlo mejorando su política. En esas condiciones una destitución o una derrota electoral del kirchnerismo volverá a poner al país bajo un gobierno noventista, corregido y aumentado por el aumento de la crisis mundial, un escenario profundamente negativo para el desarrollo de la lucha de clases.

La ofensiva mediática de la derecha destituyente hace estragos. Pero tiene sus apoyaturas. La principal es el desconocimiento profundo de toda la población, en líneas generales, de cómo funciona realmente el mundo. Ese desconocimiento es impulsado permanentemente por el poder capitalista mundial, y se manifiesta en todos los niveles del conocimiento.

En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires podemos evaluar que hay un 50 % de la población que se ubica ideológicamente del centro para la izquierda, y otro 50 % del centro para la derecha. Pero hay otro 50 %, que se sitúa al centro, 25% del centro para la derecha y 25% del centro para la izquierda, y este último 50 % es extremadamente volátil, oscila fuertemente con todos los vientos ideológicos, es inestable, permanentemente oscilante. Es este 50 % el principal sector del electorado que produce permanentemente resultados que no se condicen con el 50 y 50 por ciento básico a derecha e izquierda.

En el “interior” del país es algo distinto. En provincias como el Chaco, en las que la obra pública, la electrificación, las reformas, se han llevado adelante con mucha profundidad, la votación a favor del FPV ha sido mayor del 50%. En otras provincias, como la de Buenos Aires, en la que gestión de Scioli dista mucho de haber aprovechado todas las posibilidades de obra pública y reforma que impulsaba el gobierno nacional, esta acción reformista ha sido mucho más débil. Los resultados electorales tienen mucho que ver con esto.

Estas combinaciones entre las gestiones gubernamentales y municipales con la política de obra pública y reformas impulsadas por el gobierno nacional son muy variadas, y sus resultados influyen profundamente en los resultados de la política central del kirchnerismo, de basar sus resultados electorales en la profundidad de estas políticas reformistas.

Si imaginamos un escenario utópico, en el cual el poder mediático, en lugar de denostar permanentemente al gobierno, hubiera difundido ampliamente todas las reformas del gobierno, los resultados electorales serían ampliamente favorables al gobierno.

La izquierda actual, en este caso el FIT, ha hecho una muy buena elección. Se puede pensar que también una parte de los votos kirchneristas se ha volcado a esta votación. El rol de la izquierda actual también pesará seguramente en el 2015. Es indudable que en primera vuelta la izquierda actual puede y debe votarse a sí misma. Pero en el caso que en el 2015 la foto de hoy se mantenga, o sea que exista el actual kirchnerismo y la derecha destituyente disputándose el ballotage, en ese caso no hay dudas que la izquierda actual debería votar impidiendo el triunfo de la derecha, es decir, debería votar por el kirchnerismo en el ballotage. Sobre esto no debería haber duda, toda la historia de la política electoral del bolchevismo así lo testimonia. Pero seguramente la izquierda actual no votará ninguna de las dos alternativas del ballotage, dado que en líneas generales las iguala como dos sectores de la burguesía, tan perjudiciales el uno como el otro para la clase obrera.

De cara al ballotage, de lo que se trata es de lograr el mejor escenario posible en el cual la clase obrera pueda desarrollar la lucha de clases. No cabe duda que de los dos escenarios posibles, es muchísimo peor el triunfo de la derecha destituyente.

El futuro del kirchnerismo, y la posibilidad de que las reformas que benefician a toda la población se profundicen y permanezcan en el tiempo, dependen en gran parte de que el propio kirchnerismo supere en alguna medida sus límites y contradicciones, y que la población en general logre diferenciar los dos escenarios posibles, el de un país gobernado por el kirchnerismo y un país gobernado por el noventismo aggiornado y exacerbado por la crisis mundial.

Carlos A. Larriera
1.11.13




[i] Ver suplemento en CASH de Página 12 del 3.11.13 los artículos Cómo, cuándo y dónde, por Claudio Scaletta y Made in Argentina, por Javier Lewkowicz para una información más detallada sobre estos temas.
[ii] Ver artículo Fuga de divisas y reservas del Banco Central, por Carlos A. Larriera, en Kaos en la Red y en el blog wwwnudosgordianos.blogspot.com.ar

También serán problemas durante la construcción del socialismo

Restricción externa (escasez de divisas), autoabastecimiento energético

También serán problemas durante la construcción del socialismo




La izquierda actual no realiza ninguna campaña política relacionada con la restricción externa, o con el autoabastecimiento de combustible y energía, o sobre la sustitución de importaciones.

No son los únicos problemas sobre los cuales la izquierda actual no reclama ni propone nada.

Es legítimo pensar que consideran  a estos temas como problemas interburgueses en los que no hay que involucrarse. Pero este argumento no cierra si tenemos, por ejemplo, el antecedente de las largas campañas que ha hecho la izquierda actual contra el pago de la deuda externa, que también puede ser considerado un problema interburgués (y en realidad lo es, como todos los otros mencionados).

Por otra  parte el marxismo, sin tomar partido por ningún sector burgués, debe no obstante estar muy atento a todas las divisiones y enfrentamientos de la burguesía local y mundial, y aprovecharlos de la mejor manera. Sin hacer esto la revolución social no podrá nunca realizarse con éxito.

Además todas las luchas por todo tipo de reivindicaciones que se realicen bajo el capitalismo serán inevitablemente luchas por reformas, precisamente por realizarse bajo la dominación del capital. La diferencia entre marxistas y reformistas es que el marxismo busca siempre la mejor reforma, la más radical, etc., y en todo momento mantiene, explica y hace pública su estrategia revolucionaria.

El problema de la restricción externa (la escasez de divisas) es una valla que hay que superar inexorablemente si se quiere que crezca la producción, el empleo, etc. Luchar por la mejor manera de superar la restricción externa bajo el capitalismo cae dentro de la lucha por reformas, pero es una lucha imprescindible. Tan imprescindible que inevitablemente continuará durante la construcción del socialismo vía revolución social,  y perdurará por mucho tiempo. En ese período lograr superar la restricción externa será vital.
La izquierda actual actúa como si realmente considerara que “mientras peor mejor”, da la impresión de que se limitara a apostar a que fracase el kirchnerismo, anunciando permanentemente el agotamiento del mismo, y pensara que en esa circunstancia automáticamente la izquierda pasaría a ser el principal referente de la clase obrera y el conjunto del pueblo. Pareciera pensar “cuando fracase definitivamente el kirchnerismo la única alternativa será la izquierda”.

La historia ha desmentido enorme cantidad de veces este tipo de pensamientos. Como ejemplo, el fracaso de la socialdemocracia alemana lo incentivó y lo aprovechó al nazismo, no la izquierda, entre otras razones porque la izquierda no cumplió su rol adecuadamente.

No tiene sentido desear que al gobierno le vaya mal, incluyendo de hecho que el problema de la restricción externa sea insostenible, que no haya autoabastecimiento energético, etc. Esto ocasionaría no solamente un deterioro en el nivel de vida de todos los trabajadores, sino una debilidad cada vez mayor del país frente al capital concentrado y centralizado (CCyC) internacional. Y si ya estuviéramos en la época de construcción del socialismo, nos encontraríamos en la necesidad de remontar una cuesta demasiado difícil, provocaría innumerables dificultades a esa construcción. ¿Dónde está el beneficio para la izquierda actual? Mejor dicho ¿Dónde está el beneficio para la clase obrera? La única respuesta posible es que la izquierda actual piensa que una destitución del gobierno, o una derrota electoral del mismo ayudaría a la izquierda a ganar la batalla ideológica contra la conciliación de clases que conlleva el peronismo o el kirchnerismo, y que de esa manera la clase obrera elevaría su conciencia hacia la independencia política de clase. La experiencia histórica dice, como pasó reiteradas veces con el peronismo, que el derrocamiento, la destitución, en este caso del peronismo, más que liberar a la clase obrera de esa falsa ideología, la aprisionó aún más, pues el peronismo se transformó en el recuerdo de una época en que mejoró notablemente el nivel de vida, y ese recuerdo es doblemente difícil de desmontar cuando el peronismo está ausente del gobierno.

Por el contrario, mientras más se apoye el crecimiento con inclusión social bajo el capitalismo, que es lo que impulsa el kirchnerismo, más fácil será explicar a los trabajadores los límites de ese crecimiento, más fácil será explicar los límites inexorables que plantea el propio capitalismo, y más potenciadas estarán las posibilidades de explicar la necesidad de la construcción del socialismo vía revolución social.

El conjunto de todos los trabajadores, la masa como un todo, aprende de la experiencia, precisamente, de masas. Mientras más se lleve adelante el crecimiento con inclusión social, más tenderá a agotarse la experiencia de la masa obrera con el kirchnerismo, al encontrarse con los límites capitalistas de este crecimiento. Para que la clase obrera eleve su conciencia es necesario que agote su experiencia con el kirchnerismo peronista, que se pueda llevar el intento de crecimiento con inclusión social a su máxima expresión posible bajo el capitalismo, de esa manera se tomará conciencia de que los límites capitalistas son infranqueables sin revolución social.

Hoy estamos frente a una inédita y extraordinaria oportunidad histórica que la izquierda actual no sólo desaprovecha, sino que en alguna medida obstaculiza, al confundir a la clase obrera poniendo un signo igual entre el kirchnerismo y el resto del capitalismo.

El kirchnerismo es un movimiento heredero de alguna manera de los ideales de la JP del ’70, que intenta sinceramente el crecimiento con inclusión social bajo el capitalismo. El objetivo central del kirchnerismo no es encorsetar a la clase obrera, como el peronismo de Perón, ni restablecer la plena dominación capitalista, como realizan muchos populismos, sino que sinceramente busca ese crecimiento. Si bien de hecho encorseta a la clase obrera y contribuye a restablecer la plena dominación capitalista, no por eso deja de ser cierto que buscar realmente ese crecimiento. Tenemos entonces un experimento histórico inigualable. Ya no es necesario explicar en abstracto los límites capitalistas del populismo. Ahora se los puede explicar con los hechos cotidianos, día por día, obstáculo capitalista tras obstáculo capitalista.

El verdadero marxismo tiene la oportunidad y la obligación de explicar paciente y perseverantemente a la clase obrera las razones capitalistas por las cuales este gobierno encuentra y encontrará a cada paso dificultades de todo tipo para lograr el crecimiento con inclusión social. Pero no se trata de explicar, y al mismo obstaculizar los intentos de crecimiento económico que impulsa el gobierno. Se trata de ayudar lo más posible a que los obstáculos que pone el capitalismo sean vencidos, uno a uno, y de la manera más radical. Y la explicación debe apoyarse en este esfuerzo llevado al máximo de sus posibilidades, porque de esa manera resaltará con absoluta claridad hasta qué punto estos límites capitalistas son insuperables sin revolución social.

De esta manera, mientras se lucha junto con los trabajadores por el máximo crecimiento con inclusión social posible bajo el capitalismo, el marxismo encontrará el escenario óptimo para explicar a los obreros los límites infranqueables del capitalismo, podrá hacerlo explicando día por día la naturaleza capitalista de los obstáculos que se presentan sucesivamente.

Carlos A. Larriera


1.11.13 

Fuga de divisas y reservas del Banco Central



La fuga de divisas ha tenido siempre como principal canal a los bancos que operan en el país. Es a través de los bancos que sus clientes, en particular los grandes empresarios, transfieren dólares a sus cuentas en bancos del exterior para lo cual aportan solamente pesos, generalmente con débito a su cuenta corriente en el banco que hace la transferencia. Normalmente los dólares no los aporta el cliente ni tampoco el banco que hace la transferencia sino que el banco debita a su cliente el equivalente en pesos, y con esos pesos compra los dólares al Banco Central para transferirlos al exterior. Es decir, los dólares se debitan de las reservas del Banco Central. Este mecanismo es conocido por todos los que transitan el mundo de los negocios, pero no por el ciudadano común. Este artículo intenta llevar al gran público el conocimiento de esta operatoria.

No solamente es conocido en el mundo de los negocios, sino que surge claramente, por ejemplo, en el Informe Final de la Comision Investigadora de la Cámara de Diputados sobre Fuga de Divisas de la Argentina durante el año 2001: [1]

“…el sector privado no financiero es el agente más dinámico de la fuga de divisas mientras el sistema financiero opera como “autopista” que vehiculiza la salida de capitales, mientras al sector público le cabe el papel de garante de dicho proceso, mediante la disponibilidad de sus reservas y la ausencia de medidas que restrinjan o limiten el drenaje de divisas.” (Informe final, Comisión Especial Investigadora de la Cámara de Diputados sobre Fuga de Divisas de la Argentina durante el año 2001¸ Buenos Aires, Siglo XXI Editores, 2005, y FLACSO). [2]

El sector privado no financiero obviamente se refiere a personas o empresas. El sistema financiero que opera como “autopista” son fundamentalmente los bancos privados. Al sector público le cabe el papel de garante de dicho proceso: [3]

Mediante la disponibilidad de divisas (las reservas del banco central disponibles para la fuga de divisas)

Y la ausencia de medidas que restrinjan o limiten el drenaje de divisas. O sea, el BCRA no ejerció en el 2001 el más mínimo control sobre esta fuga, siendo que esta fuga le reduce sus propias reservas.

Eso ha sucedido en general siempre, con mayor o menor liberalidad por parte del Banco Central.

¿Por qué razón el BCRA permite, de hecho, esta fuga de divisas? En primer lugar el mecanismo general para transferir divisas el exterior en pago de importaciones, turismo, utilidades de empresas extranjeras radicadas en el país y muchos otros rubros, es el descripto. Esto implica que la transferencia como tal no se puede prohibir. Lo que es necesario controlar es que esas transferencias respondan a operaciones autorizadas y no a fuga de divisas.

Con algunas excepciones el Banco Central es el depositario de todas las divisas que ingresan al país, por exportaciones, préstamos, inversiones de capital, etc. El Banco Central compra esos dólares a cambio de pesos, constituyéndose de esa manera sus reservas. La forma más genuina de constituir las reservas es con las divisas provenientes de las exportaciones.

Las reservas de divisas del Banco Central son necesarias, porque no puede quedar librado en forma absoluta al designio particular de personas o empresas el uso de esas divisas, dado que éstas son la única forma de pago que existe para cubrir todas las necesidades de la población de productos extranjeros.

La legislación en materia cambiaria ha cambiado muchas veces, pero en general siempre se exigió la liquidación de divisas por exportaciones, así como de otros rubros. Es decir, las empresas que exportan y cobran obviamente en divisas, generalmente dólares, deben vender esos dólares al BCRA a cambio del equivalente en pesos.

Esta política se ha mantenido en el tiempo, más allá de los cambios en la legislación. Esto significa que si los dólares se los queda el BCRA bajo la forma de reservas, evidentemente existe un concepto aceptado que debe haber una administración estatal, nacional, de las divisas. De hecho se admite que las divisas son de todos los argentinos, que su cantidad es limitada, y que su uso debe tener una racionalidad en función de las necesidades de todos los argentinos, de las necesidades “del país”. No debe olvidarse que la única forma de comprar cualquier cosa en el exterior es pagando con divisas (dólares).

Por otro lado vivimos en un sistema en que se reconoce la propiedad privada del capital, de manera que cualquiera puede hacer lo que quiera con su dinero. Entonces se plantea el interrogante, ¿Las divisas son propiedad privada del exportador, o pertenecen al estado, al banco central, a todos los argentinos? 

Aparentemente la respuesta es dual. Por el sistema penal cambiario deben liquidarse (venderse al banco central) las divisas (al menos las de las exportaciones), por la propiedad privada capitalista parecería que deberían ser del exportador.

En la práctica estos dos criterios se cruzan. Se liquidan las divisas (previa la evasión de una parte de las mismas que surge de la subfacturación de exportaciones), [4] pero se pueden fugar divisas a través de los bancos. O sea, se liquidan las divisas, y aumentan las reservas del banco central, se fugan divisas y vuelven a disminuir las reservas.

A pesar del Informe Final de la Comisión Especial de la Cámara de Diputados, la mayoría de la población desconoce estos mecanismos.

Generalmente se supone que cuando alguien lleva pesos a un banco, y este banco le transfiere los dólares equivalentes a una cuenta en el exterior, el banco en cuestión vende sus propios dólares, con lo cual toda la operación resultaría ser una transacción entre privados que no podría ser objetada.

Pero no es así. Ningún banco que realiza esa transferencia aporta sus propios dólares. El banco acredita la cuenta del cliente en dólares en el exterior pero a su vez debitando a la cuenta que ese mismo banco mantiene con el banco central, o sea debitándole los dólares al banco central. Es decir, el banco que realiza la transferencia actúa meramente como intermediario de la transferencia de dólares. La operación real es un cliente que pone pesos y el banco central que pone los dólares de sus reservas.

De hecho, el Banco Central siempre ha permitido este mecanismo, en mayor o menor medida. Habría que ver hasta qué punto hoy en día lo sigue permitiendo, y hasta qué punto las leyes y reglamentaciones vigentes lo autorizan para efectuar un control estricto. Y hasta qué punto, en todo caso este estricto control es viable en la práctica. Por otro lado todo control contará con las críticas más feroces de las grandes empresas que realizan la fuga de capitales, a quienes les hacen coro muchos pequeños ahorristas en dólares. Y mientras más estricto sea el control, mayores serán las críticas y las campañas mediáticas en contra. [5]

Como el mecanismo descripto es el habitual en todas las transferencias de divisas que se hacen al exterior, no sólo por importaciones, resulta muy difícil el control de la naturaleza de la transferencia por parte del Banco Central, porque auditar que todas las operaciones correspondan a operaciones autorizadas y no meramente a una fuga de divisas se complica mucho por la diversidad misma de estas operaciones.

Lo primero, lo más importante, lo más necesario, es que toda la población tenga bien en claro cuál es el mecanismo concreto de la fuga de divisas, saber que se realiza a la luz del día a través de los bancos que hacen de intermediarios entre el que fuga divisas, que aporta pesos, y el banco central, que permite que los dólares equivalentes se los debiten de sus reservas, reservas que son indispensables para garantizar todos los pagos al exterior necesarios e imprescindibles para que la economía del país funcione.

Carlos A. Larriera

1.11.13


[1] Los economistas Eduardo Basualdo y Matías Kulfas publicaron un extenso artículo en la revista Realidad Ecónomica nº 173, del 1.7.2000: Fuga de capitales y endeudamiento externo en la Argentina”.
[1] Claudio Scaletta comenta este Informe Final en un artículo en Página 12 del 27.10.2013 Los bancos actuaron de autopistas para la fuga de capitales en Argentina”
[1] Es usual que los exportadores declaren al Estado en su documentación de exportación un importe menor del que realmente les paga el importador del exterior. Cuando se cumplen todos los trámites de exportación y el importador del exterior efectúa el pago a través de un banco en el extranjero, normalmente se transfiere al banco de Argentina el importe declarado por el exportador, y la diferencia se deposita en una simple cuenta corriente del exportador en el extranjero perteneciente al mismo banco del exterior que hace la transferencia. Esto no es ningún secreto, es una operatoria habitual tanto de los bancos del exterior como de los bancos locales.
[1] Roberto Feletti se refirió de alguna manera a este tema en un reportaje del diario Página 12 del martes 25.9.12: Para la derecha las reservas del Banco Central son el reaseguro para dolarizar sus ganancias y fugar capitales. La decisión del Gobierno de disponer esos activos para disminuir la deuda externa o equipar sus empresas públicas los pone muy nerviosos porque pierden un mecanismo para convertir sus ganancias en moneda extranjera.”