viernes, 16 de junio de 2017

Distinguir populismos progresistas de movimientos fascistas

Distinguir populismos progresistas de movimientos fascistas

Movilización sábado despedida de Cristina Fernandez de Kirchner diciembre 2015

Hoy en día hay una gran confusión que tiene que ver con las movilizaciones de protesta, los reclamos de renuncias de presidentes, y otras cuestiones relacionadas.

En primer lugar hay que tener en cuenta que hay dos clases sociales bien definidas, más una clase media heterogénea que sigue al que tenga más fuerza en cada momento de la situación política, económica y social.

Con esto queremos decir que hay solamente dos políticas fundamentales, la de la burguesía, sobre todo la gran burguesía y la de la clase obrera. Todo el resto son posiciones intermedias que se acercan a una u otra. Esto en cuanto a tener objetividad acerca de a qué responden las distintas ideologías y posiciones políticas concretas.

En las últimas décadas se ha desarrollado la política de los llamados golpes blandos[1], sistematizados por el ideólogo Gene Sharp[2], y llevados adelante principalmente por la política exterior de EE.UU., junto al resto del capital concentrado y centralizado internacional (CCy CI). Se basa fundamentalmente en tomar muchos aspectos de las auténticas movilizaciones democráticas y revolucionarias, imitándolos falsamente e introduciendo elementos fascistas que favorecen sus verdaderos fines.

Para muchos se trata de legítimas protestas en las que participan ingenuamente, hasta que los resultados, esto es el acceso al poder de un gobierno de ultraderecha, fascista o semifascista, ultrarepresivo y antipueblo los hace arrepentirse. Para entonces el primer objetivo de los golpes blandos se habrá cumplido, derrocar a gobiernos progresistas que obstaculizan la concreción irrestricta de los intereses del CCyCI.

Pero no es solamente la falsa imitación de auténticas movilizaciones democráticas, sino que también introducen fuerzas de choque, como las guarimbas venezolanas, que realizan acciones violentas destinadas a crear un clima de caos en el país de turno, y provocar la represión del gobierno que quieren derrocar, para acusarlo, precisamente, de represor y aumentar progresivamente el clima destituyente.
No se trata de que los gobiernos progresistas no repriman en alguna medida, pero es  en lo esencial una actitud defensiva frente a estos movimientos con características claramente fascistas. Ocurre que, usualmente, estos gobiernos progresistas se manejan dentro del estado capitalista y la respuesta a la ofensiva destituyente utiliza siempre, en mayor o menor medida, los métodos capitalistas de responder a los disturbios sociales.

Parte de estos golpes blandos son las revoluciones naranjas, una de las últimas la acaecida en Ucrania, que dio lugar a un gobierno fascista y a muchos que participaron que hoy están arrepentidos.

Un ejemplo más actual es lo que está ocurriendo en Venezuela.

Los golpes blandos tienen distintas características, y se adaptan a la situación política de cada país.

Los nazis producían grandes movilizaciones de masas, pero eso no impedía que fueran profundamente reaccionarias.

Hay tradiciones en la izquierda, que asignan a toda movilización un carácter progresista y hasta revolucionario. Pero no es así y es fundamental que todos los partidos de izquierda y progresistas y el pueblo en general, tengan clara la diferencia entre uno y otro.

Para esto es imprescindible aprender a discernir la orientación objetiva de cada movilización, y a qué clase social responden. En los tiempos que corren esto se ha vuelto una necesidad imperiosa.

Las movilizaciones y en general todo tipo de luchas verdaderamente democráticas son generadas esencialmente por necesidades del pueblo no satisfechas, como condiciones de vida, libertades democráticas y otras. Y se basan en una conciencia cada vez más clara de la realidad, del rol antipueblo de determinado gobierno, etc.

Las movilizaciones fascistas, las de los golpes blandos, también se basan, en alguna medida, en las necesidades populares pero fundamentalmente, en la desesperación irracional frente a la insatisfacción de esas necesidades, fabricando un chivo expiatorio como los judíos en el nazismo. Unas son auténticas, basadas en una conciencia creciente del papel que tienen cada uno los partidos y del gobierno. En las otras, las derechas (representantes políticos del CCyCI) aprovechan la desesperación popular, la ignorancia, engañan al pueblo y lo utilizan empujándolo a movilizaciones irracionales como las de los nazis contra los judíos. Nunca hubo una prueba concreta de que los judíos eran los causantes de la crisis económica alemana. Tampoco hay ninguna prueba de que en el gobierno anterior de nuestro país “se robaron todo”. Pero, por ejemplo, a Cristina Fernández de Kirchner muchos la insultan, la llaman chorra, etc. Con los judíos en la Alemania nazi, salvando las distancias, pasaba algo similar.

Pero hoy la política de los golpes blandos se ha sofisticado, perfeccionado y responde a organizaciones internacionales del CCyCI y no solamente a la política interna de cada país en particular.

Una necesidad imperiosa de la hora actual es saber diferenciar a unos y a otros.

Carlos A. Larriera
13.6.2017



[1] Golpes blandos, la nueva tendencia en la región, Santiago O’Donnell, Página 12, 1.9.2016,
[2] Según el documentalista Ruaridh Arrow “el doctor Gene Sharp propone 198 técnicas para su estrategia de una revolución no violenta. Sharp es el experto en revoluciones no violentas más famoso del mundo. Su obra ha sido traducida a más de treinta idiomas.”

lunes, 12 de junio de 2017

La izquierda actual y el gran capital concentrado y centralizado mundial

La izquierda actual y el gran capital concentrado y centralizado mundial

guarimberos con máscaras y equipo

En general la izquierda actual no incorpora a sus análisis la ofensiva internacional del gran capital concentrado y centralizado mundial (CCyCI).

Esta ofensiva se realiza de distintas maneras: con la guerra invadiendo otros países a sangre y fuego y con los golpes blandos, fundamentalmente, entre otras.

En nuestro país (y probablemente en el mundo) la izquierda autodenominada[1] revolucionaria hace eje en la afirmación de que todos los gobiernos (dictadura militar, neoliberalismo, populismo) son igualmente capitalistas y entre el neoliberalismo y el populismo considera que las diferencias son solamente de matices[2], como en el caso del macrismo y el kirchnerismo en el ballotage.

Que todos son gobiernos capitalistas, es cierto; y que hay que explicarlo y denunciarlo permanentemente, también. Pero dentro del capitalismo, poner un signo igual entre estos diferentes tipos de gobierno no tiene nada que ver con el marxismo. Los bolcheviques llevaban adelante  muchas veces la unidad de acción, incluso a veces en las elecciones, con los partidos pequeñoburgueses, como los trudoviques y los socialistas revolucionarios. Eso lo consideraban muchas veces inevitable, porque no se podía avanzar sin tener que hacer acuerdos a cada rato con distintos partidos. Pero siempre votaron en contra de los kadetes, el partido liberal burgués, que lo único que buscaba era ampliar su libertad de acción, obtener reformas democráticas pero manteniendo el poder del zarismo, con el fin de lograr la libre movilidad para el capital. Pero cuidándose permanentemente de no dejar espacios para el proletariado y el conjunto del pueblo trabajador. Los bolcheviques combatían permanentemente el falso discurso democrático de los kadetes, aclarándole siempre a las masas acerca de la naturaleza y los objetivos ese falso discurso.

Una sola vez, cuando la alternativa del triunfo de las centurias negras era muy probable, aceptaron un frente electoral con los kadetes, sin dejar de criticarlos. El argumento bolchevique era que, bajo un gobierno kadete, el marco político iba a ser más laxo que bajo las centurias negras, lo que permitiría un mayor desarrollo de la lucha de clases.[3]

Todo esto para señalar que Lenin explicaba permanentemente las diferencias de clase y las políticas que de allí se derivan de cada uno de los partidos burgueses y pequeño burgueses, para que el proletariado conociera perfectamente su funcionamiento y supiera adoptar las tácticas más apropiados para aumentar la democracia y avanzar hacia el desarrollo de las posibilidades revolucionarias.

La izquierda actual se limita a señalar que son todos capitalistas, que las diferencias son de matices que, por consiguiente, no hay que votarlos nunca, cualquiera que sea la coyuntura, poniendo prácticamente un signo igual, absoluto, entre los distintos tipos de gobierno capitalista. Y de esa manera, no toman como guía las caracterizaciones de Lenin y no piensan en garantizar permanentemente el mejor marco para desarrollar la lucha de clases.

Pero el daño que hacen a la conciencia de las masas va mucho más allá de las coyunturas electorales. El no distinguir las diferentes políticas burguesas de todos y cada uno de los partidos impide que el proletariado cuente con elementos suficientes para orientar su política.

Muchos socialistas actuales acusan al gobierno venezolano de represor y a muchos izquierdistas de encubrir estos hechos con fraseología cuasi marxista, de caer en la falsa caracterización de que el gobierno venezolano es revolucionario y socialista.[4]

Es cierto que la fidelidad al marxismo de estos socialistas es, por lo menos, muy dudosa.

Que el gobierno de Nicolás Maduro reprime, también es cierto. La pregunta acerca del grado y la estrategia de la represión y el verdadero carácter de la misma del gobierno de Maduro, es difícil de responder con precisión contando, solamente, con las informaciones de los diarios burgueses, progresistas y de izquierda.[5]

El tema es que los partidos de izquierda no registran la ofensiva destituyente, golpista, del capital concentrado internacional y local contra el gobierno de Nicolás Maduro. Si esta perspectiva no se tiene en cuenta, es inevitable caer en caracterizaciones equivocadas y tampoco se puede evitar hacerle el juego a estos golpes blandos en curso.

No se trata de no decir que el gobierno de Maduro es burgués, que la revolución socialista del siglo XXI chavista no tiene nada de socialista, que una parte de la izquierda acepta el discurso chavista y confunde a las masas adjudicándole verdadera naturaleza revolucionaria socialista. Todo esto es imprescindible hacerlo.

El problema es la perspectiva política con la que se hacen estas críticas. Que todo esto sea cierto no niega las reformas sociales y la elevación del nivel de vida de grandes masas del pueblo trabajador. En palabras del ideólogo del CCyCI Zbigniew Brzezinski que afirmó reiteradamente que “nuestro enemigo es el populismo”[6] se testimonia la ofensiva mundial del gran capital contra el populismo en los distintos países. La izquierda debe tener una política específica frente a este fenómeno. Pero la ignora en sustancia, y efectúan sus análisis y desarrollan su actividad sin tener en cuenta esta ofensiva. Esto hace perjudicial el discurso de la izquierda actual. Realizar un análisis más objetivo de la realidad es el primer requisito para desarrollar una política verdaderamente revolucionaria.

La izquierda autodenominada socialista revolucionaria siempre ha estado en contra de los golpes de estado militares, como debe ser.  ¿Por qué razón no está en contra de los golpes blandos que, en definitiva, suelen terminar en dictaduras directamente militares o por lo menos, altamente represivas dificultando al máximo el libre desarrollo de la lucha de clases?

La única respuesta que surge es que no reconoce la existencia de estas campañas destituyentes del gran capital y su verdadera dimensión.

El gran capital no puede, simplemente, imponer sus políticas de saqueo neoliberal en todos los países y en todas las coyunturas nacionales e internacionales a través de golpes militares. Esta es la razón objetiva por la cual están utilizado la táctica y la estrategia de los golpes blandos, cuyos elementos fundamentales no son nuevos, pero que se han desarrollado a un nivel mucho mayor en las últimas décadas.

Resulta claro que hay que tener una política contra los golpes blandos, combinando esto con la denuncia de que todos los gobiernos bajo el estado capitalista son gobiernos burgueses, y adoptando la táctica más adecuada en cada momento.

Cualquiera sea la justificación de la izquierda actual de su política basada en la igualación casi absoluta entre todos los partidos y gobiernos burgueses, choca inexorablemente con el hecho inadmisible de que ignoran la naturaleza de estas ofensivas destituyentes, de estos golpes blandos.[7]

En relación a Venezuela queda claro que el gobierno de Maduro ejerce algún grado de represión contra el pueblo. Pero para ponderar adecuadamente el carácter de esta represión hay que empezar por aclarar que la ofensiva es de la oposición destituyente, que ha inventado la violencia en las calles siguiendo el manual de los golpes blandos[8] y que la violencia del gobierno es claramente defensiva y no estratégica, como sería la estrategia represiva de Macri en la Argentina, y como será también la estrategia del futuro gobierno si finalmente triunfa el golpe blando. La generación de la violencia es provocada, sin ninguna duda, por la oposición de la derecha destituyente[9].

El gobierno de Maduro actúa básicamente defensivamente. El hecho de que utilice las fuerzas represivas que existen en todo estado capitalista es una derivación lógica del hecho de ser, más allá de su política populista, un gobierno capitalista y cae en la represión sin reemplazarla por la democratización revolucionaria del pueblo, para que sea el mismo pueblo el que se defienda con sus propios métodos.

Pero el gobierno de Maduro no tiene a la represión como estrategia, no la genera. Mucho menos utiliza la represión para imponer las políticas de saqueo de los gobiernos neoliberales surgidos de golpes blandos como el actual de Macri. No es su objetivo saquear al pueblo, sino realizar reformas que eleven su nivel de vida, política que denominan falsamente socialismo del siglo XXI. Esta diferencia es fundamental. La principal lucha de la verdadera izquierda es contra los generadores de la violencia.

Uno de los grandes pecados el gobierno de Maduro y también durante el gobierno de Chávez, es dejar el núcleo central de la economía en manos del gran capital. Permitir que los dólares que ingresan por las exportaciones de petróleo se transformen, en su mayor parte, en fuga de divisas, manteniendo una estructura del aparato estatal corrupta y al servicio del gran capital. Mientras no supere esa contradicción de pretender profundizar las reformas manteniendo los organismos del estado al servicio del capital en la mayor parte el gobierno, Maduro no podrá evitar el deterioro general de la economía, dejando las condiciones para que una parte del pueblo, ingenuamente, caiga en la participación de la ofensiva destituyente.

Para quien quiera verlo esta ofensiva es clara y no es nueva históricamente. Como ejemplo tenemos al desabastecimiento, que es muy grande y provoca penurias en toda la población, llevando a muchos a renegar del chavismo. Pero esto se produce por el boicot, el acaparamiento sin distribución de las grandes empresas productores de alimentos y otros bienes básicos. Esto no es nuevo, suele suceder en la preparación del ánimo de la población que conduzca a apoyar activa o pasivamente los golpes. Sólo que esta vez su escala es mucho mayor y se integra como una parte del manual de los golpes blandos[10], siguiendo básicamente, las recomendaciones de Gene Sharp.[11]

Es notorio como la izquierda en general se hace eco en mayor o menor medida, de la información y la propaganda del gran capital, que tiene en todo el mundo el cuasi monopolio de todos los medios de información, televisivo, radial y escrito.

No toma en cuenta la multitud de artículos que describen la ofensiva destituyente y sus componentes violentos. Por lo menos debería plantearse el interrogante sobre quién dice la verdad y quién miente, en líneas generales, porque es evidente que no puede ser cierto, en su totalidad, opiniones e informes tan contradictorios.

La omisión de la existencia de las guarimbas[12] es inadmisible, siendo que es una de las herramientas principales de los golpes blandos, aplicada en muchos países del mundo. El objetivo central de las guarimbas es generar un clima insostenible de violencia,  responsabilizando a los gobiernos, generando en la población el repudio y la aceptación de la alternativa de que la oposición destituyente acceda de una manera u otra al poder, por elecciones o por golpes militares, por ejemplo. Gran parte de las muertes producidas en todas estas manifestaciones son efectuadas por un sector de los manifestantes preparado especialmente para producirlas. La oposición destituyente manda matar gente con el objetivo específico de acusar a los gobiernos de las mismas. Son el producto de una estrategia deliberada, siniestra, de esta oposición. Esto es sabido ampliamente y la izquierda no puede actuar y realizar sus críticas ignorando esta realidad.

Que el gobierno de Maduro responda en parte utilizando las fuerzas represivas de todo gobierno capitalista en lugar de impulsar una verdadera revolución democrática, es su principal responsabilidad y forma parte de la raíz de toda su crisis.

Sin una revolución democrática de todo el pueblo, un levantamiento generalizado y el surgimiento de organizaciones de masas que se transformen en un poder alternativo a los gobiernos de los estados capitalistas, no hay salida posible.

Pero el planteo de revolución verdaderamente democrática, que desemboque en un gobierno realmente de todo el pueblo, ejercido directamente por el pueblo mismo, desmontando todo el aparato estatal del estado capitalista, no existe en la izquierda actual. Debería ser el eje de su política pero ni siquiera lo plantean.
Y esto también vale para la Argentina, Brasil y en general para todos los países. La estrategia de revolución democrática siempre está vigente, y es un eje particularmente necesario en este momento histórico.
Los socialistas y todos los verdaderos demócratas consecuentes tiene una tarea común, estratégica en este momento: la revolución democrática, para lograr un verdadero gobierno de todo el pueblo, ejercido directamente por el pueblo.

Durante esta revolución los verdaderos socialistas, utilizando el análisis científico y los datos de la realidad que con frecuencia no son visualizados por el pueblo, trataremos de explicar exhaustivamente a la mayoría de los que viven de su trabajo de que la solución de fondo es la revolución social, empezando por la expropiación del gran capital. La revolución democrática es la tarea inmediata, el único objetivo que nos abrirá una salida verdadera a toda esta situación argentina y mundial de la ofensiva del gran capital internacional, que provoca cada vez más desocupación, miseria y represión a la población, y guerras en todo el mundo, para lo cual también tiene otra táctica, inventar y promover en todas partes todo tipo de movimientos terroristas para instalarlos como el enemigo principal y así justificar su ofensiva cada vez mayor contra los pueblos de la tierra. Es el mismo CCyCI el que actúa con distintas tácticas y el mismo objetivo, instalar gobiernos absolutamente sumisos a sus intereses saqueadores.

Carlos A. Larriera

12.6.2017




[1] Empleamos el término “autodenominada” para señalar la contradicción entre lo que afirman ser marxistas y su verdadera política que en la mayoría de los casos es irremediablemente reformista.

[2] Reafirmo entonces lo que escribí en otras notas: desde una perspectiva socialista no hay ninguna razón para preferir a Scioli o Macri. El viejo criterio del marxismo –véase aquí– se aplica a la actual situación. Los trabajadores no ganan nada apostando a pequeñas y sutiles diferencias entre los candidatos, tan sutiles y pequeñas, que hay que buscarlas con lupa. Rolando Astarita en su nota “Intelectuales y académicos por Scioli, contra el voto en blanco”.

“Llamamos al voto en blanco porque es una expresión política, es nuestra primera trinchera de lucha para enfrentar los ajustes que preparan tanto Scioli como Macri. Con solo ver sus gabinetes y referentes económicos nos damos cuenta fácilmente para qué se preparan: balas, garrotes y ajuste”. La Izquierda Diario, 20.11.2015, http://www.laizquierdadiario.com/El-voto-en-blanco-es-nuestra-primera-trinchera-de-lucha


[3]“Siempre que los liberales sean más fuertes que los centurionegristas, /…/es obligatoria /…/ la unión de los obreros con la democracia burguesa (populista, trudovique, etc.) contra  los liberales /…/ los casos en que los liberales sean más débiles que los centurionegristas y /…/ se requiera formar un bloque general de la oposición para derrotar a estos últimos.” La segunda vuelta de las elecciones en Rusia y las tareas de la clase obrera, V.I. Lenin, Obras Completas, tomo XVIII, págs. 43/49, segunda edición corregida y aumentada, Editorial Cartago, Buenos Aires, 1970.

[5] "¿Dictadura en Venezuela? Se agradece que se informe antes de opinar”, Alfredo Serrano Mancilla, https://actualidad.rt.com/opinion/alfredo-serrano-mancilla/238900-expertos-venezuela
Entrevista a Modesto Emilio Guerrero, sobre su libro “Una revuelta de ricos”, por Andrés Figueroa Cornejo.
[6] Entre otras declaraciones: “según el político, la “resistencia populista” podría ser un gran obstáculo para la imposición de un nuevo orden mundial.” 26.11.2013
[7] Golpes blandos, la nueva tendencia en la región, Santiago O’Donnell, Página 12, 1.9.2016,
[8] Según el documentalista Ruaridh Arrow “el doctor Gene Sharp propone 198 técnicas para su estrategia de una revolución no violenta. Sharp es el experto en revoluciones no violentas más famoso del mundo. Su obra ha sido traducida a más de treinta idiomas.”
[9] Según el modelo ‘La Salida’, ver Acontecimientos centrales y escenario económico-social
[10] El golpe suave. La Teoría de Thierry Meyssan, 10.7.2012
Manual USA para derrocar gobiernos. Gene Sharp, el cerebro de los golpes “blandos”. Orlando Rangel Yustiz , martes, 18 de agosto de 2015,
[11]  La política de la acción no violenta, el libro más conocido de Gene Sharp
[12] Guarimbear es para sifrinos o sicarios: la moda opositora y la carne de cañón popular, Álvaro Verzi Rangel
¿Todas las víctimas son de oposición? Lo que no le dicen sobre las protestas violentas en Venezuela



 

 

 

 

 


jueves, 24 de noviembre de 2016

Ortodoxos, heterodoxos y socialistas científicos

Ortodoxos, heterodoxos y socialistas científicos



El capitalismo no cierra. No hay forma en que el capitalismo funcione bien, que no tenga crisis periódicas, ni que pueda constituir una sociedad justa e igualitaria.

Los economistas ortodoxos en realidad no son economistas. Han abandonado la fundamentación de sus posiciones reemplazándolas por postulados, y en el mejor de los casos por estadísticas; es sabido que hay muchas formas de hacer estadísticas, y que incluso se pueden realizar a conveniencia de cada sector económico. En los hechos la economía ortodoxa se reduce a ser un vocero de las necesidades del capital concentrado internacional. Ese es su único contenido. Defiende esos intereses con una teoría que no tiene ningún fundamento, son simples postulados a la medida de la conveniencia de los grandes capitales.
Los economistas heterodoxos intentan defender los intereses de la población en su conjunto. Pero intentan hacerlo dentro de los límites del capitalismo. Para ellos son fronteras que no se pueden traspasar. En el último gobierno se referían al plan económico heterodoxo como “crecimiento con inclusión social”, lo que en líneas generales representa el objetivo de todas las variantes heterodoxas. Ellos sí tienen una teoría fundamentada, aunque muy discutible. Sostienen que el estado debe intervenir en la economía para regularla en favor de la población en general. Omiten el hecho de que el Estado es el aparato de dominación de  la clase capitalista, hoy en día principalmente del capital concentrado. Lo cual revela lo utópico de su postura. Un gobierno puede lograr cierta independencia en el corto o mediano plazo, pero en el largo plazo siempre el gran capital termina imponiendo su política, porque los gobiernos heterodoxos dejan intacto lo principal del poder económico concentrado.

El marxismo, es decir, el socialismo científico, ha demostrado que el capital sólo puede ser, como el esclavismo y el feudalismo, un modo de producción coyuntural y episódico, en términos históricos.

Como sucedió en el gobierno anterior, una política económica heterodoxa puede hacer crecer la producción al mismo tiempo que mejora las condiciones de vida de la población. Pero no puede sustentarlo en el tiempo. Esto sólo se puede conseguir si se expropia al capital concentrado, acción que sólo se puede llevar a cabo con la revolución social, en el marco de una auténtica revolución democrática de todo el pueblo.

Los heterodoxos le dicen muchas verdades a la población, esto constituye un avance extraordinario en relación a la ortodoxia, pero no pueden completar el cuadro porque reivindican la conciliación de clases, lo cual implica inexorablemente un sometimiento al capitalismo, en cualquiera de sus formas. No hablan de la lucha de clases ni del origen de la ganancia  que es la extracción de plusvalía con la explotación de los obreros.

A pesar de todo, buena parte de la población ha despertado a la actividad política gracias, en parte, a la acción gubernamental heterodoxa del último gobierno. Ha sido ayudada a comprender muchos aspectos fundamentales de la realidad social, como algunos aspectos de la política del capital concentrado, etc., e intenta avanzar hacia el pleno “crecimiento con inclusión social” pero no sabe cómo hacerlo. El socialismo científico plantea que para lograr la expropiación del capital se necesita en primer lugar la elevación de la conciencia de la inmensa mayoría de la población, y ése es un objetivo permanente de toda su acción política.

El problema no está resuelto por los heterodoxos porque tienen una política en última instancia utópica, y se manejan dentro de los límites de la democracia burguesa. El socialismo científico plantea la única solución posible, pero necesita ir impulsando todos los pasos intermedios que se requieren para lograr la necesaria toma de conciencia de su necesidad en la población.

Los heterodoxos y los socialistas científicos tienen en cierto modo un enemigo común: el capital concentrado. Pero los heterodoxos confían en poder controlarlo, porque defienden el capitalismo en general, sólo que con “inclusión social y crecimiento”. De cualquier manera hay muchas situaciones en las que la unidad de acción frente a la ofensiva del gran capital es obligatoria.

Lo más importante es que gran parte de la población se ha incorporado a la lucha política con el objetivo de un “crecimiento con inclusión social”. Aunque con estrategias diferentes, ese es un punto común entre heterodoxos y socialistas científicos. Años de lucha social que tuvieron su punto más alto en 2001-2002 han producido el epifenómeno de que el último gobierno intentara, con sus limitaciones, ese crecimiento. La masa de la población que lucha por este objetivo es un movimiento progresivo, y por esa razón el socialismo científico tiene que acompañarla, ayudando a llevar a cabo las mejores reformas posibles. En ese camino inevitablemente se revelará que dentro de los límites del capitalismo es imposible lograr el objetivo. Si la  lucha es consecuente se tomará conciencia de la necesidad de adoptar la verdadera estrategia que lo hace posible. El problema es qué hacer, cuáles son las tareas concretas que ayudarán a esa toma de conciencia.

Pero ninguna de las dos alternativas es posible de llevar a cabo sin una gran revolución democrática de todo el pueblo. Y en ese marco solamente son realizables sin son impulsadas por la decisión completamente democrática de la gran mayoría del pueblo. En particular la expropiación del capital sería directamente imposible.

La discusión se centra entonces en los pasos concretos que hay que dar para que se produzca una verdadera revolución democrática. Eso es lo fundamental en este momento. Y logrado esto la heterodoxia y el socialismo científico deberán debatir para lograr para su estrategia la voluntad de la mayoría de la población. Y aceptar esa decisión, aunque no sea la propia.

Carlos A. Larriera
24.11.2016



viernes, 28 de octubre de 2016

No es cierto que hay solamente dos maneras de financiar el déficit fiscal

No es cierto que hay solamente dos maneras de financiar el déficit fiscal




Los políticos macristas están aleccionados para repetir en todo momento que existen sólo dos maneras de financiar el déficit fiscal: emitir deuda pública o emitir moneda. Este es un discurso típico del llamado neoliberalismo, o la economía “ortodoxa”, que no son más que voceros del capital en general, y del capital concentrado internacional en particular.

Resulta notorio el machacar constante en los medios de comunicación con este “concepto”.

Por asombroso que parezca, se olvidan de la forma genuina de financiar el déficit fiscal. Sería un buen ejercicio preguntarle a la población en general, y a los representantes políticos y económicos en particular, acerca de cuál es esa tercera forma genuina. Averiguar hasta qué punto lo ignoran realmente, o por lo menos no lo tienen presente, sería importante para evaluar la situación política general. Si nos encontráramos con que la mayoría de la población afirma no conocer esa tercera forma genuina esto tendría implicancias políticas negativas.

Que el macrismo lo afirme permanentemente es comprensible, hace cosas equivalentes en todos los rubros de la economía, intentando engañar al pueblo, y en gran medida lo logra.

La forma genuina es aumentar los impuestos. El déficit o superávit fiscal es la fórmula recaudación impositiva / gasto público. Si el gasto público que se realiza es imprescindible, la única forma de evitar el déficit fiscal es aumentar los impuestos. Es tan simple que es llamativa su negación. Y más llamativo aún la falta de reacción en la población frente a una mentira semejante, y el poco comentario por parte de la izquierda y el progresismo. El desenmascaramiento de esta mentira macrista debería ser objeto de una campaña política permanente. Una campaña tan vasta e insistente que lograra que no existiera ningún ciudadano que no conociera la falsedad de no incluir el aumento de impuestos como forma de evitar el déficit fiscal. Lo que más se ve o se escucha sobre esto es algún comentario al pasar, o uno que otro artículo económico en los medios progresistas o de izquierda. Pero sin hacer eje en el tema, sin realizar una verdadera campaña de denuncia sobre la falsedad de este discurso “neoliberal”.

El tema es que eliminar el déficit fiscal aumentando impuestos está contenido en la propia definición. Si se sabe lo que es el déficit fiscal no se puede no saber que hay dos soluciones genuinas: bajar el gasto público o subir la recaudación impositiva. Si el gasto público fuera injustificado se lo debería bajar. En el caso de que sea necesario, incluso imprescindible para el bienestar de la población no se debería bajarlo, incluso podría ser necesario aumentarlo, como lo es en la práctica. En este último caso habría que aumentar la recaudación impositiva.

Los impuestos no pueden ni deben ser incrementados a la franja más pobre de la población. Pueden aumentarse al sector de la clase media que tiene una buena capacidad de ahorro. Pero fundamentalmente deben aumentarse a los ricos, a las grandes empresas agropecuarias, industriales, comerciales bancarias y financieras no bancarias.

Existen 400.000 millones de dólares de argentinos en el exterior, la mayor parte perteneciente a grandes empresas o grandes empresarios individuales. Se ha dicho insistentemente que una reserva del Banco Central de 40.000 millones de dólares sería suficiente para que el país no tuviera problemas de restricción externa. Esos 40.000 millones serían la décima parte de lo que existe en el exterior propiedad de argentinos ricos. Si se cobrara el 10% de los 400.000 millones de dólares que están en el exterior se solucionaría el problema de la restricción externa y del déficit fiscal. No cambiaría nada, los ricos seguirían siendo ricos. Por otro lado, si se le aumentaran los impuestos a la clase media con capacidad de ahorro, su nivel de vida se vería afectado en mayor o menor medida.

Pero ni siquiera sería necesario repatriar el 10% de los dólares que están en el exterior, no resulta aventurado afirmar que si se redujera en muy pequeña medida la evasión impositiva de las grandes empresas, tanto de la “ciudad” como las agropecuarias, se lograría un cómodo superávit fiscal.

La conclusión es que no existe un verdadero déficit fiscal. Sería verdadero si no hubiera posibilidad de recaudar lo suficiente para pagar el gasto público necesario e imprescindible para la vida de la población. Si es suficiente con retornar el 10% de los 400.000 millones de dólares de argentinos en el exterior o eliminar un mínimo de la evasión impositiva de las grandes empresas, no se puede hablar de verdadero déficit fiscal. Hacerlo significa aceptar como algo natural e inmodificable la evasión impositiva y la fuga de divisas. Significa aceptar todas las exigencias del capital concentrado internacional, con lo que, obviamente la forma genuina, aumentar los impuestos, estaría omitida y ninguneada.[1]

Siempre mantiene actualidad la frase pronunciada por el actor Kevin Spacey en la película Los sospechosos de siempre, de Bryan Singer: “El mejor truco del diablo es hacerle creer al mundo que no existe”. Sólo hace falta reemplazar la palabra “diablo” por “capital concentrado”.

En definitiva, los ricos son intocables, evaden impuestos y fugan divisas con total impunidad. Lo grave es que esto está naturalizado, hasta tal punto de que ni siquiera se considera la posibilidad de aumentar la recaudación sobre los ricos. Obviamente, si se permite que ellos dominen a su libre voluntad, no hay política económica que sea sustentable.

Carlos A. Larriera

28.10.2016






                                                                               



[1] Existen sólo dos maneras de financiar el déficit fiscal: emitir deuda pública o emitir moneda”, Ramiro Castiñeira, El Cronista, 21.3.2013, http://www.cronista.com/opinion/El-deficit-fiscal-termina-en-deuda-o-inflacion-20130321-0026.html