lunes, 9 de octubre de 2017

Cataluña y España, algunas reflexiones preliminares básicas

Cataluña y España, algunas reflexiones preliminares básicas




Sin conocer en profundidad toda la historia de Cataluña y España, en particular el último siglo, y la historia reciente de la relación entre ambas no se puede realizar un análisis bien fundamentado, y por lo tanto no se puede sentar una posición a favor de los pueblos.

En todos los casos de separación se plantea el problema de la autodeterminación de los pueblos. Esto es lo primero que debemos que tener claro. Autodeterminación no quiere decir, por ejemplo, que los habitantes de las Malvinas pueden autodeterminar si prefieren pertenecer y estar sometidos a Inglaterra, o a la Argentina. El derecho a la autodeterminación es el derecho a constituirse como nación independiente. Como esto los malvinenses no están dispuestos a hacerlo, o no tienen la fuerza suficiente, no pueden recurrir al derecho a la autodeterminación. En algunos casos se incluye el derecho a elegir libremente la nación a la cual pertenecer[1], pero tampoco es a todas luces el caso de los malvinenses, que están muy lejos de las condiciones necesarias para una elección realmente libre.

Esto se aplica también a Cataluña. Lo primero que hay que averiguar fehaciente y fundamentadamente es si existe esta voluntad en los separatistas y si cuentan con la determinación y la fuerza suficiente como para constituirse como Estado independiente.

En caso que así sea sólo se puede legitimar su reclamo si se respeta la democracia de todo el pueblo, si realmente la inmensa mayoría de éste quiere la separación, si el referéndum está democráticamente garantizado, etc.

Como socialistas respetamos siempre el verdadero derecho a la autodeterminación de los pueblos, pero los socialistas, en términos generales, estamos a favor de la eliminación de fronteras entre las naciones y de la formación de estados más grandes.

Por lo tanto, en general, los socialistas luchamos por la no separación, explicando, agitando, tratando de convencer, y exigiendo en caso de separación su realización en forma absolutamente democrática, también estamos en contra de las anexiones, es decir, de la incorporación de un territorio en contra de la voluntad de la población, y respetamos del derecho a la autodeterminación.

Ahora ¿a qué clases sociales les interesa la separación? En primer lugar en muchos países los capitalistas de las zonas ricas tienden a separarse de las más pobres, dejándolas abandonadas a su suerte, para aprovechar al máximo las riquezas de su región y para que no se realice la redistribución del ingreso a la parte pobre de la nación. Esto se refiere tanto al desarrollo productivo como a las riquezas naturales. Éstos son los casos en que las clases dominantes de regiones ricas de muchos países reclaman la separación debido a sus propios intereses, mientras no le conviene a las otras clases, ni la clase media ni la clase obrera se benefician con la separación.

En muchos casos es bastante difícil de determinar a que verdaderos intereses responde el intento separatista, porque habitualmente una parte de  la clase media sigue a la burguesía de su región, estado o provincia, siendo arrastrada por ésta con promesas, falsas explicaciones, mediante la denostación de la población más pobre del país, etc.

Este es el caso de Brasil, sur rico y norte pobre, el de Italia, sur pobre y norte rico, y el de muchos otros países.

Los socialistas no apoyamos la separación en base a estos intereses burgueses.

En general a los trabajadores, obreros y asalariados no obreros, no les conviene la separación.

Imaginemos una Argentina en la cual se separara la Patagonia como país independiente, después de haber vendido o regalado la mayor parte del territorio al gran capital extranjero. Jujuy, basándose en el litio, junto con empresas extranjeras y una parte de Chile y Bolivia constituyera un nuevo Estado. Y lo mismo hicieran las provincias petroleras y las que tengan alguna riqueza importante para explotar. Esta balcanización o libanización del país nos perjudicaría a todos los que vivimos de nuestro trabajo. El país repartido en pequeños pedazos, donde el pueblo estaría totalmente indefenso ante el poder capitalista dominante.

La constitución de 1994 le concede la propiedad del subsuelo a las provincias, o sea el petróleo, toda la minería, el litio, etc. Muchas provincias podrían hacer acuerdos con un sector del gran capital extranjero, separarse del resto del país y aprovechar en su exclusivo provecho la riqueza natural que pertenece a su territorio.

Ya es grave que las 23 provincias más la Ciudad de Buenos Aires sean prácticamente 24 estados. Lo que debería existir en su lugar es una autoorganización regional libremente centralizada, pero no que cada provincia/estado tenga su propia constitución, corte suprema, etc. Porque los argentinos podemos ser mendocinos, porteños o tucumanos, pero también somos argentinos. La provincia que tiene petróleo debe repartirlo en todo el país, lo mismo que la que tiene litio, etc. Se deben considerar los intereses del pueblo de cada región, pero este mismo pueblo debe responsabilizarse porque toda la población se beneficie equitativamente de las riquezas desigualmente repartidas por todo el país.

La balcanización de Yugoslavia, por ejemplo, fue esencialmente promovida por los países imperialistas, y Rusia. Yugoslavia era una unión de países. Detrás de cada uno de ellos un sector de los países capitalistas más poderosos fogoneaba la guerra civil, con la finalidad de ser finalmente la potencia dominante sobre ese país. Las disputas étnicas, religiosas, etc., son siempre estimuladas al extremo para encubrir los verdaderos objetivos que existen para impulsar la balcanización. Por supuesto que todas las debilidades y contradicciones de Yugoslavia, su imposibilidad de construir un verdadero socialismo, etc., fueron bien aprovechadas por los países capitalistas que promovían la balcanización.

En muchos sectores de la izquierda mundial se debatía sobre cuál país de Yugoslavia tenía razón y cuál no. Y terminaban apoyando a uno u otro. Cuando habría que haber denunciado el invento y estimulación imperialista de la guerra civil, y promovido la completa democratización en Yugoslavia, manteniéndola unida como un solo país.

En el caso de la Unión Europea y la creación del euro[2], no fue una decisión del conjunto de la burguesía europea de los distintos países, sino básicamente la política de la burguesía alemana, y en parte francesa, para disfrazar el marco alemán de euro y explotar al resto de los países de Europa. Si por un lado, como ya hemos dicho, la Unión Europea parecía constituir un avance, en los hechos los pueblos sufrían cada vez más las consecuencias de la dominación alemana, encubierta bajo organismos como la Comisión Europea, etc.

El caso de Grecia y los demás países del sur europeo, en mayor o menor medida, son consecuencias inevitables de esta política alemana. Con el inconveniente de que si en un país el pueblo se puede rebelar contra su gobierno exigiendo mejorar las condiciones de vida, porque tiene un gobierno, en cambio contra la Unión Europea es muy difícil protestar, porque no existe ningún verdadero gobierno, estos organismos servían como instrumentos de la dominación alemana, pero no como un verdadero gobierno europeo contra el cual se pudiera protestar. Era y es entonces una trampa. Por eso, en este caso concreto, si bien los socialistas estamos a favor de la unión de todos los países, habría que pensar si hoy por hoy es más progresiva la separación de los países que esta falsa unión.

En el caso de Irlanda, Marx y Engels finalmente llegaron a la conclusión que la separación de Irlanda era imprescindible, su independencia era decisiva.

“…Marx y Engels pensaban que la independencia de Irlanda sería un resultado de la revolución en Inglaterra, a partir de 1867 comienzan a percibir que el movimiento obrero inglés era de un modo u otro tributario del sistema de expoliación del pueblo irlandés constituido por Gran Bretaña. Desde entonces …/… conciben a la emancipación nacional de Irlanda como la condición primordial para la emancipación social de los obreros ingleses.”[3]

Es el caso paradigmático en el cual es necesario separarse primero para liberarse de la tiranía de otro u otros países y después, en un futuro, con otras bases, iniciar un proceso de unión pero sin la explotación como la de Inglaterra sobre Irlanda. Este caso no responde entonces al criterio favorable a la unión de los países, porque es necesario estudiar cada caso concreto.

En Europa parecen existir este tipo de situaciones, hay que analizar bien este fenómeno antes de tomar una posición.

También están las revoluciones coloniales, las luchas revolucionarias por la independencia del yugo extranjero, como sucedió de distintas formas en Haití, Argelia, el caso particular de la India, etc. Después de la segunda guerra mundial estos movimientos nacionalistas revolucionarios, se extendieron por todo el mundo. Sin dejar de estudiar y conocer en concreto el contenido profundo de cada una de estas independencias políticas, en general eran casos en que la separación, o sea la independencia política, era necesaria y beneficiosa.

Pero en general los movimientos separatistas de las zonas ricas de un país que comienzan a generalizarse en la actualidad van en contra de los intereses de los pueblos.

Es frecuente que en los movimientos de separación existan, y muchas veces predominen intereses capitalistas, aunque una parte del pueblo, confundido, los apoye. Esto hay que tenerlo en cuenta.

Cuando objetivamente, en base a la realidad concreta, lo mejor para los que viven de su trabajo es la separación, se debe respetar si deciden democráticamente hacerlo.

Eso no quiere decir que no tengamos una posición crítica, que los socialistas no realicemos una campaña explicando la alternativa de una revolución democrática que haga innecesaria la separación.

En general en todos los casos una revolución democrática en todo el país es la forma en que se superan tanto los intentos de separación como la dominación de un sector del gran capital sobre otros países o las provincias de un mismo país.

Luchar por una revolución democrática en todos los países es entonces también necesaria en estos casos de intentos separatistas.

Carlos A. Larriera

9.10.2017






[1] V. I. Lenin, Obras Completas, Editorial Cartago, segunda edición corregida y aumentada, 1970, Tomo XIX,  pág. 493.
[2] Ídem, tomo XXIII, “El imperialismo, etapa superior del capitalismo”, págs. 401/402 y ss.
[3] En Karl Marx  y Federico Engels, Imperio y Colonia, Escritos sobre Irlanda, Cuadernos de Pasado y Presente 72, 1979, del texto introductorio de José Aricó en la página 11.

jueves, 21 de septiembre de 2017

Microfascismos y realidad virtual



Microfascismos y Realidad Virtual



El artículo de Ezequiel Adamovsky “Qué hacer con el microfascismo”[1]produjo un fuerte impacto, nos ubicó frente a un problema que no habíamos profundizado lo suficiente, que no habíamos comprendido es su especificidad, que nos hace sentir que estábamos atrasados en la comprensión de época.
No era difícil de comprender la campaña del gobierno para embarrar la cancha, desviar hacia falsos culpables, etc., en relación a la desaparición forzada de Santiago Maldonado.

Pero Adamovsky señala que “lo que resulta más difícil de comprender es que todo esto haya generado una proliferación de microagresiones en la población común” y “lo llamativo del caso es que toda esta agitación sucede sin que haya episodios reales que la justifiquen”, “¿Cómo entender que haya gente común tomada por el estado de ánimo propio de una guerra que sólo existe en la mente de Leuco o en la realidad paralela de los trolls de Twitter?”.

Es imposible encontrar una respuesta profunda y completa a estos “microfascismos”. Solamente se puede empezar a realizar algunas reflexiones.

Lo que explica en profundidad el fascismo de Mussolini y el Nazismo de Hitler es la necesidad de la gran burguesía de evitar el levantamiento generalizado del pueblo frente a la desesperante miseria y desocupación de esos días. Frente a la masividad del descontento popular, que se extendía tanto a la clase media como a la clase obrera, era imposible instalar una dictadura militar pura y simple. Fue necesario dividir al pueblo en dos partes que se enfrenten entre sí, y sobre ese enfrentamiento ir instalando la dictadura más feroz. El método de Goebbels de mentir reiteradamente hasta que la mentira se tome como realidad, y el invento de un enemigo como los judíos, jugaron un rol fundamental en la creación de este enfrentamiento en el seno del pueblo.

Es obvio que este gobierno, siguiendo los intereses del capital concentrado local e internacional, avanza por un camino similar, con todas las diferencias y especificidades que se dan en la Argentina actual. Pero ¿Cómo han logrado que gente común se niegue a contestar una pregunta simple: ¿Dónde está Santiago Maldonado?? ¿Cómo pueden interpretar la búsqueda de aparición con vida como una guerra cruel contra el gobierno y contra ellos mismos? ¿Cómo pueden estar tan fuera de la realidad?

El artículo “Vivir en las redes” de Pablo Boczkowski y Eugenia Mitchelstein[2] nos da una clave para comenzar a comprenderlo.

Dicen: “Hace tiempo que las redes sociales han dejado de ser objetos para convertirse en entornos donde estamos con los otros: no usamos las redes sino que vivimos en ellas”. “Durante los primeros cinco siglos de existencia de los medios de comunicación, desde la imprenta hasta la televisión, las personas se vincularon con los distintos medios como con objetos que se usan: leer las noticias, escuchar música y ver películas eran actividades discretas y puntuales para las que se requería ir utilizar el diario de papel o los artefactos de radio y televisión. Una vez terminada la actividad se los dejaba de lado y se pasaba a otra cosa.
“La irrupción … de las redes sociales… ha llevado a una progresiva e ininterrumpida mediatización de la existencia íntima, privada y colectiva.
,,,”no usamos las redes sino que vivimos en ellas”. Esta frase resume mucho, lo principal.

En  un artículo anterior “Experiencia y conciencia”[3], tomando la concepción de Marx de que la existencia determina en gran medida la conciencia —los obreros tienden a pensar como obreros, los campesinos como campesinos, lo patrones como patrones, etc.— señalábamos que las masas aprenden por experiencia de masas.

Muchos pensábamos simplemente que la experiencia con el gobierno macrista y las penurias que trae aparejadas, más tarde o más temprano se haría conciencia en gran parte de sus votantes. Todo el aparato mediático del capital concentrado está dedicado a impedir que esto suceda. Todos los opositores verdaderamente democráticos tratamos de contrarrestar ese discurso del poder dominante. Sin ganar esta lucha ideológica no hay salida posible.

Pero no habíamos tomado conciencia de la profundidad de esta ofensiva, en la existencia de un salto cualitativo en los medios de comunicación de masas y en el aprovechamiento profundo de estas innovaciones.

La experiencia determina en gran medida la conciencia, pero la experiencia es la experiencia de la vida real, hasta ahora había sido así. Pero hoy, para gran parte de la población, la realidad, está dentro de las redes: vive, se comunica, recibe noticias, dentro de las redes. Es esta experiencia la que subiría a la conciencia, dejando de lado a la experiencia del mundo real.

Para hablar, argumentar, tratar de convencer de los males del macrismo, a las personas que viven dentro de las redes, de alguna manera también tendríamos nosotros que vivir dentro de las redes para poder dialogar y convencer.

Si aparece en las redes es verdad, tienen valor de verdad,  entonces, por ejemplo, todo lo que envían los trolls es verdad. Pero si nosotros enviamos una cantidad equivalente, que por el hecho de aparecer en las redes también sería verdad, se establecería objetivamente la lucha ideológica entre la mentira del macrismo y la verdad del pueblo. Es la única vía por la que podríamos discutir con muchos votantes bienintencionados de Macri.

Comunicarnos desde afuera de las redes, es imposible porque para ellos es un mundo que no existe, su mundo real es su mundo virtual.

Esta nueva realidad, que hace tiempo que existe, pero que muchos de nosotros recién tomamos nota a raíz de estos dos artículos citados, nos hace sentir que, hasta ahora, habíamos estado fuera de época. Razónabamos en un mundo binario, analógico, basado en los hechos reales. Ellos lo hacen en un lenguaje digital en un mundo virtual que para ellos es el único real.

Imposible comunicarse si no entendemos esto, hay como una división de generaciones, las que pensamos en términos analógicos, binarios, y los que piensan en forma digital.

Muchos estamos en transición, en parte en el pasado binario, en parte en la actualidad virtual.
Todo esto nos lleva a la conclusión de que hacer ver la realidad a los microfascismos que aún pueden ser rescatables o neutralizables, lo debemos hacer en su mundo virtual que para ellos es el real.
Estamos atrasados, tenemos que actualizarnos.

Adamovsky también afirma al comienzo y al final de su artículo que “del microfascismo sólo se sale proponiendo un horizonte colectivo que sea mejor. Tiene razón, pero ¿cuál es ese horizonte colectivo? ¿Cómo se llega a él? ¿Con qué fuerza contamos para lograrlo?

¿Cuál es el horizonte colectivo? ¿Intentar el “crecimiento con inclusión social y democrático bajo el capitalismo?” “¿O primero expropiando al gran capital concentrado?

¿Llegaremos utilizando como recurso fundamental ganar las elecciones amañadas, controladas y llenas de fraudes? ¿Utilizando el mismo aparato estatal que es la herramienta de dominación del gran capital?

Los gobiernos progresistas, “populistas”, pueden tener cierta independencia del mandato del gran capital, pero nunca podrán evitar, utilizando el actual Estado, derrotarlo y gobernar plenamente a favor del pueblo. Son gobiernos que sostienen básicamente una ideología de clase media, que es su principal base social, y esta clase, por sus características fluctuantes y centristas, contradictorias, no puede llevar adelante una lucha consecuente, porque al mismo tiempo que se revela contra el atropello del gran capital, se frena constantemente para defender sus pequeños avances materiales obtenidos. Por esta razón no puede vencer nunca sola en su lucha contra el gran capital.

Hay otra parte del texto de Adamovsky en el que dice: “Que el impulso al microfascismo se haya activado precisamente ahora tiene que ver con el momento político en el que estamos  /…/ emerge por el agotamiento del horizonte que propuso el gobierno anterior. Porque el kirchnerismo volvió a dotar de intensidad a la política, propuso nociones fuertes de lo colectivo, prometió más derechos para minorías y para clases subalternas apelando a una retórica de confrontación con las corporaciones. En tanto ese horizonte resultó convincente /…/ La retórica de lo colectivo, de la lucha reivindicativa, de los derechos (incluidos los humanos), se sostuvo en una ilusión a futuro ahora agotada.”

Aquí hay algo que no termina de quedar claro. ¿Cuándo esta ilusión a futuro se agotó? ¿Y por qué razón?
En primer lugar la política del anterior gobierno no se basó en una retórica de confrontación con las grandes corporaciones, sino en la creación de 5 millones de puesto de trabajo, inclusión de casi todo el mundo en las jubilaciones, una gran inversión en obra pública, en múltiples rubros, en resumen con la elevación del nivel de vida y de posibilidades de futuro para gran parte de la población, como lo fueron la repatriación de más de mil científicos, los satélites Arsat, etc. Su crítica, aunque incompleta, fue la mayor que se haya realizado desde un gobierno contra el capital concentrado, y fue una defensa necesaria e inevitable. A pesar de sus errores de caracterización, ayudó en gran medida a la elevación de la conciencia política de la población, y a que ésta comenzara a comprender cuál es el verdadero enemigo que enfrenta todo el pueblo. Enemigo que está hoy directamente en el gobierno.

La desilusión de las masas con el kirchnerismo es inevitable, porque es un movimiento de clase media, que como tal no es suficiente para derrotar al capital concentrado internacional. Pero esta desilusión puede ser una toma de conciencia de la necesidad de superar al kirchnerismo, de partir de lo avanzado e ir más allá, o como condena del mismo, como si fuera el responsable absoluto de la actual penuria del pueblo. Esto último sería nefasto. Es el discurso con el cuál el gobierno trata de ocultar su política de saqueo.

No hay pruebas de que la experiencia kirchnerista se haya agotado. Hechos como los cantos permanentes “vamos a volver”, “vamos a volver”, y la concurrencia masiva a actos de CFK, Kicillof y otros dirigentes kirchneristas no avala esta caracterización.

La única clase social capaz, potencialmente, de derrocar al capital concentrado es la clase obrera, como dirigente de todo el pueblo, pero para esto necesita la existencia en una organización en la que haya por lo menos un pequeño grupo de intelectuales revolucionarios que ayuden a explicar la verdadera naturaleza de la situación social que se vive, quiénes la generan, y por qué. Esto no existe, y es posible que no surja por muchos años.

Este supuesto agotamiento es materia discutible y analizable. La feroz campaña virtual del gobierno, a través de un ejército de trolls y otros mecanismos puede ser muy determinante en el surgimiento de estos microfascismos, aunque este agotamiento todavía no se haya producido.

Está claro, después de todas estas consideraciones, que es necesario tener siempre presente que también es imprescindible dar la batalla ideológica con los votantes del macrismo —los que sean rescatables, que hay muchos— desde su mismo mundo virtual, al que toman como el único verdadero existente.

Carlos A. Larriera

21.9.2017




[1] Publicado en la revista digital Anfibia.
[2] Ídem.
[3] C. A. Larriera, wwwnudosgordianos.blogspot.com (sin punto entre www y nudos gordianos).

jueves, 31 de agosto de 2017

Adoctrinar o educar a los niños

Adoctrinar o educar a los niños


En los programas radiales progresistas muchos oyentes llaman despotricando contra el tratamiento del tema de la desaparición forzada de Santiago Maldonado en las escuelas a donde van sus hijos, en el Día Internacional de la Desaparición Forzada de Personas instituido por las Naciones Unidas.

La repuesta más inmediata de todo el pueblo democrático es que esos padres son de derecha, que reivindican el genocidio, etc. Esto es totalmente cierto, pero surge la pregunta acerca de si esta respuesta es suficiente para desnudar completamente el sentido de la oposición de esos padres, de manera que, incluidos sus hijos, pudieran comprender en profundidad lo que está en juego.

Si se recurre a un pensamiento formal, limitado solamente a las formas del pensamiento, todo puede llegar a interpretarse como que tiene el mismo valor, reivindicar la aparición con vida de Santiago Maldonado o no, y ambos serían pensamientos legítimos, ¿cómo puede un niño saber cuál es el correcto? ¿Cómo puede saberlo un espectador imparcial, si este pudiera existir?

De manera que no basta para desnudar la profunda perversidad de la posición de esos padres definiéndolos como de derecha, hay explicar en profundidad en qué consiste, explicar que su discurso es formalmente democrático solo en apariencia, hay que profundizar más, hay que explicar todo de manera que nadie pueda decir: “Bueno, yo opino esto, vos opinas lo otro, eso es la democracia”. Con ese argumento se puede “legitimar” en apariencia la protesta de los padres y la actitud de algunos maestros de repetir las palabras de la dictadura “Santiago Maldonado está en París”, “se fue de viaje a tal lado”, “es un discurso político para hacer quedar mal al gobierno”, “No estamos en democracia?” “¿No puede cada uno decir lo que quiera?” “¿Por qué obligar a los maestros que opinan distinto a hablar de la “supuesta” desaparición de Santiago Maldonado?” “Esto es adoctrinar a los niños, ésa no puede ser la tarea de los maestros”, etc.

Lo que pasa es que el lenguaje formal no alcanza para acceder a la verdad, para percibir la realidad tal cuál es. En primer lugar los maestros que reclaman por la aparición con vida de Santiago Maldonado no “adoctrinan” a los niños.

En psicología se dice que los niños hay que hablarle de algunos temas, como por ejemplo el sexo, en la medida que ellos pregunten. ¿Y qué tiene de raro que pregunten por Santiago Maldonado? Es inevitable. Es algo que está sucediendo. Y en primer lugar la propia familia ha denunciado la desaparición. ¿Por qué razón se puede hablar, por supuesto que con toda justificación, de una joven que hace días que no aparece en su casa, como noticia policial, y no se puede hablar de Santiago Maldonado, sobre quién hay testigos que vieron que se lo llevaba la Gendarmería Nacional?

Si a los niños hay que contestarle determinados temas “de adultos” hasta dónde ellos pregunten, hablar de la desaparición de Santiago Maldonado está también dentro de ese esquema.

Lo que sucede es que los conflictos son reales, hay enfrentamientos entre distintos sectores sociales, y no se puede acusar a un sector de defender su posición cuando el otro defiende el suyo. La lucha ideológica es inevitable. Y es inevitablemente una lucha política. Las distintas ideologías responden a intereses materiales de cada uno de los sectores de clase, no son un invento intelectual. Habrá que adecuar lo que se dice a lo que los niños pueden comprender, pero es obligatorio hablar de todo con ellos.

Se puede resumir lo que es la política con la pregunta ¿Qué hacemos? Qué hacemos con la salud, qué hacemos con la educación, qué hacemos con la economía del país, qué hacemos con todas y cada una de nuestras necesidades sociales. De manera que la política es inevitable, y todos la llevan a cabo constantemente, porque todos se hacen esas preguntas y todos las contestan, mal o bien, de una manera u otra.

Decir que los maestros “adoctrinan” a los niños por lo de Santiago Maldonado es negar una lucha social que se da en la realidad a todos los niveles. La derecha sí necesita adoctrinar, en el sentido de machacar y machacar con el mismo discurso el cerebro y el corazón de los niños hasta que logra que éstos lo internalicen. Al maestro le alcanza con mostrar los hechos de la realidad y explicar cómo se relacionan.
Y para saber cuál es la verdad, para que los niños puedan formar su propio juicio sobre lo que sucede se necesita ir más allá del pensamiento formal, se necesita conocer los hechos reales, y a partir de ahí sacar las conclusiones. Es conocido que los niños no se fijan tanto en lo que dicen sus padres sino sobre todo en lo que hacen, o sea, en sus actos.

La derecha siempre ha acusado a los distintos representantes del pueblo de los pecados que ella misma comete. La corrupción es infinitamente grande en el gobierno de Macri, se puede decir que es su fundamento, su accionar cotidiano. Pero acusa al gobierno anterior de corrupción aunque todavía no pudo aportar ninguna prueba, a pesar de contar con casi todo el aparato mediático y gran parte del sistema judicial.

La desaparición de Santiago Maldonado es una acto terrible de represión que se enmarca dentro de la ofensiva generalizada contra los mapuches, que se viene agudizando hace rato, que no fue generada por actitudes condenables de éstos sino que obedece a una sola causa: que los grandes capitales, sobre todo extranjeros, necesitan las tierras de los mapuches para explotarlas de distintas maneras, minería a cielo abierto, petróleo, cría de ovejas (Benetton, 100.000 ovejas), etc. ¿Por qué justo ahora hay tal ofensiva cuando hace más de un siglo que no existía a este nivel, aunque siempre han estado siempre marginados? Porque el capital concentrado busca desesperadamente nuevas fuentes de ganancia, y hace un siglo estaba ocupado en otros negocios y su avance sobre los pueblos originarios eran menos furibundo que en la actualidad. Pero no es un problema sólo de Argentina, en todo América Latina se da este fenómeno, y hay luchas de resistencia de los pueblos originarios en todo el subcontinente. Y también en Norteamérica.

El gobierno anterior no pudo impedir en su totalidad este proceso, aunque realizó algunas reformas para morigerarlo. Pero este gobierno tiene la política deliberada de satisfacer la demanda de los grandes capitales de apoderarse de todo el territorio mapuche. Es a todas luces una nueva campaña del desierto.

No se puede saber si el gobierno, a través de su Ministerio de Seguridad, mediante la palabra de la ministra Patricia Bullrich ordenó solamente a la Gendarmería ser “dura” en la represión, o incluyó la orden específica de matar a alguien. Pero es evidente que alguna de las dos posibilidades existió.

Hay muchas posibles razones por las cuales el gobierno se niega a devolver con vida a Santiago Maldonado, ante todo el gobierno quiere ratificar su política represiva y convencer a los pueblos originarios y a toda la población argentina que no tiene límites en su política, buscando de hecho intimidar y en segundo lugar desanimar toda resistencia a la ocupación de tierras por el gran capital. En ese panorama general a Santiago Maldonado pueden haberle sucedido distintas cosas en manos de la Gendarmería, no sabemos cuál fue en realidad.

Es evidente que hay una ofensiva no sólo represiva sino de discurso, de mensaje del gobierno, con lo que la discusión en el seno del pueblo se hace inevitable. Es necesario tener claro que quién genera tanto la represión como el discurso es el gobierno, el gran capital, y la defensa de la aparición con vida de Santiago Maldonado, el reclamo generalizado y multifacético de gran parte de la población es una respuesta a esa agresión gubernamental, que se realiza cumpliendo las demandas del capital concentrado.
Hay que decir entonces que la lucha política existe, que es provocada hoy en particular por la ofensiva del gobierno contra los derechos de la población, y que esto los niños deben saberlo, como deben saber tantas otras cosas propias del mundo adulto, pero de una forma que pueda ser comprendida y asimilada a su edad. El niño debe participar de la vida adulta como niño, porque de hecho vive la vida adulta como niño, sufre las consecuencias de las acciones de los adultos, y lo que vive debe poder explicar hasta donde un niño puede comprenderlo.

Los niños deben participar de la vida de los adultos, porque es la realidad en que se mueven y que afecta permanentemente sus vidas. Deben ayudar a colgar la ropa lavada, aunque sólo cuelguen a medias una sola prenda y después se vayan a jugar, y al rato vuelvan, y así. Lo mismo cuando el padre arregla el coche, o cuando alguien cocina, etc. Entran y salen, colaboran con algo, se aburren y se van, pero van conociendo de esa manera poco a poco el mundo. No se trata de que los niños se comporten como adultos, pero tampoco puede ocultárseles lo que sucede en la realidad adulta, que es también su propia realidad.

En última instancia todas son manifestaciones más o menos soterradas, más o menos abiertas, de la lucha de clases. Esa es la explicación de fondo. Pero la derecha niega la lucha de clases, y la clase media progresista no la tiene en cuenta expresamente en sus análisis, sin bien habla de enfrentamiento de intereses y denuncian mucho de la política del gran capital. Pero al no ubicarse decididamente desde la perspectiva de la lucha de clases, que es lo que realmente está sucediendo, aunque las formas en que se manifiesta abiertamente sea menor o mayor según la coyuntura, la clase media progresista no puede explicar con toda la profundidad necesaria la verdadera naturaleza de los enfrentamientos sociales.

La negación de la existencia de la lucha de clases se manifiesta tanto en la conversación cotidiana, como en todos los análisis políticos, sean tanto del progresismo como de la derecha, aunque de una manera muy distinta. Por eso la población piensa sobre la base de la aparente inexistencia de la lucha de clases. Y de esa manera no se puede llegar a comprender cabalmente la naturaleza de los enfrentamientos sociales que padecemos.

Pero no es solamente el gran capital lo perjudicial, es todo el capitalismo, desde el momento que se basa en la explotación humana. Sobre esas bases el capitalismo no puede gobernar con la verdad, necesita mentir y engañar, y también reprimir, no solamente los grandes capitales, sino todo el capitalismo. Las PYMES que hoy está siendo destruidas por el gran capital si pudieran desarrollarse terminarían siendo también ella capital concentrado, grandes capitales. Es la naturaleza del capitalismo. Lo cual no quiere decir que hoy tengan la misma política depredadora del gran capital, y que pueden, por ahora, muy restringida y tibiamente, defender algunos aspectos democráticos.

Los gobiernos del capital concentrado como el actual, no se preguntan cómo hacer para que la población tenga una buena salud, para que funcione bien la economía, sino como hacen para saquear a toda la sociedad sin que esta se rebele de una manera inmanejable. Pero la mayoría de la población cree que un gobierno, sólo por el hecho de serlo, piensa en el mejoramiento del nivel de vida de toda la población, y si no lo logra es porque se equivoca en su política, simplemente, pero no porque tenga otra política.

Y en la medida que los hechos de la realidad pueden llevar a una gran parte de la población a darse cuenta en qué consiste realmente la política de un gobierno como el actual, éste inventa un chivo expiatorio, p. ej., gobierno anterior, el kirchnerismo en general, diciendo que “se robaron todo”, cuando nadie que afirma esto pueda dar un solo ejemplo, fundamentado, de algo que se hayan robado. Y cuando este gobierno roba prácticamente en todos sus actos, y hay denuncias fundamentadas sobre la mayoría de ellos.

No nos podemos quedar en el “razonamiento” formal frente a las acusaciones de la derecha de querer “adoctrinar” a los niños. Es necesario partir de la base de que los enfrentamientos existen en los hechos y que es inevitable y obligatorio que se hable de eso de alguna manera con ellos.

Carlos A. Larriera

31.8.2017



lunes, 28 de agosto de 2017

Es imperioso ganar la batalla ideológica (“cultural”)

Es imperioso ganar la batalla ideológica (“cultural”)



¿Cambiemos está creando una nueva cultura? ¿Podría ganar las elecciones en octubre sin fraude? ¿La gente se está volviendo individualista? ¿Existe una batalla cultural? ¿Están tratando de eliminar la solidaridad en el seno de la población?

Que hubo fraude en las PASO de agosto de 2017, hace dos semanas, no puede haber duda. Que el fraude fue de proporciones tampoco. Que Cristina Kirchner (CFK) ganó en la provincia de Buenos Aires es indiscutible. De acuerdo con los informes sobre el recuento de votos está ganando por más de 50.000 votos y todavía falta completar el conteo.[1]

Pero las opiniones al respecto son variadas: que no hubo fraude, que hubo pero no influyó en el resultado, que Cambiemos está instalando una nueva cultura individualista en el país, que se ha convertido en un partido nacional, que lo que definió las elecciones es el muy elaborado discurso macrista, etc.

Antes que nada hay que aclarar qué se entiende por batalla cultural y qué por lucha ideológica.

Batalla cultural sugiere una lucha por obtener mayores conocimientos generales, pero se hace en abstracto, como si fuera puramente una lucha de ideas sin sustento material. Lucha ideológica se refiere a que los distintos intereses materiales de cada una de las clases sociales y sectores de clase generan determinadas ideologías para justificar y defender estos intereses. Entre éstas la única que se puede considerar verdadera es la que representa las necesidades estratégicas de la clase obrera, que al mismo tiempo representan de la forma más profunda y completa los intereses fundamentales de todos los que viven de su trabajo.

Diferenciar batalla cultural de batalla ideológica implica por lo tanto tener en cuenta los intereses y recursos materiales en juego.

Que hay que ganar la batalla “cultural” (ideológica) contra el macrismo, representante político del capital concentrado, es totalmente cierto, necesario y perentorio.

Pero que esa batalla “cultural” la está ganando el macrismo meramente con su discurso no es cierto, aunque ese discurso tiene hoy una efectividad enorme. En líneas generales la burguesía mundial lo fue elaborando y mejorando a través de siglos, y hoy se vale de la propiedad casi absoluta del aparato tecnológico de los grandes medios de comunicación, no solamente en Argentina sino en todo el mundo, para potenciar esa batalla “cultural”. Pero no solamente utiliza los medios de comunicación para comunicar mentiras, falsedades, calumnias, etc. de todo tipo, incluso hasta las más deleznables. Se vale también de todo otro tipo de delitos, como el reciente fraude electoral en las PASO, que no solamente fue una descomunal manipulación mediática, sino directamente fraude al falsear la cantidad de votos, porque no hay que dejar de tener en cuenta que si Unidad Ciudadana no estuviera controlando el recuento de los votos con toda probabilidad el escrutinio definitivo arrojaría resultados bastante similares al provisorio.

Hay que tener en claro que la batalla cultural (ideológica) no se da en igualdad de condiciones. Se la realiza sobre bases materiales sideralmente diferentes entre el macrismo y la oposición progresista y de izquierda, que con todos sus matices y diferencias coincide en el objetivo general de elevar el nivel de vida de la población, mientras Cambiemos sólo busca maximizar las ganancias del conjunto del capital concentrado internacional incluyendo su fracción local, a costa precisamente de bajar el nivel de vida de la mayoría de la población, incluyendo poco a poco también a la clase media media y la clase media alta, sectores de clase que todavía no han sentido todo el rigor del llamado “ajuste”, un eufemismo de saqueo.
La batalla ideológica que hay que dar y ganar, y a la cuál hasta ahora la oposición que está a favor del pueblo no la ha llevado a cabo en la medida necesaria, implica lograr que la mayoría de la población tenga claro cómo funciona realmente la sociedad, tarea que no es fácil ni realizable sin un gran trabajo y debate que llevará una buena cantidad de tiempo. Por de pronto tenemos que tener en cuenta los siguientes puntos:

—La existencia material determina en gran medida la conciencia.

—A medida que la situación material cambia tiende a cambiar la conciencia.

—Cambiemos está creando pobreza y miseria de abajo hacia arriba. Primero los que ya estaban en la miseria empeoran su situación, los pobres caen en la miseria, la clase media baja va cayendo poco a poco en la pobreza, la clase media media y la clase media alta van sufriendo cada vez más el deterioro de su situación económica. Por eso la conciencia actual inexorablemente va a ir modificándose a medida que más sectores sean afectados por el deterioro económico, social y democrático. Es necesario tener en cuenta la película y no solamente la foto.

—El discurso de Cambiemos hoy está engañando a mucha gente y posiblemente muchos de ellos mañana se desengañarán y su adhesión actual probablemente se transforme en un futuro cercano en un odio profundo.

—La eficacia del discurso de Cambiemos igualmente no puede subestimarse, tiene un grado elevado de influencia en una parte de la población. Se apoya en todos los sentimientos negativos y retrógados que existen soterradamente en buena parte de la sociedad, y en la represión con la que busca sumergir a la población en el miedo y la resignación.

— Frente al monopolio cuasi absoluto de los medios de comunicación por la derecha es casi imposible ganar la batalla cultural. No se puede hablar de ésta como si fuera meramente un problema de lucha ideológica en igualdad de condiciones, sino que hay que tener muy claro que es todo lo contrario, una lucha desigual a causa de la influencia de los medios de comunicación de la derecha, basado en la propiedad privada de éstos.

—Para la población en general lo que sale en Clarin, La Nacion, TN, Canal 13, Radio Mitre, etc., es la noticia, son los datos de la realidad que informa cotidianamente la prensa. No piensan que es una campaña política apoyada básicamente en la mentira, la difamación, etc. Esto es muy difícil combatirlo.
—En la oposición, tanto en el kirchnerismo, como en la izquierda, y en el resto de la clase media progresista no se ha buscado suficientemente la forma de contrarrestar la desventaja material sobre la que se asienta la lucha ideológica. Buscar la manera de vencer la influencia de ese cuasimonopolio mediático es fundamental.

—La batalla cultural de Cambiemos se apoya en la incentivación de los sentimientos más retrógados de los miembros de la sociedad: individualismo, egoísmo, falta de solidaridad, creer que cada uno sale adelante solamente con su propio esfuerzo, la “meritocracia”, la tentación de echarle la culpa de toda la situación económica a un chivo expiatorio, sin detenerse mucho a pensar, aunque es necesario tener en cuenta que la verdadera información no es la más accesible, y que para acceder a ella es necesario buscarla expresamente. Por otro lado a un gran porcentaje de la población la situación económica y las condiciones de trabajo y de vida le imposibilitan hacerlo.[2]

—No se debe perder de vista que no existe una batalla ideológica en igualdad de condiciones, esto se debe tener siempre presente en los análisis de la situación, en caso contrario se cae en el error de creer que “la gente es así” con lo cual nos colocamos en un callejón sin salida. Paulo Freire decía: “no somos así, estamos así”; nos colocan en el estado actual en el que estamos.

—La  izquierda no da la batalla cultural (ideológica) y por lo tanto la clase obrera tampoco. Faltando esto es casi imposible ganarle ésta a la derecha.

—En la Rusia de principios de siglo no pudo triunfar ni el nazismo (las centurias negras) ni el resto de las ideologías burguesas porque el partido bolchevique ganó la batalla ideológica. Esto se menciona poco y nada, pero es el pilar fundamental para el triunfo de la Revolución Rusa, y la ausencia de una política como la bolchevique fue la que permitió el triunfo del nazismo en Alemania y del fascismo en Italia, ante la claudicación en toda la línea de los partidos de izquierda, tanto la socialdemocracia como los stalinistas.
—Gran parte de la clase media ha despertado a la vida política, asume como propio el mensaje del kirchnerismo de crecimiento con inclusión social pero al ser este un movimiento de clase media no podrá ganar a largo plazo la lucha ideológica, porque fracasará en mayor o menor medida en su política de reformas, no las podrá llevar a cabo en plenitud sobre la base del Estado capitalista. Sin la intervención política de la clase obrera es imposible el triunfo.

—El capitalismo no cierra, el plan de la derecha es incompatible con la “paz social”, es tal el deterioro del nivel de vida que provocará cada vez más que solamente podrá sobrevivir creando miedo y resignación en el conjunto del pueblo.

Si no se tiene esto en cuenta se cae en la fantasía de que este gobierno puede llegar a cambiar de política solamente con lograr reclamos masivos, aunque estas movilizaciones sean imprescindibles. El capital concentrado internacional que es el que está realmente detrás del gobierno de Macri, no está dispuesto a cambiar su política y realizará todos los fraudes, represiones, amenazas, compra de funcionarios, y todo tipo de acciones deleznables con tal de mantenerse en el gobierno, sea con Macri o con otro.

—También es erróneo decir, como se lo hace habitualmente, que tal o cual candidato ganó legítimamente las elecciones por el voto popular. Si bien el kirchnerismo jugó limpio en las elecciones, y no lo hace el macrismo, ninguna elección, aún en las democracias burguesas más radicalizadas puede considerarse legítimamente democrática.

—Para que eso suceda todos los habitantes sin excepción deberían tener el mismo acceso a la información, tendrían que poder visualizar la realidad tal cual es y no caer en el engaño de la derecha, necesitarían tener los mismos medios materiales para organizar su campaña electoral, contar con una justicia realmente imparcial, debería existir un sistema de votación directa en el cual todos los ciudadanos puedan elegir democráticamente a sus candidatos, habría que elegir un gobierno realmente del pueblo, sin división de poderes entre el ejecutivo y el parlamentario, cuyos integrantes fueran removibles y reemplazables en cualquier momento, es necesario que sea un solo país y no veinticuatro estados como es actualmente, reemplazándolos por autonomías regionales voluntariamente centralizadas,[3] debería ser un solo parlamento, no tiene que existir la cámara de senadores, que siguiendo la constitución norteamericana está destinada a garantizar el poder de la clase dominante de cada provincia-estado, sería necesario una reforma constitucional, prácticamente una nueva constitución, basada en los intereses del pueblo que vive de su trabajo y no en los de la clase dominante como es primordialmente la constitución actual. Además de todo esto se deberían dar muchas otras condiciones que sería largo de enumerar y difícil de descubrir.

Si hablar de elecciones verdaderamente democráticas es falso en cualquier democracia burguesa, llamar así a las elecciones que ha ganado Cambiemos es más falso todavía. Frente al fraude de las últimas elecciones a las PASO, resurge la sospecha de que hubo fraude en las elecciones anteriores, tanto el ballotage Scioli-Macri, como las elecciones en la ciudad de Buenos Aires, y en general en todas las que intervino Cambiemos. Hay que tener en cuenta, por ejemplo, que hubo una diferencia amplia pero no decisiva en las primarias a favor de Scioli, y que si Cambiemos lograba realizar algunos fraudes parciales a lo largo del país podría haber ganado como ganó en el ballotaje, por un punto y medio de diferencia. Es muy posible que en las provincias de Córdoba y Jujuy, donde la diferencia fue abrumadora, el fraude haya tenido que ver en alguna medida. Pequeñas cantidades de fraude habrían sido suficientes.

—Por todo esto decir que el éxito que está teniendo en buena medida Cambiemos en la batalla cultural (ideológica) se basa solamente en la eficacia de su discurso no responde a la realidad. Ha tenido una efectividad muy importante que no se puede desconocer, pero basada en toda la serie de ventajas materiales que hemos estado enumerando, y que es imperioso encontrar cómo contrarrestarlas.

—Un movimiento de clase media, por más progresivo y bien intencionado que sea, no le puede ganar la batalla cultural (ideológica) al capital concentrado internacional dueño de todos los medios de comunicación, y de la mayoría de las empresas del país, empezando por el campo, las exportadoras y los bancos. Solamente la clase obrera tiene potencialmente fuerza para hacerlo, pero necesita la existencia de un partido verdaderamente socialista, lo que no existe en la Argentina ni en el mundo, y es muy improbable que llegue a existir en los próximos años.

—Por todo esto la batalla cultural, es decir la batalla ideológica, que es la principal, la más importante, la decisiva, es muy difícil de ganar con la actual relación de fuerzas política. El kirchnerismo por su característica de clase media no podrá hacerlo, aunque puede dar la batalla por un tiempo. Debería de transformarse e impulsar la lucha de clase del proletariado y el conjunto del pueblo trabajador, es decir, debería metamorfosearse en un verdadero partido socialista. Lo utópico de esta hipótesis es innecesario demostrarlo. Esto no quiere decir que deje de ser imprescindible para todo socialista la unidad de acción con todo el progresismo que cree en la posibilidad el crecimiento con inclusión social en su plenitud, luchando juntos para que este objetivo se cumpla al máximo posible. El único ejemplo en la historia en el que un líder democrático burgués se trasformó en socialista fue Fidel Castro, cuya política consistía en derrocar a Batista e instalar una democracia burguesa que garantizara el bienestar del pueblo.[4] Después de dos años de gobernar se convenció de la imposibilidad de hacerlo sin expropiar al gran capital y asumió esa tarea.


—La batalla “cultural” (ideológica) es imprescindible darla, pero no se puede pensar, como lo hacen muchos, que depende solamente de una competencia, en “igualdad de condiciones”, de la capacidad discursiva de la derecha, del progresismo y de la izquierda cuando las bases materiales para hacerlo son sideralmente a favor de la derecha.

—Todo el progresismo no diferencia la democracia burguesa de una verdadera democracia, y no se plantea lo realmente necesario que consiste en que todas las reformas y radicalizaciones que se vayan realizando constituyan fundamentalmente pasos hacia una verdadera revolución democrática. Además afirma que estos cambios deben hacerse desde el Estado, que es el Estado el que debe estar presente, el que garantiza el crecimiento con inclusión social. Pero actúa como si ignorara que bajo el capitalismo todo Estado es el aparato de dominación de la clase capitalista, en particular del capital concentrado, y que los distintos gobiernos pueden tener un cierto grado de autonomía política, pero en lo fundamental es el capital el que es dueño del Estado, y sin desmantelar este aparato estatal y reemplazarlo por un Estado realmente del pueblo es imposible lograr verdaderos cambios radicales a favor de la población. La cuestión del Estado es decisiva, pero el progresismo la ve simplemente como un cambio de gobierno a través de estas elecciones restringidas y desparejas de la democracia burguesa mientras se mantiene el mismo aparato de dominación estatal de la clase capitalista.

Sin ganar la batalla ideológica es imposible que la lucha de la población que vive de su trabajo logre un Estado verdaderamente democrático, porque no tendrá la conciencia suficiente de la necesidad imperiosa de realizar las tareas que se requieren para lograrlo.

Carlos A. Larriera

27.8.2017
Artículos del autor en Rebelión y wwwnudosgordianos.blogspot.com (sin punto entre www y nudos gordianos)



[1] Principalmente por los informes del programa El Destape de Roberto Navarro.
[2] Se puede leer una excelente explicación de Florencia Saintout de cómo influye el discurso mediático del macrismo sobre la población en Revista Contraeditorial, sábado 19 de agosto de 2017, año 1, nro 1, entrevista de Victor Hugo Morales a Florencia Saintout “Formo parte de una generación que en los ’90 terminó creyendo que nada se podía hacer”.
[3] C. A. Larriera, ¿Federalismo o 24 Estados?, Rebelion, enero 2016.
[4] Joseph Morray La segunda revolución cubana. Ediciones Iguazú, Buenos Aires. 1965.