martes, 8 de septiembre de 2015

No es fraude es el camino del golpe blando

No es fraude es el camino del golpe blando



En medio de toda la vorágine de inventos de la nada para instalar la existencia del fraude no se puede perder de vista que el verdadero eje de la situación es un ensayo de ir instalando un golpe blando.

¿Hay fraude o no? No lo hay, y aunque lo hubiera ese no sería el tema.

Antes de las elecciones en Tucumán la oposición de derecha unificada, el Acuerdo para el Bicentenario, sabía que no podía ganar, que la diferencia en votos era demasiado grande. Y ya desde antes de las elecciones comenzaron a instalar la falsa conciencia de que iba a haber fraude. La quema de urnas fue otra forma de enturbiar la elección, indirectamente de fundamentar que hubo fraude, aunque como dijo un juez electoral quema de urnas no es fraude.

Como siempre, todo está dirigido a crear una falsa conciencia en la población. No importa si lo que se dice tiene algo de verdad o es todo mentira. Lo importante es si funciona, es decir, si una buena parte de la población lo cree.

La existencia de golpes blandos es un fenómeno mundial que data de unos cuantos años. En el artículo El capital concentrado contra el proyecto de crecimiento industrial  se detallan muchos aspectos de los mismos.[1] Las llamadas “revoluciones democráticas” que promovieron la caída de la URSS y los países del Este de Europa, y que en realidad lo que hicieron fue facilitar la restauración del capitalismo en esos países, forman parte de la elaboración de estos golpes blandos. Lo mismo las llamadas “revoluciones naranja”, muchas de las cuales se hicieron para lograr que muchos países abandonaran la influencia de Rusia y pasaran a depender de EEUU. Ensayos parecidos se hicieron en lo que fue finalmente la guerra en Afganistan que desplazó a la Unión Soviética. La guerra civil en la ex-Yugoslavia incluyó muchas tácticas de estos golpes blandos, dividiendo al país en varios estados capitalistas restaurados, cada uno bajo la influencia de algún gran país imperialista, EEUU, Alemania. etc.

Una de las principales características de estos golpes blandos es que el capital internacional más concentrado, tomando nota de que no en todos los países podía derrocar regímenes o gobiernos con golpes de Estado o invasiones militares, se dedicó a desarrollar técnicas de imitación de las revoluciones democráticas auténticas. Se estudió (y se estudia) como surgen y se desarrollan las revoluciones democráticas a través de la historia contemporánea, y se implementan mecanismos para desarrollar movimientos que aparenten ser verdaderas revoluciones democráticas. Libros, manuales, todo tipo de escritos, fundaciones, ONGs., la promoción de movimientos pseudodemocráticos en distintos países, promovidos e infiltrados por miembros de estas organizaciones y servicios de inteligencia y apoyados desde la prensa hegemónica, propiedad del capital más concentrado, es hoy una realidad insoslayable.

Se puede tomar como ejemplo el caso actual de Ucrania. Al disolverse la Unión Soviética todas las repúblicas que formaban parte de ella pasaron a ser formalmente independientes. Pero al principio la mayoría seguía bajo la influencia política y económica de Rusia, algo que ésta estaba interesada en mantener. La política de EEUU y los principales poderes de Europa era por el contrario lograr que todas esas naciones pasaran a estar bajo su influencia. Golpes de estado o invasiones militares hubieran significado un enfrentamiento con Rusia de consecuencias imprevisibles. Había que inventar otras maneras de lograr que esos países dejaran de estar bajo la influencia rusa.

Los gobernantes como en el caso de Ucrania, no eran precisamente democráticos, y en general tampoco populares. Coincidían muchos factores, como el hecho de que esos pueblos en gran medida idealizaban los beneficios del mercado occidental. Promover movilizaciones “democráticas” contra gobiernos como el de Ucrania fue la estrategia de los golpes blandos. El gobierno de Ucrania, cercano a Rusia, vio surgir crecientes manifestaciones en su contra. Pero los impulsores de estas movilizaciones eran en gran medida nazis, ligados a Occidente, y avalados directamente por funcionarios de EEUU. Las movilizaciones se mezclaban con operaciones de fuerzas de choque. Los grupos se fueron armando, todo con armas y financiación de EEUU y finalmente se provocó  una guerra civil en la cual renunció el gobierno y asumió uno nuevo de composición netamente nazi. Rusia atinó a preservar la península de Crimea, en la que tenía una gran base militar y naval, esencial para su geoestrategia, mediante la convocatoria a elecciones en que el pueblo, mayoritariamente ruso, decidió pertenecer a Rusia. La masacre en Ucrania de alguna manera continúa aún hoy en día.

Esta táctica de golpes blandos genera una enorme confusión política en la población. Y también en la izquierda de todos los países en donde se aplica. Las consignas democráticas que se utilizan cautivan a mucha gente bien intencionada. Las promesas de acceder a los mercados de consumo de occidente, hábilmente mistificados, también seduce a gran parte de la población. La combinación de acciones supuestamente democráticas con acciones directamente de fuerzas de choque, de características típicamente nazis, no espanta a todos los seguidores, que no alcanzan a percibir bien qué es lo que realmente está pasando. Es característico que mezclados con las movilizaciones haya grupos organizados con el expreso propósito de provocar la represión para después acusar a los gobiernos de represores. Esto ha pasado en todos estos países, y también por ejemplo, en Venezuela. Y en alguna medida en Tucumán, aunque nada de esto justifica la represión gubernamental. De hecho especulan que al ser gobiernos capitalistas, algunos progresistas como en Venezuela, y otros muy reaccionarios como el de Ucrania pro-ruso, no se necesita mucho para hacer actuar el aparato represivo del Estado capitalista.

¿En dónde se ubica en medio de todo esto un ciudadano común, aún con cierto grado de conocimientos políticos? En gran medida en la emigración. Pero muchos de los que no emigran se dividen en los dos bandos, o se generan distintos movimientos en los que predomina la desorientación.

Todo esto es parte de la política del capital más concentrado internacional. Cuando triunfan estos falsos movimientos democráticos, los golpes blandos, se instauran invariablemente feroces dictaduras al servicio del saqueo más despiadado del gran capital mundial.

En el caso de América Latina no es cuestión de hacerle seguidismo a gobiernos como los de Venezuela, Ecuador, Bolivia, Brasil o Argentina, pero sí es imprescindible que toda política revolucionaria democrática, de defensa incondicional de los intereses del pueblo se ejerza sin hacerle el juego a estosgolpes blandos. Cómo desarrollar en la práctica esta política es una asignatura pendiente que abarca a toda la izquierda mundial, y también a la de nuestro país.

En el caso de la izquierda argentina, educada en un reformismo estructural pretendidamente disimulado con una fraseología pseudorevolucionaria, resulta muy difícil para un militante honesto sinceramente revolucionario saber qué hacer, cómo diferenciar lo verdaderamente revolucionario democrático de lo reaccionario disfrazado. La esencia de la política de los golpes blandos no es nueva en la historia, pero la dimensión que han alcanzado sus mecanismos a nivel mundial nunca se había dado antes.

Hoy, por ejemplo, es muy frecuente que la izquierda realmente existente considere toda movilización popular como progresiva, a la que es necesario apoyar. Esta concepción, que no tiene nada que ver con el socialismo científico, es característica, por ejemplo, del morenismo, de los partidos autoreivindicados trotskistas que siguieron y siguen la orientación de Nahuel Moreno. Pero no es exclusiva de estos sectores.

Para dar un solo ejemplo extremo que permite visualizar el error de esta concepción movientista acríticapodemos citar al nazismo hitleriano. Nadie puede negar su gran capacidad de movilización ni tampoco reivindicar esas movilizaciones.

Aunque no es tarea fácil, es imprescindible saber estudiar, analizar, comprender el origen material, político y económico de estas “movilizaciones”, cual es su eje, su finalidad, su sentido, etc.

No es tarea fácil, pero es un trabajo que en la izquierda real todos eluden. Y en la práctica con frecuencia participan de estas movilizaciones, haciéndole el juego a las maniobras desestabilizadoras y los ensayos de golpes blandos. Y al mismo tiempo que colaboran con la confusión generalizada, se niegan obstinadamente a estudiar científicamente estos movimientos y eluden todo compromiso de oponerse a los golpes blandos, generalmente con la excusa de que son enfrentamientos intercapitalistas.

El progresismo generalmente repudia y denuncia estos golpes blandos, pero a costa de caer en el seguidismo de los gobiernos populistas actuales de América Latina. Y hay una parte de la población, de origen progresista que cae en la trampa y se transforma en instrumento de los golpes blandos.

Teniendo en cuenta todo esto hay que analizar y tomar posición sobre lo sucedido y que sigue sucediendo en Tucumán, alrededor de las últimas elecciones.

Está claro que el eje central de los acontecimientos en relación a las elecciones en Tucumán es iniciar el camino del golpe blando, con el objetivo primario de intentar impedir el triunfo del FPV en las elecciones nacionales.

Está claro que los opositores se han reunido bajo las órdenes del capital más concentrado.

¿Hubo realmente fraude? Desde el punto de vista institucional, judicial, no hubo ninguna denuncia, no se aportó ninguna prueba. Todo fueron denuncias mediáticas y campaña antes y después de las elecciones para influenciar en la población y deslegitimar el triunfo inapelable del FPV.

Hay mucha información en los medios acerca de que la elección fue complicada por el sistema de acoples, y por otro lado que deja en evidencia que la denuncia de fraude no tenía fundamento y que su intención era invalidar una elección irremediablemente perdida. Se pueden mencionar algunos hechos significativos.

Parece probado que en la quema de urnas tuvieron que ver enfrentamientos entre fracciones electorales menores.

27 y 40 urnas quemadas sobre 3601 en toda la provincia evidentemente no afectan el resultado final electoral, no se puede hablar de fraude.

El objetivo de invalidar las elecciones se revela también en que el macrismo denunció fraude en Salta, con boleta electrónica, y en Santa Fe, con boleta única y que no hubo ninguna queja en los distritos donde triunfó la oposición

Es cierto que la elección fue complicada, hubo más de 25 mil candidatos para 345 cargos, entre gobernador y vice, 19 intendentes, 49 miembros de la Legislatura unicameral, 184 concejales y 93 comisionados rurales. Como en la provincia rige un sistema de acoples (ley de lemas) en el cuarto oscuro había 1275 combinaciones electorales, pero todo esto no tiene que ver con que haya habido fraude.

Está admitido por ambas partes que hubo cierto grado de clientelismo, pero no se sabe a ciencia cierta que dimensión tuvo.

Pero el clientelismo y distintas maniobras non sanctas en las elecciones no es nada nuevo, es practicado en mayor o menor medida por todos los partidos burgueses, gobernantes o de la oposición. Parece improbable que el FPV haya recurrido centralizadamente a estas metodologías, dado que no tenía ninguna necesidad de hacerlo teniendo en cuenta la diferencia en votos que daban las encuestas previas. En la “radio pasillo” todos sabían que iba a ganar el FPV. De ahí la campaña de la oposición para deslegitimar las elecciones y en una apuesta de máxima lograr una nueva convocatoria.

En cuanto a la represión, es absoluta y totalmente repudiable, pero hay que señalar que se produjo en el marco de la estrategia de los golpes blandos, grupos organizados buscando provocar la represión para después victimizar la movilización del conjunto y acusar al gobierno. Los titulares de La Nación y Clarín dejan bien en claro esta utilización. Un gobierno del aparato del PJ como el de Alperovich, profundamente reaccionario, no necesitaba mucho para reprimir con ferocidad.

El FPV está asociado con Alperovich. Constituye uno de las limitaciones reaccionarias de la política kirchnerista, someterse a los límites del capitalismo y la democracia burguesa, en cuyo marco resultan inevitables acuerdos con sectores más reaccionarios. Si, dentro de su política general, el kirchnerismo pudo haber evitado el acuerdo general con Alperovich es materia de discusión, pero sus lineamientos políticos generales incluyen la necesidad de acuerdos con sectores de la burguesía mucho más reaccionarios que el propio kirchnerismo “duro”. No es una justificación, es una descripción de la realidad, porque tampoco sería acertado confundir al kirchnerismo poniendo un signo igual con el “alperovicismo”.

Desde ya, este tipo de acuerdos son inadmisibles para todo socialista, aunque no se pueda renunciar en general a los acuerdos, empezando porque para un socialista está prohibido aceptar cargos ejecutivos en un gobierno de un estado capitalista, aún cuando fuera una democracia burguesa muy avanzada (en el aspecto democrático), porque sería hacerse responsable del aparato estatal represivo del estado capitalista.
Dicho sea de paso, presentarse a puestos ejecutivos (presidente, gobernador, intendente) por parte de la izquierda es una certificación más de su profundo reformismo, de su abandono del socialismo científico, agravado por las promesas electorales de realizar profundos cambios sociales si son elegidos, como si se pudiera construir el socialismo sin revolución social.

En cuanto a lo que constituye una verdadera revolución democrática y su diferencia con la ficción democrática de los golpes blandos hay mucho por decir. Cuando la insoportable realidad material que vive un pueblo lo lleva a rebelarse masivamente contra el principal poder responsable de esa situación estamos ante una revolución democrática. No actúa por manipulación ideológica sino por comprensión profunda de la situación. Cuando el pueblo en general es engañado y llevado a arremeter contra chivos expiatorios, como sucedió en el caso del nazismo y los judíos, estamos ante el verdadero poder manipulando a las masas. Las diferencias son profundas y radicales, pero hay que aprender a conocerlas y detectarlas.

Todos los que nos consideramos verdaderos socialistas tenemos la obligación inexcusable de tener una posición frente a estos desarrollos de golpes blandos, de estudiar sus características, no hacerles el juego, oponernos a su política, sin por eso dejar de criticar al kirchnerismo y movilizarse en todo lo que haya que hacerlo, proponer las alternativas que dentro de una estrategia de revolución social son aplicables en la actual situación no revolucionaria, dentro de la democracia burguesa, e impulsar en consecuencias todas las medidas y acciones que vayan en ese sentido.

Carlos A. Larriera
8.9.2015


Pueden verse todos los artículos del autor en el blog
mail: gordiangus@gmail.com, Facebook: carlos augusto larriera





[1] El capital concentrado contra el proyecto de crecimiento industrial se puede leer en Rebelión, Kaos en la red, o en el blogwwwnudosgordianos.blogspot.com en el que están todos los artículos del autor. En las notas al final del artículo se aportan datas sobre muchas de las personas, instituciones, fundación, ONGs, encargadas de promover en todo el planeta estos golpes blandos.

martes, 18 de agosto de 2015

Mini (nano) reflexiones actualizada 18.8.2015

Esta entrada se irá actualizando a medida que surjan nuevas mini (nano) reflexiones

12.10.14 Las PyMES son el krill del capitalismo.


12.10.14 Llamar kirchnerista al que reconoce alguna acción buena en el gobierno equivale a prohibir que se acepte algo bueno del gobierno.



13.10.14 El gobierno no es enteramente responsable del funcionamiento de la economía, dado que gran parte de ella es privada, oligopólica y extranjera.

18.8.2015 Se denuncia que el gobierno le debe al ANSES, al Banco Central, etc. 

Las deudas intregobierno se refinancian permanentemente. En este caso el gobierno es deudor y acreedor al mismo tiempo.

Pero toda esa deuda en el peor de los casos se reduce a déficit fiscal.

Y el deficit fiscal se elimina cobrando impuestos.

La solución de fondo es cobrarle más impuestos a los ricos, o mejor dicho, controlar la inmensa evasión fiscal de los ricos.

¿Y entonces por qué el gobierno no le cobra a los ricos o no les controla totalmente la evasión?

Porque los ricos son los dueños de la economía del país, y si intenta cobrarles le boicotean el funcionamiento de la economía.

Y ademàs cuentan con la gran mayoría de medios de comunicación (escritos, radiales y televisivos) para influenciar a la opinión pública en contra del gobierno.


lunes, 13 de julio de 2015

El cisne negro, los lectores y La Nacion



El cisne negro, los lectores y La Nación




El editorial del diario La Nación del jueves 9.7.2105 titulado “El sobrevuelo del Cisne Negro” es cuasi golpista, como lo han afirmado varios periodistas, pero no debe pensarse por eso que es un libelo desprolijo, todo lo contrario. Tiene todo el formato de una nota seria, reflexiva, analítica, con lo cual seguramente los lectores de La Nación, tanto habituales como circunstanciales tomarán en serio lo que dice, de una forma habitual y natural.


El artículo comienza diciendo que no es casual que el gobierno haya creado una división de espionaje para perseguir a quienes sean acusados de provocar corridas o producir “golpes de mercado”. El resto del artículo se dedica a “fundamentar” esta afirmación. Un formato habitual: se afirma algo y luego se lo fundamenta.  


Todo observador objetivo de la realidad argentina sabe perfectamente que las corridas bancarias, cambiarias, desabastecimientos y golpes de mercado se han provocado y utilizado permanentemente para desestabilizar a este gobierno. Pero La Nación le “informa” a sus lectores de lo contrario: “Es evidente que, en manos de una administración que ve o fabrica enemigos inexistentes”, o sea da por una verdad sabida que es el discurso del gobierno “el que fabrica esos enemigos inexistentes” (los que promueven las corridas cambiarias, etc.), con lo cual el diario logra que sus lectores nieguen la realidad de acciones desestabilizadoras que se despliega permanente ante sus ojos y crea que son creados por el discurso del gobierno, que según La Nación “a menudo sirven para ocultar la propia torpeza” y agrega “como ocurre en materia económica y financiera”, o sea los males económicos son fruto exclusivo de la política gubernamental y las acciones desestabilizadoras de la oposición no tienen nada que ver porque “no existen”. 


Es una táctica habitual desplegada en todo el planeta: movimientos desestabilizadores que ocultan su accionar diciendo que los gobiernos fabrican enemigos inexistentes para ocultar su propia torpeza. El problema que los lectores de La Nación lo creen. Provocar dicha creencia y otras más está entre los objetivos de este tipo de editoriales.


Después explican que quieren decir con Cisne negro: “cuando hablamos en este editorial del sobrevuelo de un cisne negro queremos decir que advertimos la posibilidad de un acontecimiento que altere el rumbo aparentemente tranquilo de la evolución socioeconómica”. Y describe esos posibles acontecimientos. Primero hablan de: “algún escándalo personal o de corrupción que haga imposible sostenerse a quienes ejercen el poder. Sin embargo, ya han ocurrido escándalos que en cualquier otro país hubieran obligado a un presidente a renunciar, pero aquí han sido asimilados sin producir esa consecuencia. Los hechos de corrupción han sido monumentales, obvios y profusamente difundidos, pero la Justicia no ha logrado sentencias ni encarcelamientos y la gestión de la Presidenta preserva un porcentaje significativo de aprobación. Gran parte de la sociedad argentina digiere la corrupción.” Nuevamente deforman toda la realidad, la niegan, dándole valor de verdad a algo que ellos mismos han inventado: “pero la Justicia no ha logrado sentencias ni encarcelamientos”, a pesar de que “Los hechos de corrupción han sido monumentales, obvios y profusamente difundidos”. Hechos de corrupción “monumentales, obvios y profusamente difundidos” es una afirmación sin ningún fundamento, es imposible que con todo el poder económico de la oposición, con el cuasi monopolio de todos los medios de difusión, que no hayan podido probar nada. Hoy en día es evidente el gran control de gran parte del Poder Judicial que tiene la oposición. No es casual, porque es el único que hoy por hoy pueden controlar, no así al Ejecutivo ni al Legislativo. La influencia que tiene la oposición en la Corte Suprema es hoy innegable. Han podido parar hasta ahora la aplicación de la ley de medios al holding empresario Clarín, ¿cómo puede ser que no hayan conseguido presentar ninguna prueba ante los Tribunales si se trata de que “los hechos de corrupción han sido monumentales, obvios y profusamente difundidos”?


Pero el lector de La Nación, a pesar de todo, cree en la editorial de su diario. 


Después se relatan otros posibles “acontecimientos”: “El cisne negro del que nos ocupamos aquí es una situación de pérdida de control de la conducción económica que produzca una reacción social caótica.” “Es, por ejemplo, el caso de una corrida cambiaria con su consecuente corrida bancaria que lleve a imponer un corralito de depósitos y a acentuar el cepo cambiario.” Están diciendo que esto “va a suceder”, no que ellos lo van a impulsar, como realmente están haciendo en esta editorial. Y “va a suceder” porque “se dan simultáneamente grandes distorsiones acumuladas que hacen evidente una corrección traumática de un modelo económico que ya no es sostenible”. Y seguidamente enumeran las “razones” para que con mucha probabilidad sucedan “estas corridas que llevan al corralito”, etc: Déficit fiscal, la inflación “retomará inevitablemente una tendencia alcista”, (subrayado del autor), emisión monetaria, gasto cuasifiscal que paga el gobierno por stock de letras del Banco Central, “El retraso del dólar coloca el tipo de cambio real comercial en un nivel tan bajo como el previo a la salida de la convertibilidad, “Las economías regionales están quebradas y el saldo externo comienza a ser negativo.” Y culmina: “Un cuadro como éste termina indefectiblemente en una fuerte devaluación” (subrayado del autor). 


No es que nada de esto exista, pero lo que existe está agrandado y deformado, y sigue una hilación que no necesariamente se tiene que dar en la realidad. La emisión monetaria está probado científica y estadísticamente, en los hechos, que no produce inflación por sí misma. El déficit fiscal, el gasto cuasifiscal, las dificultades fiscales de las provincias, es una cuestión precisamente fiscal, es decir, la diferencia entre lo que se recauda en impuestos y los gastos del Estado. Hace falta una reforma impositiva que les cobre impuestos a estos conglomerados, evitando al extremo todo tipo de evasión impositiva. Es una solución sencilla, cobrando los impuestos habituales que se cobran en los principales países del mundo sobraría recaudación para eliminar todo déficit fiscal. Obviamente la oposición política al gobierno, que está formada por los conglomerados (holdings) empresarios en su mayoría multinacionales, no quiere ni oír hablar de esto, y hace y hará todo lo posible para evitar toda reforma tributaria que aumente la carga impositiva sobre ellos. No es fácil para el gobierno realizar una reforma tributaria realmente progresiva, pero los mismos que se quejan del déficit fiscal son los que hacen y harán todo lo posible para que no se produzca esta reforma, para seguir pagando impuestos lo menos posible y evadir todo lo puedan evadir. Obviamente esto está invisibilizado a los lectores de La Nación, mientras el editorial responsabiliza al gobierno de todo déficit fiscal. La inflación es provocada principalmente por estos holdings empresarios opositores porque la economía del país en el 2001 ya había sido concentrada y extranjerizada y hoy la mayoría de los sectores productivos, comerciales, bancarios y financieros son oligopolios, que en el caso de las cadenas productivas y comerciales suben los precios por decisión unilateral. El retraso cambiario tiene también que ver con la inflación. La oposición al gobierno, los holdings empresarios internacionales, son los que no pagan impuestos, elevan los precios unilateralmente, no ingresan las divisas y además las fugan, y al mismo tiempo acusan al gobierno de todos estos males. Acá viene a cuento la frase “el mejor truco del diablo es hacerle creer a la gente que no existe”. Es el truco de estos conglomerados: provocar las penurias económicas e invisibilizarse acusando al gobierno de provocarlas. Finalmente dicen: “Un cuadro como éste termina indefectiblemente en una fuerte devaluación”. Alegan que se necesitaría una devaluación por el retraso cambiario, y este tiene que ver con la inflación. Además la devaluación agravaría el problema y disminuiría los ingresos de la mayoría de la población. Eliminando el principal factor que genera inflación, la oligopolización y extranjerización de la economía, el problema inflacionario sería mucho más manejable. Una reforma impositiva progresiva y la aplicación práctica sobre los grandes capitales eliminaría sustancialmente el déficit fiscal. Hacer todo esto no es fácil, pero lo que interesa señalar es que los mismos que provocan inflación y déficit fiscal son los que denuncian al gobierno por estos males y piden devaluación.


Pero falta la segunda parte de la editorial, que se dedica a amenazar a este gobierno y al siguiente, si se produce una continuidad. “Ésta [la devaluación] será tanto más incontrolable cuanto menor sea la confianza que despierte el gobierno que surja de las próximas elecciones. El extremo de la caída de confianza ocurriría si quien venga pretendiera seguir con el "modelo".” O sea, seguir con el “modelo” genera desconfianza, y la desconfianza acelera la crisis. Y advierte al próximo gobierno que no se le ocurra seguir con el “modelo”. O sea, también intenta asustar a Scioli, como el mismo diario intento asustar, sin éxito, a Néstor Kirchner al asumir el gobierno. 


Y la tercera parte es la bajada de línea a los lectores para que impulsen la crisis: “Pero hay un hecho objetivo: cualquiera sea el pronóstico electoral, habrá devaluación. A medida que se aproxime la fecha del 10 de diciembre, para retener pesos argentinos se exigirá una tasa nominal de interés creciente. Cuando sólo falten 30 días no habrá tasa de interés en un plazo fijo que compense la magnitud pronosticada de una devaluación. Entre hoy y el 10 de noviembre veremos una creciente tendencia a desprenderse de los pesos para transformarlos en bienes o en dólares. Esto presionará sobre los precios y sobre la brecha cambiaria. La gente y las empresas querrán desprenderse más rápidamente de la moneda argentina, aumentando su velocidad de circulación. El efecto será equivalente al de mayor emisión, redoblando el impacto inflacionario.” O sea: la devaluación es inexorable, la gente correrá a comprar dólares, no se quede estimado lector ¡compre dólares! antes que sea tarde. Dado que la corrida es inexorable, apresúrese a participar de ella en primera fila. 


Y finalmente, para certificar que es un artículo serio, después de haber “probado” todos estos “pronósticos”, da por “fundamentado” que la recién creada “división de espionaje” fue creada para realizar una caza de brujas a los “inexistentes enemigos” que dice el gobierno que provocarían las corridas bancarias, etc.


“Éste es el cisne negro que revolotea sobre nosotros. También el Gobierno parece estar mirándolo. No es casual que haya creado una división de espionaje para identificar y perseguir a quienes sean acusados de provocar corridas o producir un "golpe de mercado".

“Preparémonos para observar una caza de brujas que busque preservar electoralmente a un gobierno que mucho ha aprendido de Joseph Goebbels…”


El problema es que el lector de La Nación tomará este artículo seriamente, creerá todo lo que dice, y se aprestará, seguramente, a proveerse de dólares lo antes posible. Creerá que se viene la crisis, que todo explota, etc., y actuará en consecuencia. Tal vez no actúe inmediatamente, pero este tipo de editoriales está destinado a ir creando la falsa conciencia de que se viene la catástrofe, y de esa manera lograr que sus “pronósticos” se conviertan en realidad, la llamada profecía autocumplida. 


Pero no sólo los lectores de La Nación se verán afectados, sino todos aquellos que si bien  no leen La Nación, pertenecen a círculos sociales, laborales, deportivos, en los que sí hay lectores de La Nación, que transmitirán “su” visión de la situación del país, tomada directamente de este tipo de editoriales. En muchos ambientes está instalado el tipo de discurso de esta editorial, e inclusive está tácitamente prohibido opinar diferente, so pena de “dejar de pertenecer”. Para esos ambientes son verdades indiscutibles. Como diría Mirtha Legrand: “todo el mundo lo dice, la gente lo dice”.


Carlos A. Larriera


13.07.2015

lunes, 1 de junio de 2015

¿Es auténtico el discurso del kirchnerismo?

¿Es auténtico el discurso del kirchnerismo?




En el artículo La amnesia electoral del 2015, de Claudio Katz, se realiza, entre otras cosas, un análisis del kirchnerismo que refleja de alguna manera, las posiciones políticas del FIT y otras organizaciones de izquierda.

 “Se vota mucho y se debate poco”, dice, por ejemplo. Es injusto incluir al kirchnerismo en esta falta de debate. Se identifica al kirchnerismo con Scioli, lo que no registra la realidad, porque Scioli no responde a la política real ni a la ideología del FPV. Este frente lo tolera porque considera, equivocado o no, que una ruptura con Scioli es demasiado riesgo frente a la oposición noventista destituyente.

Néstor, Cristina, Kicillof y todos los kirchneristas puros son los que más debate han planteado. La falta de respuesta de la oposición no amerita responsabilizar al FPV por esta ausencia. La que no debate y no puede debatir porque sus posiciones son impresentables es la oposición. Para debatir se necesitan dos.

Nunca desde el gobierno se han dicho tantas verdades sobre el capital concentrado internacional, aunque estén sesgadas por su propia visión política. Y la elevación de la conciencia a que esto ayuda no es menor. Esto no niega que la ideología kirchnerista al predicar la conciliación de clases corrompe por ese lado las conciencias. Una cosa no quita la otra. La realidad es contradictoria y dialéctica.

Un problema histórico que tiene la izquierda trotskista realmente existente y en general, todos los sectores de izquierda que se reivindican revolucionarios, aunque en los hechos sean clara e indiscutiblemente reformistas, es que se siente obligada a denunciar que todo gobierno burgués es malo y su función es favorecer al capital y someter cada vez más a los trabajadores. Si bien esta es una verdad general, resulta irracional y reaccionario poner un signo igual en la política de todos los gobiernos burgueses. Son iguales porque son burgueses pero su política concreta difiere mucho. No se puede comparar la dictadura del ’76 con el gobierno de Alfonsín, por ejemplo, si bien los dos gobiernos defienden a la burguesía y engañan al pueblo. Esta verdad elemental es desconocida por la izquierda. Si bien tratándose de la dictadura militar aceptan de palabra esta diferencia, hacen lo contrario entre dos gobiernos democrático burgueses. Peor aún, a toda acción de gobierno aparentemente buena buscan encontrarle la trampa, el engaño deliberado, la acción contra el pueblo que esconde una medida presentada como progresista. Pero esto se contradice ridículamente contra los reclamos permanentes de esta izquierda. Reclaman pleno empleo, salarios lo más altos posibles, empresas capitalistas que no busquen la máxima ganancia o empresas del estado que se arreglen solas sin asociarse con empresas capitalistas, como es en el caso de YPF, etc. En definitiva reclaman un gobierno capitalista que cumpla la función de un gobierno socialista que ha llegado a su máxima construcción, pero por otro lado no hablan nunca de llegar por vía de la revolución social, sino meramente a través de elecciones burguesas. Ellos mismos prometen que en caso de ganar las elecciones serán los que ejecutarán desde el gobierno (que será inevitablemente de democracia burguesa aunque estén ellos) esa política de socialismo consolidado. Esto también es una forma de engañar al pueblo. Y es un engaño mayor, profundamente destructivo.

Una diferencia fundamental entre un gobierno burgués progresista y uno marcadamente de derecha es la ampliación de la democracia. Si bien sigue siendo democracia burguesa, un marco en que se goce de las mayores libertades democráticas es el único en el que se puede ampliar la lucha de clases. Y esa ampliación de la lucha de clases es la que permite la elevación de la conciencia del proletariado desde la confianza en la democracia burguesa hacia el convencimiento que sin revolución democrática, expropiación del capital y construcción del socialismo no hay bienestar pleno posible para el pueblo, no hay verdadero crecimiento, etc.
La ignorancia de este punto fundamental es coherente con la naturaleza de la izquierda actual. Al ser irreductiblemente reformista ignora absolutamente la necesidad de revolución democrática, único camino posible hacia la revolución socialista, y por lo tanto los avances democráticos, la posibilidad del más pleno despliegue de la lucha de clases, no es tenido en cuenta.

Se podrá alegar que la revolución democrática surge, como en 1905 y febrero de 1917 en Rusia cuando el pueblo se rebela contra un régimen de opresión extrema. Pero se olvida que esto es sólo el comienzo de la revolución democrática, que se da en algunos casos. Pero el desarrollo de la revolución democrática durante el cual la clase obrera agota su experiencia con la democracia burguesa es posterior, inevitablemente. Y es durante este desarrollo que la irrupción de estallidos democráticos terminan atrapados en la democracia burguesa y no pueden superarla. Sólo el período de febrero a octubre de 1917 en Rusia, pudo superar la democracia burguesa gracias a la política del partido bolchevique. Pero no hay hoy nada parecido al partido bolchevique en ningún país. Y el período febrero a octubre, en el sentido de agotar la experiencia con la democracia burguesa se vive hoy en el mundo durante los gobiernos populistas progresistas. Estos gobiernos prometen un gobierno realmente del pueblo, pero nunca lo logran y son finalmente reemplazados por gobiernos más reaccionarios. La razón fundamental es que niegan la revolución democrática y pretenden el bienestar del pueblo manteniéndose dentro de la democracia burguesa y la conciliación de clases. En eso consistió la lucha política, con las especificidades del caso, dentro de las cuales no es menor la situación revolucionaria que se vivía, entre la política revolucionaria del bolchevismo, y la conservadora de los mencheviques y todo el resto de los demócratas burgueses. Ese período es inevitable, sea en una situación revolucionaria como en Rusia, o en situación de radicalización relativa de las masas como sucede durante los populismos progresistas.

Que las masas tomen conciencia generalizada de las limitaciones insalvables de la democracia burguesa es indispensable para pasar de la revolución democrática a la socialista. Y esa conciencia sólo puede provenir de la observación y participación en una y mil situaciones de la debilidad insuperable de la democracia burguesa frente al capital.

Este gobierno es un gobierno que lleva a la práctica la ideología de la Juventud Peronista de los ’70. La ideología del conjunto de la JP, mucho más amplia y democrática que la específica de los montoneros, que fueron sólo una parte de la JP.

Es una experiencia inédita en la historia, no sólo de la Argentina, sino del mundo. El intento del kirchnerismo es indudablemente sincero y consecuente, dentro de los límites de su propia política burguesa.

Negar esto es negar que una parte de la clase media, radicalizada, al acceder al gobierno por elecciones democrático burguesas, no pueda intentar llevar su concepción política a la práctica. Esto es lo que ha hecho y sigue haciendo el kirchnerismo. No hay malas intenciones ni trampas en su parte más genuina. La mezcla de medidas progresistas con consecuencias pro-burguesas y antiobreras no surgen de su propia planificación sino de las leyes inherentes del capitalismo.

Negar esto es negar la política en general. Nadie nace socialista. Sólo se llega a la convicción socialista por experiencia de masas la mayoría y por estudios una ínfima minoría. Lo que implica que sin experiencia de masas la conciencia generalizada del pueblo no puede elevarse.

Pretender que un gobierno es conciente y deliberadamente antiobrero por el sólo hecho de creer en que todo se puede cambiar para mejor bajo los límites de la democracia burguesa es negar la lucha política. Toda la población cree en la democracia burguesa, la radicalización ideológica de las masas no puede realizarse salteando la confianza en la democracia burguesa. Sería algo así como nacer socialista. De la misma manera los socialistas no pueden llevar adelante una verdadera lucha democrática, su primer deber político con el pueblo, sin luchar codo a codo con la inmensa mayoría que cree en la democracia burguesa. Es lo que hizo el bolchevismo durante toda su trayectoria, y en particular de febrero a octubre de 1917.

Decir que los kircheneristas son antiobreros y “vengan con nosotros que somos los auténticos luchadores” es un sectarismo que no tiene nada que ver con el marxismo. Es el reformismo en su versión sectaria y ultraizquierdista, uno de los aspectos de la enfermedad infantil del comunismo.

Se puede y se debe criticar al gobierno, desnudar todas las contradicciones que tiene su política, denunciar en qué medida favorece a la burguesía perjudicando al pueblo, se puede y debe hacer reivindicando las buenas intenciones, la ilusión democráticoburguesa del kirchnerismo, que es la misma de la mayoría abrumadora del pueblo, ampliamente difundida en la clase media, explicar que las leyes inherentes del capitalismo terminan imponiéndose a pesar de todas las ilusiones del kirchnerismo, en lugar de adjudicar al gobierno siniestras maquinaciones antiobreras.

Que el gobierno tiene buenas intenciones es innegable para cualquiera que observe la realidad serenamente y sin prejuicios. La profundidad de las reformas llevadas adelante va mucho más allá de lo que serían medidas populistas destinadas únicamente a engañar al pueblo. Cualquier ejemplo sirve, tomemos algo aparentemente muy menor, que todos los estudiantes primarios y secundarios tengan netbook implica un acceso al conocimiento y a la comunicación entre jóvenes que está muy lejos de la política de la burguesía de basarse en la ignorancia del pueblo para perpetuar su dominación.

La izquierda actual reclama permanentemente por medidas como aumento de sueldos, condiciones de trabajo, etc., que son inevitablemente reformas, medidas a tomarse bajo el capitalismo. Se le reclama al gobierno que logre que los capitalistas paguen los mejores sueldos, etc. En última instancia se le está pidiendo a la burguesía que sea lo que no es. Y se le hace creer al pueblo que la burguesía puede ser lo que no es, puede otorgar, por ejemplo, altos niveles salariales sin dejar de ser burguesía. Niega al gobierno por capitalista, pero le pide las más amplias reformas. No dice que la única posibilidad de lograrlo realmente es vía revolución social. Hay que reclamar reformas, pero es imprescindible decir que su logro pleno es imposible bajo la democracia burguesa. La izquierda actual hace lo opuesto, implícitamente afirma que bajo la democracia burguesa, es decir, bajo la dictadura del capitalismo bajo formas democrático burguesas, se pueden satisfacer plenamente todos los reclamos salariales, de condiciones de trabajo, etc.

Critican al capitalismo, denuncian al gobierno por capitalista, pero toda su política es pedirle, reclamarle al capitalismo, dando a entender que es posible que el capital acceda a todas las demandas sociales, cuando el capital existe en base a la explotación social, precisamente.

Critican las medidas progresistas del gobierno porque son sólo reformas, pero su política es reclamar continuamente reformas.

Hay que luchar por reformas. Lenin decía que la lucha por reformas es demasiado importante como para dejarla en manos de los reformistas. Pero luchar por reformas significa luchar por medidas bajo el capitalismo. Y esto implica que los reformistas lucharán, a su manera, por muchas de esas reformas. ¿Cómo llevar adelante esa lucha sin unidad de acción con los reformistas? Y si se necesita además el apoyo de la mayoría del pueblo para que la reforma finalmente se produzca, ¿cómo evitar que la reforma que realmente se logre en un momento dado sea todo lo imperfecta que el conjunto de la población esté de acuerdo en un momento dado?

Por más radical que sea una reforma, siempre tendrá los límites de realizarse dentro de los marcos del capitalismo.

Claudio Katz es un economista de izquierda muy respetado, independiente de cualquier estructura partidaria, por eso resulta muy interesante ver como no puede escapar a la autoobligación que se impone la izquierda de ver malas intenciones y conspiraciones en todas las medidas de cualquier gobierno democrático burgués. Cabe suponer que entenderá que admitir buenas intenciones en el gobierno es traicionar a la clase obrera y pasarse al lado de la burguesía. Y esta restricción lo lleva a un laberinto de contradicciones insalvables.

“Sólo se disputa quién comandará el giro conservador”, le adjudica al gobierno el mismo plan básico que Macri o Massa. Que llegado el caso el gobierno no pueda evitar con su política un giro conservador no quiere decir que lo planifique ni que esa sea su estrategia. Este es un punto central que atraviesa todo el escrito de Katz y está presente en todas las críticas de la izquierda actual: ¿tiene el kirchnerismo planes “neoliberales” o no puede evitar la lógica del capitalismo a pesar de sus buenas intenciones? La diferencia no es menor.

La campaña en curso consagra, además, la primacía del palabrerío vacío.” El discurso de Cristina y el núcleo duro del kirchnerismo no es palabrerío vacío. Se podrá estar de acuerdo o no, pero nunca ningún gobierno planteó tan directa y claramente su visión de los problemas nacionales e internacionales y su política para enfrentarlos. Por supuesto, si se reduce el kirchnerismo a Scioli sí se podría hablar de palabrerío vacío, a pesar de que Scioli en los últimos tiempos intenta una fraseología afín al FPV “puro”.

“Los publicistas del gobierno compensan este vacío con el principal mensaje de la campaña: defender lo conquistado contra el regreso a los 90.” El gobierno fundamenta su posición extensamente. Esta frase es una frase de campaña, es agitación, recurso legítimo y obligatorio para defender una política determinada, que resume en gran parte su política, pero esta frase está respaldada por sinnúmero de explicaciones desde Cristina pasando por muchos de sus ministros, por los militantes, por comentaristas afines, etc. Esto no existe en Scioli, ni en Massa, ni en Macri. Pero se debe a que la oposición noventista no puede explicar su posición por impresentable.

Lejos de representar una batalla de la “aristocracia obrera” en desmedro de la mayoría laboriosa, la lucha contra ese impuesto estimula la acción de todos oprimidos.” Se refiere al paro contra el impuesto de “ganancias” al salario. Obviamente que debe lucharse contra el impuesto de ganancias al salario, el salario no es ganancia. Pero decir que “estimula la acción de todos los oprimidos” se aleja de la realidad. Una parte considerable de los oprimidos ha sido beneficiado de una u otra manera por las reformas llevadas a cabo por el gobierno, y en buena medida lo apoya. Es innegable que un impuesto injusto e inadmisible, pero que afecta al 10% mejor remunerado de los asalariados no estimula ni puede estimular en forma sustancial la acción de los oprimidos. Es tan evidente que es innecesario insistir mucho sobre el tema. Lo llamativo es que un intelectual como Katz haga esa apreciación. No puede sino pensarse que es un intento de conciliar sus posiciones con las acciones concretas de la izquierda actual. Justamente esa necesidad conciliatoria es lo llamativo. El paro no fue como consecuencia de la presión de las bases, no fueron ejes de la convocatoria ni aumento de salarios ni lucha contra los despidos dada la importante recuperación del salario y la disminución de la desocupación. Un paro general es una medida dura y difícil de llevar a cabo bajo un gobierno reaccionario. El pueblo lo piensa muy bien antes de hacerlo. Este gobierno es el que menos ha reprimido la protesta social, y esta facilidad, entre otras cosas, es la aprovechada por la burocracia sindical y la izquierda actual para hacerlo. Pero no es una expresión de un descontento generalizado en los trabajadores.

Este tipo de distorsionadas apreciaciones de la realidad confunde al pueblo y plantea un escenario que no se condice con la realidad. Y a partir de ahí es difícil elevar la conciencia general y elaborar una política desde una perspectiva verdaderamente revolucionaria.

“En lo inmediato el voto a la izquierda es un mandato de resistencia contra los atropellos que sobrevendrán y este dato constituye el principal argumento para apuntalar al FIT.” Votar a la izquierda por los atropellos que sobrevendrán. Se hace un pronóstico, se supone que se cumplirá y se anticipan acciones como si el pronóstico fuera un hecho consumado. Pronosticar y anticipar es obligatorio y necesario, pero efectuar acciones como si el pronóstico fuera un hecho ya consumado es alejarse de la realidad, es política ficción.

Apoyar al FIT por si acaso los pronósticos se cumplen. Pero hay que apoyar al FIT si su política en general es adecuada, y esto no es así, el FIT ha demostrado irrefutablemente una política reformista que a esta altura es imposible que modifique. Unidad de acción con el FIT en algunas circunstancias, por supuesto. Pero integrarlo, someterse a su conducción, es renunciar a toda política revolucionaria.
¿El simple hecho de que el FIT se defina de izquierda amerita votarlo?

En la parte central del artículo Katz hace afirmaciones como que “El progresismo K ya bajó las banderas”. Digamos que si bajó las banderas es porque las tuvo. Aquí implícitamente reconoce que el gobierno tuvo intenciones progresistas, y por lo tanto que no es lo mismo que Massa o Macri. Pero todavía no está demostrado que las haya abandonado.

Pero el verdadero problema no radica en quién será el ganador, sino cómo enfrentará el turbulento escenario económico-social en ciernes.” Y más adelante: “A diferencia de lo ocurrido durante el ocaso de Alfonsín o Menen, nadie espera un gran colapso económico. El desequilibrio fiscal es acotado, los bancos están equilibrados y el cuadro internacional es aún manejable.” La contradicción es evidente por sí sola. Se mezcla la necesidad de emitir pronósticos condenatorios del kirchnerismo con un análisis objetivo de la economía. Una posición “averroísta” de Katz.[1]

La posibilidad de un próximo turbulento escenario económico-social siempre está presente. Pero algo que habría que tener en cuenta en el análisis es si se deberá principalmente a la política del gobierno o a la de la oposición.

Poner un signo igual entre la política económico-social del gobierno y la de la oposición impide estudiar y analizar estas diferencias, que son fundamentales para entender la actual situación socio-económico-política.

Pero lo más importante es el gran movimiento social que ha surgido con el kirchnerismo cuyo eje principal es buscar el mejoramiento de las condiciones de vida de los 40 millones de argentinos. Aunque el gobierno no fuera sincero y todo su discurso fuera solamente para engañar a la gente, el surgimiento masivo de este movimiento social implica la obligación de establecer unidad de acción en cuanto realicen acciones progresivas, al mismo tiempo que mientras se lucha para superar todas las dificultades que se presentan se ayude al conjunto del pueblo a tomar conciencia de las limitaciones insalvables de la democracia burguesa.

Se puede poner en duda la sinceridad del gobierno, aunque hay pruebas sobradas de su autenticidad, pero es irse totalmente de la realidad adjudicar esa falta de sinceridad al inmenso movimiento que ha generado el kirchnerismo a favor del “crecimiento con inclusión social”.

La verdadera tarea del socialismo bajo la democracia burguesa es justamente luchar junto al pueblo contra todos los males del capitalismo y al mismo tiempo ayudar de todas las maneras posibles para la elevación de la conciencia de las masas.

Carlos A. Larriera

31.5.15




[1] Averroes fue un filósofo árabe nacido en el Asia Menor, cuyas ideas pasaron a través de España a Europa en el período de transición de la Edad Media al Renacimiento. Planteaba que había que aceptar la verdad del Evangelio por un lado, y la verdad de la ciencia por el otro, sin confrontar las dos. Era una forma de permitirse acompañar los avances de la ciencia en ese momento sin cuestionar el catolicismo.