viernes, 8 de noviembre de 2013

Algunas características del gorilismo


Algunas características del gorilismo



Seguramente el gorilismo se origina por múltiples causas, pero hay algunas características típicas del gorilismo que conviene tratar de explicar lo mejor posible.

En primer lugar: ¿qué es ser gorila? Se puede responder que gorila es el que visualiza al peronismo desde un punto de vista diferente al de la clase obrera. Esto como concepto general. No nos referimos al punto de vista revolucionario de la clase obrera, sino desde donde se ubica, en primera instancia, la clase obrera para caracterizar al peronismo.

El peronismo[1] ha significado una mejora sustancial en el nivel de vida de los obreros. A partir de ese hecho, ningún obrero puede ver al peronismo como algo que hay que rechazar de plano. Es decir es imposible, hablando en general, que un obrero sea gorila, que odie al peronismo como un gorila, que lo considere su enemigo principal, etc.

A medida que algunos obreros van adquiriendo conciencia revolucionaria, junto con una reivindicación fáctica del peronismo en cuanto su rol en el mejoramiento del nivel de vida, van también visualizando el atraso a que somete a los obreros al educarlos en la conciliación de clases, en la creencia que bajo el capitalismo se puede lograr plenamente la “justicia social”, o en términos actuales “el crecimiento con inclusión social”. Pero adquirir conciencia revolucionaria no hace gorila al obrero. Al visualizar al peronismo como enemigo de la estrategia revolucionaria, no por eso se olvida de la mejora del nivel de vida a la que se llega bajo un gobierno peronista. Ningún obrero puede permanecer indiferente ante esa mejora. La defensa de los logros en ese sentido es natural para los trabajadores. Los obreros sólo estarán dispuestos a arriesgar esos logros si comprenden la necesidad de llevar adelante la revolución social, cuyo objetivo no es solamente reformas, sino un cambio radical del modo de producción social, el reemplazo del capitalismo por el socialismo.

Los gorilas de derecha son principalmente los grandes capitalistas, pero es en general el conjunto de la burguesía y los sectores de clase media que sienten miedo de perder las pequeñas ventajas económicas y sociales obtenidas frente a un aumento de la distribución del ingreso. Los empresarios que dependen del mercado interno tienen, generalmente, una ideología “mezclada”, gorilas por su condición de clase, pero no tanto porque durante cierto tiempo se ven favorecidos por las políticas distribucionistas.

Ahora bien, también hay gorilas dentro de la izquierda. Tienen de común con los gorilas de derecha que no se colocan en el punto de vista de la clase obrera. Pero los gorilas de izquierda odian al peronismo por motivos diferentes que los gorilas de derecha. Los gorilas de derecha odian que una pequeña parte de sus ganancias se redistribuya para mejorar el nivel de vida de los obreros. Odian el aspecto reformista, de mejora social del peronismo. Los gorilas de izquierda, en cambio, odian la intoxicación ideológica, la confusión ideológica a que somete el peronismo a los obreros. Son concientes de que el peronismo es un obstáculo muy fuerte contra la elevación de la conciencia revolucionaria de la clase obrera; pero se sienten incapaces de ganar la lucha ideológica contra el peronismo y entonces caen en desear el alejamiento del peronismo del gobierno, para que no siga instalando, en los obreros, la política de conciliación de clases, apoyándose en sus reformas.

Y es en este punto donde los gorilas de izquierda se vuelven realmente gorilas, y odian implacablemente al peronismo. Pero la idea de que se agote rápidamente el peronismo en el gobierno, para que “no siga haciendo daño ideológico al proletariado”, tiende a producir un efecto opuesto al buscado. Como pasó después del ’55, la ausencia del peronismo en el gobierno lleva a los trabajadores a apoyar al peronismo más que nunca, con la esperanza de que un retorno del mismo redundará en un nuevo mejoramiento del nivel de vida. El alejamiento del peronismo del gobierno antes de que se agote la experiencia de los trabajadores con su política, lejos de eliminar su influencia ideológica sobre los trabajadores, tiende a perpetuarla.

Las masas aprenden con experiencias de masas. La experiencia de masas de mejoras sociales reales bajo un gobierno peronista es muy fuerte. Alejado el peronismo del gobierno, se consolida la identificación que hacen los trabajadores entre gobierno peronista y mejoras sociales. Por esta razón cuando el peronismo está fuera del gobierno, es muy difícil lograr que los trabajadores adquieran conciencia de que una mejora realmente profunda del nivel de vida sólo puede lograrse con la revolución social. La política de los gorilas de izquierda de alejamiento del peronismo del gobierno para desactivar su nefasta influencia ideológica, si triunfa, habrá logrado lo opuesto, consolidar la influencia ideológica del peronismo sobre los trabajadores.

El problema de los gorilas de izquierda es que no creen en la posibilidad de un triunfo ideológico de izquierda sobre el peronismo. La realidad es que sí se puede ganar esa lucha ideológica. El marxismo verdadero siempre ganará la lucha ideológica contra el populismo. Sucede que los gorilas de izquierda, no son en realidad verdaderos marxistas, no saben o no quieren dar la batalla ideológica marxista contra los populistas.

Y para ganar esa batalla ideológica el marxismo debe buscar que se agote la experiencia de los trabajadores con el peronismo, pero que se agote como experiencia de masas, que las intenciones declaradas del kirchnerismo de crecimiento con inclusión social alcancen su máximo desarrollo posible bajo el capitalismo. De esa manera los trabajadores comprobarán como experiencia de masas que aún en las condiciones más favorables —aún cuando el kirchnerismo haya podido desarrollar al máximo su política, contando, entre otras cosas, por ejemplo, con mayoría absoluta en el parlamento— el kirchnerismo no puede lograr realmente un crecimiento con inclusión social sustentable en el tiempo que merezca ese nombre. Ese es el camino para superar la influencia ideológica negativa del kirchnerismo sobre los trabajadores. Desde ya que no basta con la experiencia de masas, ésta debe ser acompañada por las explicaciones que el marxismo puede y debe acercar al conjunto de los trabajadores sobre la naturaleza del capitalismo, sobre el rol de todas las clases sociales, etc., de manera que los trabajadores puedan comprender, cabalmente, las razones por las cuales el kirchnerismo no puede lograr un verdadero crecimiento con inclusión social, por más que lo intentara consecuentemente. Los propios límites capitalistas que se autoimpone el kirchnerismo le impide, inexorablemente, lograr un pleno crecimiento con inclusión social.

El marxismo debe luchar en primera fila por las reformas, impulsar al máximo posible la cantidad y calidad de las reformas. De este modo el marxismo no solamente no se opone a las reformas, sino que impulsa la mejor reforma posible, sea o no la propuesta por el gobierno.

La única diferencia entre los marxistas y los trabajadores kirchneristas y no kirchneristas es su estrategia de revolución social. Al mismo tiempo que se lucha por las reformas, el marxismo debe explicar incansablemente a los trabajadores todos los aspectos de la sociedad, especialmente las dificultades que encuentra el kirchnerismo en los límites que impone el capitalismo a las reformas.

Luchar juntos por las reformas bajo el capitalismo, y cuando el kirchnerismo encuentre límites insalvables (y los encontrará inevitablemente), si el marxismo ha cumplido además con su tarea explicativa, desnudando la verdadera naturaleza del capitalismo, los obreros habrán elevado su conciencia revolucionaria en la medida necesaria para avanzar hacia la revolución social, en lugar de que los límites del kirchnerismo generen la desmoralización y la derrota de la clase obrera.

De esta manera el marxismo puede y debe estar a la vanguardia de las lucha por las reformas, mientras explica permanentemente la necesidad de revolución social, preparando las condiciones subjetivas para que los obreros adquieran conciencia de su necesidad y pasen a la acción.

Hoy existe una oportunidad histórica: mientras más consecuente sea el kirchnerismo en intentar el crecimiento con inclusión social, más evidentes se verán día tras día los inconvenientes insalvables que opone el capitalismo. Ya no es solamente una idea utópica de la Juventud Peronista de los ’70. Ahora es un intento real del gobierno —más o menos consecuente—. El marxismo sabrá utilizar todos los impedimentos que pone el capitalismo a este intento para explicar a los trabajadores la verdadera naturaleza del capital y la inexorable necesidad de la revolución social.

El gorilismo de izquierda sigue un camino equivocado, quiere que se vaya el gobierno kirchnerista, con lo cual en lugar de contrarrestarla tiende a perpetuar su influencia ideológica sobre los trabajadores al impedirles agotar sus expectativas en el kirchnerismo a través de una experiencia de masas en su máximo desarrollo.

Carlos A. Larriera
8.11.13



[1] El gobierno de Menem no puede ser incluido dentro de la denominación “peronismo” en el sentido de gobiernos populistas realizadores de reformas y distribuciones progresivas del ingreso. En realidad el gobierno de Menem fue lo contrario: anulación de reformas y redistribución regresiva del ingreso. Algo similar al gobierno de Menem puede decirse de la segunda parte del gobierno peronista ’73-’76.

domingo, 3 de noviembre de 2013

Perspectivas después de las elecciones de octubre de 2013

Perspectivas después de las elecciones de octubre de 2013




Las elecciones presentaron un panorama dual. La victoria amplia de Massa en la provincia de Buenos Aires, las derrotas del kirchnerismo en el resto las principales provincias de la pampa húmeda, Santa Fe y Cordoba, y en Mendoza, entre otras. Y el triunfo del kirchnerismo a nivel nacional, con el 33.27 % para diputados y 39.37 % para senadores de los votos totales, consolidándose como la primera minoría y manteniendo quorum propio en ambas cámaras.

La pregunta es qué pasará en las elecciones presidenciales del 2015. Si bien falta mucho, es recomendable un primer análisis de las tendencias que se vislumbran.

Las debilidades del Frente para la Victoria

Las usinas de la derecha difunden la idea de que este gobierno ha agotado su política y deberá tomar medidas cercanas al neoliberalismo, o directamente neoliberales. Sugieren que este gobierno ha hecho todo mal y la única salida es el “ajuste”, y que le dejará este ajuste al próximo gobierno. Y que en el corto plazo deberá de alguna manera devaluar, negociar con los organismos financieros internacionales, promover el ingreso de capitales (no lo dicen pero se refieren a capitales especulativos), etc .

Y dentro de las filas kirchneristas hay algunos que vacilan frente a la posibilidad de tomar alguna de estas medidas.

Lo cierto es que este gobierno se enfrenta con problemas que hasta ahora no ha podido resolver: la inflación y la escasez de divisas.

La inflación se debe fundamentalmente a la estructura oligopólica y extranjerizada de la mayoría de las empresas que proveen al mercado interno. Pero el gobierno no ha podido enfrentar y controlar a estos oligopolios. Y muchos de ellos son los que impulsan a la derecha destituyente.

La escasez de divisas tiene como problema endémico la evasión y la fuga de las mismas. Es cierto que entre las importaciones de la industria automotriz, de combustibles y el turismo se va gran parte del superávit comercial (exportaciones menos importaciones). Pero sin evasión y fuga el escenario sería muy distinto, y probablemente no habría escasez de divisas a pesar de todo[i].

La evasión (el no ingreso de las divisas en su totalidad) y la fuga (a través de los bancos) no ha podido ser evitada satisfactoriamente por el gobierno. Si no se evadiera el ingreso de divisas provenientes de las exportaciones, y no se fugaran divisas a través de transferencias bancarias (que convierten pesos en dólares de sus clientes y debitan los dólares que transfieren al exterior de las reservas del banco central), la tenencia de divisas (reservas) por parte del Banco Central sería seguramente suficiente. En este momento, por ejemplo, las patronales del campo demoran en liquidar las divisas de sus exportaciones.

La Argentina produce divisas suficientes para cubrir todas las necesidades de pagos al exterior pero gran parte de esas divisas o se evade de ingresarlas al país, y quedan en las cuentas de los exportadores en bancos del exterior, o se fugan del país a través de transferencias bancarias con débito a las reservas del banco central.[ii]

¿Cómo puede solucionar esto el gobierno? En un sentido general no tiene solución bajo el capitalismo, y tampoco tendrá una solución total durante la construcción del socialismo vía revolución social.

Una aproximación a la solución sería la estatización del comercio exterior y los bancos, por un lado, y también la estatización de los oligopolios que suban los precios sin aumentos de costos reales. Pero, en primer lugar, la política del gobierno es otra, básicamente se basa en el supuesto buen comportamiento de las empresas. El gobierno sólo actúa cuando como en el caso de Aerolíneas, Repsol y los ferrocarriles en este momento los desastres de las empresas privatizadas o privadas son calamitosos y la estatización es una necesidad imperiosa.

Además de no ser la estatización la política central del gobierno, por otro lado no necesariamente cuenta con relación de fuerzas para estas estatizaciones. En cierto modo va construyendo esta relación de fuerzas, pero con una debilidad fundamental. Para estatizar los oligopolios, el comercio exterior, los bancos, etc., la única clase social que puede proveer la fuerza necesaria para hacerlo es la clase obrera. Y este gobierno coloca a la clase obrera en un lugar político subordinado, la educa en la conciliación de clases, la educa en aceptar la conducción política de la burguesía. En estas condiciones la fuerza política necesaria de la clase obrera está semiausente.

Este gobierno lleva adelante una política burguesa, pero es esencialmente un gobierno de clase media, tiene una política burguesa desde una visión de clase media, originada en la ideología de la JP de los ‘60/’70. Desde la perspectiva burguesa de clase media la lucha de este gobierno es notable, inédita en la historia argentina. Pero tiene los límites que hemos descripto. Si el gobierno mantiene la dosis de coraje que ha tenido hasta ahora, con todas sus limitaciones, y sigue tomando medidas progresivas, rompiendo barreras hasta ahora infranqueables, y se encamina a una mayor estatización, aunque sea parcial, podrá avanzar hacia la disminución de los problemas de inflación y escasez de divisas, reduciéndolos a una medida tolerable. Si vacila, y se desvía hacia medidas cercanas al neoliberalismo, se estará autodebilitando y colocándose cada vez más en manos de la oposición de derecha destituyente.

También se habla de las debilidades comunicacionales del kirchnerismo, y de la falta de una táctica electoral que dé resultados más positivos. Si bien son temas que necesita mejorar, si el kirchnerismo se encierra en esta problemática desnaturalizará su propia esencia, correrá el riesgo de relegar a un segundo plano lo que es la base principal de toda su política. Los votos a favor del gobierno, su núcleo duro, son los votos de personas que reconocen los beneficios de las muchas reformas que ha llevado este gobierno adelante. Sin abundar, se puede mencionar el agua potable, las cloacas, la electrificación de todo el norte argentino y en general en todo el país, el Plan Procrear, la construcción de viviendas en base a cooperativas con la financiación del gobierno, la AUH, las jubilaciones, los millones de nuevos empleos, etc., etc. Una gran parte de los ciudadanos que han sido beneficiados con estas medidas aprecian y valoran los cambios en su situación social y son votos firmes para el kirchnerismo. Ese es el camino elegido por Néstor y Cristina Kirchner, y profundizado durante la gestión de la presidenta. Ese es un voto genuino, fuerte, duradero. Pero se encuentra con la fenomenal campaña mediática de la derecha destituyente que obnubila a gran parte de la población. Es una pelea desigual en muchos sentidos. La existencia hace a la conciencia, la mejora material tiende a hacerse conciente, pero interfiere en este proceso la formidable campaña mediática. Pero a pesar de todo la única base política fuerte que tiene el kirchnerismo es el camino elegido de reformas sociales, y no sólo no debe relegarlo a un segundo lugar sino que necesita profundizarlo. El kirchnerismo necesita seguir haciendo de las reformas su política central si no quiere desaparecer del escenario político antes o después, de golpe o gradualmente.

En estos límites y contradicciones del kirchnerismo, que son los límites que impone el capitalismo a todo populismo, radican sus posibilidades de crecimiento o decadencia.

El problema general es que a la izquierda del kirchnerismo no hay ningún movimiento político que pueda reemplazarlo mejorando su política. En esas condiciones una destitución o una derrota electoral del kirchnerismo volverá a poner al país bajo un gobierno noventista, corregido y aumentado por el aumento de la crisis mundial, un escenario profundamente negativo para el desarrollo de la lucha de clases.

La ofensiva mediática de la derecha destituyente hace estragos. Pero tiene sus apoyaturas. La principal es el desconocimiento profundo de toda la población, en líneas generales, de cómo funciona realmente el mundo. Ese desconocimiento es impulsado permanentemente por el poder capitalista mundial, y se manifiesta en todos los niveles del conocimiento.

En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires podemos evaluar que hay un 50 % de la población que se ubica ideológicamente del centro para la izquierda, y otro 50 % del centro para la derecha. Pero hay otro 50 %, que se sitúa al centro, 25% del centro para la derecha y 25% del centro para la izquierda, y este último 50 % es extremadamente volátil, oscila fuertemente con todos los vientos ideológicos, es inestable, permanentemente oscilante. Es este 50 % el principal sector del electorado que produce permanentemente resultados que no se condicen con el 50 y 50 por ciento básico a derecha e izquierda.

En el “interior” del país es algo distinto. En provincias como el Chaco, en las que la obra pública, la electrificación, las reformas, se han llevado adelante con mucha profundidad, la votación a favor del FPV ha sido mayor del 50%. En otras provincias, como la de Buenos Aires, en la que gestión de Scioli dista mucho de haber aprovechado todas las posibilidades de obra pública y reforma que impulsaba el gobierno nacional, esta acción reformista ha sido mucho más débil. Los resultados electorales tienen mucho que ver con esto.

Estas combinaciones entre las gestiones gubernamentales y municipales con la política de obra pública y reformas impulsadas por el gobierno nacional son muy variadas, y sus resultados influyen profundamente en los resultados de la política central del kirchnerismo, de basar sus resultados electorales en la profundidad de estas políticas reformistas.

Si imaginamos un escenario utópico, en el cual el poder mediático, en lugar de denostar permanentemente al gobierno, hubiera difundido ampliamente todas las reformas del gobierno, los resultados electorales serían ampliamente favorables al gobierno.

La izquierda actual, en este caso el FIT, ha hecho una muy buena elección. Se puede pensar que también una parte de los votos kirchneristas se ha volcado a esta votación. El rol de la izquierda actual también pesará seguramente en el 2015. Es indudable que en primera vuelta la izquierda actual puede y debe votarse a sí misma. Pero en el caso que en el 2015 la foto de hoy se mantenga, o sea que exista el actual kirchnerismo y la derecha destituyente disputándose el ballotage, en ese caso no hay dudas que la izquierda actual debería votar impidiendo el triunfo de la derecha, es decir, debería votar por el kirchnerismo en el ballotage. Sobre esto no debería haber duda, toda la historia de la política electoral del bolchevismo así lo testimonia. Pero seguramente la izquierda actual no votará ninguna de las dos alternativas del ballotage, dado que en líneas generales las iguala como dos sectores de la burguesía, tan perjudiciales el uno como el otro para la clase obrera.

De cara al ballotage, de lo que se trata es de lograr el mejor escenario posible en el cual la clase obrera pueda desarrollar la lucha de clases. No cabe duda que de los dos escenarios posibles, es muchísimo peor el triunfo de la derecha destituyente.

El futuro del kirchnerismo, y la posibilidad de que las reformas que benefician a toda la población se profundicen y permanezcan en el tiempo, dependen en gran parte de que el propio kirchnerismo supere en alguna medida sus límites y contradicciones, y que la población en general logre diferenciar los dos escenarios posibles, el de un país gobernado por el kirchnerismo y un país gobernado por el noventismo aggiornado y exacerbado por la crisis mundial.

Carlos A. Larriera
1.11.13




[i] Ver suplemento en CASH de Página 12 del 3.11.13 los artículos Cómo, cuándo y dónde, por Claudio Scaletta y Made in Argentina, por Javier Lewkowicz para una información más detallada sobre estos temas.
[ii] Ver artículo Fuga de divisas y reservas del Banco Central, por Carlos A. Larriera, en Kaos en la Red y en el blog wwwnudosgordianos.blogspot.com.ar

También serán problemas durante la construcción del socialismo

Restricción externa (escasez de divisas), autoabastecimiento energético

También serán problemas durante la construcción del socialismo




La izquierda actual no realiza ninguna campaña política relacionada con la restricción externa, o con el autoabastecimiento de combustible y energía, o sobre la sustitución de importaciones.

No son los únicos problemas sobre los cuales la izquierda actual no reclama ni propone nada.

Es legítimo pensar que consideran  a estos temas como problemas interburgueses en los que no hay que involucrarse. Pero este argumento no cierra si tenemos, por ejemplo, el antecedente de las largas campañas que ha hecho la izquierda actual contra el pago de la deuda externa, que también puede ser considerado un problema interburgués (y en realidad lo es, como todos los otros mencionados).

Por otra  parte el marxismo, sin tomar partido por ningún sector burgués, debe no obstante estar muy atento a todas las divisiones y enfrentamientos de la burguesía local y mundial, y aprovecharlos de la mejor manera. Sin hacer esto la revolución social no podrá nunca realizarse con éxito.

Además todas las luchas por todo tipo de reivindicaciones que se realicen bajo el capitalismo serán inevitablemente luchas por reformas, precisamente por realizarse bajo la dominación del capital. La diferencia entre marxistas y reformistas es que el marxismo busca siempre la mejor reforma, la más radical, etc., y en todo momento mantiene, explica y hace pública su estrategia revolucionaria.

El problema de la restricción externa (la escasez de divisas) es una valla que hay que superar inexorablemente si se quiere que crezca la producción, el empleo, etc. Luchar por la mejor manera de superar la restricción externa bajo el capitalismo cae dentro de la lucha por reformas, pero es una lucha imprescindible. Tan imprescindible que inevitablemente continuará durante la construcción del socialismo vía revolución social,  y perdurará por mucho tiempo. En ese período lograr superar la restricción externa será vital.
La izquierda actual actúa como si realmente considerara que “mientras peor mejor”, da la impresión de que se limitara a apostar a que fracase el kirchnerismo, anunciando permanentemente el agotamiento del mismo, y pensara que en esa circunstancia automáticamente la izquierda pasaría a ser el principal referente de la clase obrera y el conjunto del pueblo. Pareciera pensar “cuando fracase definitivamente el kirchnerismo la única alternativa será la izquierda”.

La historia ha desmentido enorme cantidad de veces este tipo de pensamientos. Como ejemplo, el fracaso de la socialdemocracia alemana lo incentivó y lo aprovechó al nazismo, no la izquierda, entre otras razones porque la izquierda no cumplió su rol adecuadamente.

No tiene sentido desear que al gobierno le vaya mal, incluyendo de hecho que el problema de la restricción externa sea insostenible, que no haya autoabastecimiento energético, etc. Esto ocasionaría no solamente un deterioro en el nivel de vida de todos los trabajadores, sino una debilidad cada vez mayor del país frente al capital concentrado y centralizado (CCyC) internacional. Y si ya estuviéramos en la época de construcción del socialismo, nos encontraríamos en la necesidad de remontar una cuesta demasiado difícil, provocaría innumerables dificultades a esa construcción. ¿Dónde está el beneficio para la izquierda actual? Mejor dicho ¿Dónde está el beneficio para la clase obrera? La única respuesta posible es que la izquierda actual piensa que una destitución del gobierno, o una derrota electoral del mismo ayudaría a la izquierda a ganar la batalla ideológica contra la conciliación de clases que conlleva el peronismo o el kirchnerismo, y que de esa manera la clase obrera elevaría su conciencia hacia la independencia política de clase. La experiencia histórica dice, como pasó reiteradas veces con el peronismo, que el derrocamiento, la destitución, en este caso del peronismo, más que liberar a la clase obrera de esa falsa ideología, la aprisionó aún más, pues el peronismo se transformó en el recuerdo de una época en que mejoró notablemente el nivel de vida, y ese recuerdo es doblemente difícil de desmontar cuando el peronismo está ausente del gobierno.

Por el contrario, mientras más se apoye el crecimiento con inclusión social bajo el capitalismo, que es lo que impulsa el kirchnerismo, más fácil será explicar a los trabajadores los límites de ese crecimiento, más fácil será explicar los límites inexorables que plantea el propio capitalismo, y más potenciadas estarán las posibilidades de explicar la necesidad de la construcción del socialismo vía revolución social.

El conjunto de todos los trabajadores, la masa como un todo, aprende de la experiencia, precisamente, de masas. Mientras más se lleve adelante el crecimiento con inclusión social, más tenderá a agotarse la experiencia de la masa obrera con el kirchnerismo, al encontrarse con los límites capitalistas de este crecimiento. Para que la clase obrera eleve su conciencia es necesario que agote su experiencia con el kirchnerismo peronista, que se pueda llevar el intento de crecimiento con inclusión social a su máxima expresión posible bajo el capitalismo, de esa manera se tomará conciencia de que los límites capitalistas son infranqueables sin revolución social.

Hoy estamos frente a una inédita y extraordinaria oportunidad histórica que la izquierda actual no sólo desaprovecha, sino que en alguna medida obstaculiza, al confundir a la clase obrera poniendo un signo igual entre el kirchnerismo y el resto del capitalismo.

El kirchnerismo es un movimiento heredero de alguna manera de los ideales de la JP del ’70, que intenta sinceramente el crecimiento con inclusión social bajo el capitalismo. El objetivo central del kirchnerismo no es encorsetar a la clase obrera, como el peronismo de Perón, ni restablecer la plena dominación capitalista, como realizan muchos populismos, sino que sinceramente busca ese crecimiento. Si bien de hecho encorseta a la clase obrera y contribuye a restablecer la plena dominación capitalista, no por eso deja de ser cierto que buscar realmente ese crecimiento. Tenemos entonces un experimento histórico inigualable. Ya no es necesario explicar en abstracto los límites capitalistas del populismo. Ahora se los puede explicar con los hechos cotidianos, día por día, obstáculo capitalista tras obstáculo capitalista.

El verdadero marxismo tiene la oportunidad y la obligación de explicar paciente y perseverantemente a la clase obrera las razones capitalistas por las cuales este gobierno encuentra y encontrará a cada paso dificultades de todo tipo para lograr el crecimiento con inclusión social. Pero no se trata de explicar, y al mismo obstaculizar los intentos de crecimiento económico que impulsa el gobierno. Se trata de ayudar lo más posible a que los obstáculos que pone el capitalismo sean vencidos, uno a uno, y de la manera más radical. Y la explicación debe apoyarse en este esfuerzo llevado al máximo de sus posibilidades, porque de esa manera resaltará con absoluta claridad hasta qué punto estos límites capitalistas son insuperables sin revolución social.

De esta manera, mientras se lucha junto con los trabajadores por el máximo crecimiento con inclusión social posible bajo el capitalismo, el marxismo encontrará el escenario óptimo para explicar a los obreros los límites infranqueables del capitalismo, podrá hacerlo explicando día por día la naturaleza capitalista de los obstáculos que se presentan sucesivamente.

Carlos A. Larriera


1.11.13 

Fuga de divisas y reservas del Banco Central



La fuga de divisas ha tenido siempre como principal canal a los bancos que operan en el país. Es a través de los bancos que sus clientes, en particular los grandes empresarios, transfieren dólares a sus cuentas en bancos del exterior para lo cual aportan solamente pesos, generalmente con débito a su cuenta corriente en el banco que hace la transferencia. Normalmente los dólares no los aporta el cliente ni tampoco el banco que hace la transferencia sino que el banco debita a su cliente el equivalente en pesos, y con esos pesos compra los dólares al Banco Central para transferirlos al exterior. Es decir, los dólares se debitan de las reservas del Banco Central. Este mecanismo es conocido por todos los que transitan el mundo de los negocios, pero no por el ciudadano común. Este artículo intenta llevar al gran público el conocimiento de esta operatoria.

No solamente es conocido en el mundo de los negocios, sino que surge claramente, por ejemplo, en el Informe Final de la Comision Investigadora de la Cámara de Diputados sobre Fuga de Divisas de la Argentina durante el año 2001: [1]

“…el sector privado no financiero es el agente más dinámico de la fuga de divisas mientras el sistema financiero opera como “autopista” que vehiculiza la salida de capitales, mientras al sector público le cabe el papel de garante de dicho proceso, mediante la disponibilidad de sus reservas y la ausencia de medidas que restrinjan o limiten el drenaje de divisas.” (Informe final, Comisión Especial Investigadora de la Cámara de Diputados sobre Fuga de Divisas de la Argentina durante el año 2001¸ Buenos Aires, Siglo XXI Editores, 2005, y FLACSO). [2]

El sector privado no financiero obviamente se refiere a personas o empresas. El sistema financiero que opera como “autopista” son fundamentalmente los bancos privados. Al sector público le cabe el papel de garante de dicho proceso: [3]

Mediante la disponibilidad de divisas (las reservas del banco central disponibles para la fuga de divisas)

Y la ausencia de medidas que restrinjan o limiten el drenaje de divisas. O sea, el BCRA no ejerció en el 2001 el más mínimo control sobre esta fuga, siendo que esta fuga le reduce sus propias reservas.

Eso ha sucedido en general siempre, con mayor o menor liberalidad por parte del Banco Central.

¿Por qué razón el BCRA permite, de hecho, esta fuga de divisas? En primer lugar el mecanismo general para transferir divisas el exterior en pago de importaciones, turismo, utilidades de empresas extranjeras radicadas en el país y muchos otros rubros, es el descripto. Esto implica que la transferencia como tal no se puede prohibir. Lo que es necesario controlar es que esas transferencias respondan a operaciones autorizadas y no a fuga de divisas.

Con algunas excepciones el Banco Central es el depositario de todas las divisas que ingresan al país, por exportaciones, préstamos, inversiones de capital, etc. El Banco Central compra esos dólares a cambio de pesos, constituyéndose de esa manera sus reservas. La forma más genuina de constituir las reservas es con las divisas provenientes de las exportaciones.

Las reservas de divisas del Banco Central son necesarias, porque no puede quedar librado en forma absoluta al designio particular de personas o empresas el uso de esas divisas, dado que éstas son la única forma de pago que existe para cubrir todas las necesidades de la población de productos extranjeros.

La legislación en materia cambiaria ha cambiado muchas veces, pero en general siempre se exigió la liquidación de divisas por exportaciones, así como de otros rubros. Es decir, las empresas que exportan y cobran obviamente en divisas, generalmente dólares, deben vender esos dólares al BCRA a cambio del equivalente en pesos.

Esta política se ha mantenido en el tiempo, más allá de los cambios en la legislación. Esto significa que si los dólares se los queda el BCRA bajo la forma de reservas, evidentemente existe un concepto aceptado que debe haber una administración estatal, nacional, de las divisas. De hecho se admite que las divisas son de todos los argentinos, que su cantidad es limitada, y que su uso debe tener una racionalidad en función de las necesidades de todos los argentinos, de las necesidades “del país”. No debe olvidarse que la única forma de comprar cualquier cosa en el exterior es pagando con divisas (dólares).

Por otro lado vivimos en un sistema en que se reconoce la propiedad privada del capital, de manera que cualquiera puede hacer lo que quiera con su dinero. Entonces se plantea el interrogante, ¿Las divisas son propiedad privada del exportador, o pertenecen al estado, al banco central, a todos los argentinos? 

Aparentemente la respuesta es dual. Por el sistema penal cambiario deben liquidarse (venderse al banco central) las divisas (al menos las de las exportaciones), por la propiedad privada capitalista parecería que deberían ser del exportador.

En la práctica estos dos criterios se cruzan. Se liquidan las divisas (previa la evasión de una parte de las mismas que surge de la subfacturación de exportaciones), [4] pero se pueden fugar divisas a través de los bancos. O sea, se liquidan las divisas, y aumentan las reservas del banco central, se fugan divisas y vuelven a disminuir las reservas.

A pesar del Informe Final de la Comisión Especial de la Cámara de Diputados, la mayoría de la población desconoce estos mecanismos.

Generalmente se supone que cuando alguien lleva pesos a un banco, y este banco le transfiere los dólares equivalentes a una cuenta en el exterior, el banco en cuestión vende sus propios dólares, con lo cual toda la operación resultaría ser una transacción entre privados que no podría ser objetada.

Pero no es así. Ningún banco que realiza esa transferencia aporta sus propios dólares. El banco acredita la cuenta del cliente en dólares en el exterior pero a su vez debitando a la cuenta que ese mismo banco mantiene con el banco central, o sea debitándole los dólares al banco central. Es decir, el banco que realiza la transferencia actúa meramente como intermediario de la transferencia de dólares. La operación real es un cliente que pone pesos y el banco central que pone los dólares de sus reservas.

De hecho, el Banco Central siempre ha permitido este mecanismo, en mayor o menor medida. Habría que ver hasta qué punto hoy en día lo sigue permitiendo, y hasta qué punto las leyes y reglamentaciones vigentes lo autorizan para efectuar un control estricto. Y hasta qué punto, en todo caso este estricto control es viable en la práctica. Por otro lado todo control contará con las críticas más feroces de las grandes empresas que realizan la fuga de capitales, a quienes les hacen coro muchos pequeños ahorristas en dólares. Y mientras más estricto sea el control, mayores serán las críticas y las campañas mediáticas en contra. [5]

Como el mecanismo descripto es el habitual en todas las transferencias de divisas que se hacen al exterior, no sólo por importaciones, resulta muy difícil el control de la naturaleza de la transferencia por parte del Banco Central, porque auditar que todas las operaciones correspondan a operaciones autorizadas y no meramente a una fuga de divisas se complica mucho por la diversidad misma de estas operaciones.

Lo primero, lo más importante, lo más necesario, es que toda la población tenga bien en claro cuál es el mecanismo concreto de la fuga de divisas, saber que se realiza a la luz del día a través de los bancos que hacen de intermediarios entre el que fuga divisas, que aporta pesos, y el banco central, que permite que los dólares equivalentes se los debiten de sus reservas, reservas que son indispensables para garantizar todos los pagos al exterior necesarios e imprescindibles para que la economía del país funcione.

Carlos A. Larriera

1.11.13


[1] Los economistas Eduardo Basualdo y Matías Kulfas publicaron un extenso artículo en la revista Realidad Ecónomica nº 173, del 1.7.2000: Fuga de capitales y endeudamiento externo en la Argentina”.
[1] Claudio Scaletta comenta este Informe Final en un artículo en Página 12 del 27.10.2013 Los bancos actuaron de autopistas para la fuga de capitales en Argentina”
[1] Es usual que los exportadores declaren al Estado en su documentación de exportación un importe menor del que realmente les paga el importador del exterior. Cuando se cumplen todos los trámites de exportación y el importador del exterior efectúa el pago a través de un banco en el extranjero, normalmente se transfiere al banco de Argentina el importe declarado por el exportador, y la diferencia se deposita en una simple cuenta corriente del exportador en el extranjero perteneciente al mismo banco del exterior que hace la transferencia. Esto no es ningún secreto, es una operatoria habitual tanto de los bancos del exterior como de los bancos locales.
[1] Roberto Feletti se refirió de alguna manera a este tema en un reportaje del diario Página 12 del martes 25.9.12: Para la derecha las reservas del Banco Central son el reaseguro para dolarizar sus ganancias y fugar capitales. La decisión del Gobierno de disponer esos activos para disminuir la deuda externa o equipar sus empresas públicas los pone muy nerviosos porque pierden un mecanismo para convertir sus ganancias en moneda extranjera.”

miércoles, 16 de octubre de 2013

Lo que puede haber detrás del posible default de Estados Unidos



No resulta muy plausible que el Partido Republicano mantenga su negativa de elevar el límite de financiación de EE.UU. por la sola razón de tratar de impedir que se aplique el programa de salud votado en el 2010. La disminución de ganancias que pueda tener el negocio de la salud no guarda proporción con las tremendas consecuencias para la economía mundial de un default de EE.UU. Tampoco parece posible que los republicanos lleven su exigencia de baja del gasto público al extremo del default. Por consiguiente es lícito presumir que tiene que haber causas de fondo que expliquen que la negativa republicana realmente desencadene el default de EE.UU.

Solamente el anuncio por parte del presidente Obama del peligro del default, con fecha fija este jueves 17 de octubre tiene, a primera vista, implicancias indudables. Sembrar incertidumbre oficialmente sobre la capacidad de EE.UU. de pagar los títulos de deuda religiosamente a su vencimiento implica, inevitablemente, que la confianza histórica en esos títulos ha llegado a su fin. Eso solo no es default, pero coloca a EE.UU. en una situación de mayor debilidad. Si hasta ahora se sabía que la confianza en los títulos de EE.UU. tenía pocas probabilidades de perpetuarse, este anuncio de Obama, y la confirmación de la preocupación del tesoro de los EE.UU. por las consecuencias catastróficas del posible default, instala definitivamente la cuenta regresiva en la confianza en esos títulos.[1]

Los republicanos son los representantes más recalcitrantes del capital concentrado y centralizado (CCyC) norteamericano. No es concebible que sus acciones vayan en contra de los intereses objetivos del propio CCyC. EE.UU. sobrevive económicamente en forma artificial en base al endeudamiento (mayormente vía títulos) y a la capacidad de emitir dólares como moneda no sólo local sino también internacional. El default afectará profundamente los dos aspectos: EE.UU. perderá capacidad de vivir endeudándose, y también la posibilidad de emitir moneda con poder de pago internacional. ¿Puede pensarse que el CCyC alegremente perderá estas ventajas decisivas? ¿O que los republicanos actuarán independientemente de los intereses del CCyC? ¿O que los republicanos privilegiarán el negocio privado de la salud y la reducción del gasto público en detrimento de la pérdida de la capacidad de endeudamiento y emisión de moneda mundial? Indudablemente no. Tiene que existir otra razón. Llegado a este punto en el razonamiento, es lícito presumir que EE.UU. ya está, de hecho, en default. En realidad hace mucho tiempo que lo está, sólo ha estado sobreviviendo endeudándose y emitiendo dólares. Pero ahora, aparentemente, EE.UU. ya no puede seguir haciéndolo. Y tampoco puede vivir sin endeudarse y sin emitir dólares continuamente. Aparentemente el propio CCyC norteamericano ha visualizado que en cualquier momento el default estallará, por más que se quiera evitar. La conclusión lógica es que frente a esta situación la política del CCyC sea provocar un default que de todas maneras ya es inevitable, pero provocarlo en los tiempos y condiciones que más favorezcan al CCyC y más le trasladen los efectos negativos al resto del capitalismo mundial y principalmente a los pueblos del mundo.

Es difícil precisar cuáles son y serán los mecanismos económicos y financieros concretos a través de los cuales el CCyC norteamericano logrará traspasarle los mayores efectos del default al resto del mundo. Pero todo parece apuntar que ese es el verdadero trasfondo de esta amenaza de default.

Por lo pronto, las grandes empresas norteamericanas están comprando oro. Frente a un default, el valor del oro indudablemente se potenciará.[2]  Hay versiones que se está planificando una especie de apagón informático para el día del default. También que EE.UU. podría decretar la ley marcial para contener a la población que se enfurezca cuando el default se produzca.[3]   Seguramente el CCyC habrá posicionado sus capitales de la mejor manera para ser los menos afectados por el default. En este sentido se puede pensar que las emisiones del tesoro de EE.UU., para salvar a los bancos, han concluido su objetivo principal: salvar el capital del CCyC norteamericano. Es evidente que el CCyC es el principal jugador de la timba financiera que estalló con la crisis del 2008. Si bien el “capital” del CCyC en esa timba era mayormente capital ficticio [4] el CCyC lo consideraba indudablemente como “su” capital. Recuperar ese capital tóxico y ficticio como capital real fue el primer objetivo del CCyC. Una vez logrado esto, el sinceramiento del default latente de EE.UU. es el mal menor para el CCyC y un recurso desesperado para transmitirle la crisis al resto del mundo y mejorar su posición de poder relativa.

Una aclaración. Los dólares son todos iguales. Entre otras características, son medio de circulación. Si el CCyC poseía la mayor parte de los activos tóxicos, una vez que se supo oficialmente que eran tóxicos, en 2008 dejaron de ser un equivalente fáctico de capital real, ya nadie los compraría. El estado norteamericano, a través de la emisión de dólares, canjeó ese capital tóxico por dólares comunes y corrientes. Con esos dólares el CCyC se libró de los títulos tóxicos, compró oro y realizó todas las inversiones que consideró que lo resguardarían de un posible default, por ejemplo bienes no necesariamente valuados en dólares o cuyo valor intrínseco podría sobrevivir mejor a un default. Completado este proceso, el CCyC está en condiciones mínimas como para declarar vía libre al default.

Algo más o menos equivalente es probable que haya sucedido y esté sucediendo. Es muy difícil prever lo que va a suceder. El CCyC puede también evaluar otras alternativas o incluso, decidir postergar el default; pero lo importante es tener en cuenta esta posibilidad de pasar a la ofensiva con el default, porque surge lógicamente de toda la situación.

¿Cómo enfrentar este cataclismo si el CCyC finalmente desencadena el default? Es imposible saberlo en detalle. En primer lugar hay que tener conciencia real de la naturaleza del problema y de su dimensión. Esto es fundamental porque evitará que la resistencia de los pueblos, que indudablemente se producirá, se encarrile por infinitos caminos secundarios que no conducirían a soluciones efectivas. Se podrán desarrollar indudablemente, luchas que logren algunos paliativos mayores o menores. Pero la única solución de fondo es la expropiación del capitalismo que sólo será posible mediante la revolución social. Y para que exista revolución social, es imprescindible una revolución democrática y la elevación de la conciencia de la clase obrera y del conjunto de la población.

Carlos A. Larriera

15.10.13

[1]Ver artículo de Stella Calloni en Miradas al Sur del 13.10.13, Obama, un presidente cercado, por ejemplo el párrafo: ““Si Estados Unidos pone a su deuda en default, se corre el peligro de enviar una señal a los mercados de que el país no es un tomador de préstamos creíble. Y a la vista del volumen de la deuda que circula en el sistema estadunidense, eso podría ser catastrófico”, advirtió desde Australia David Smith, del Centro de Estudios sobre Estados Unidos de la Universidad de Sydney.” http://sur.infonews.com/notas/obama-un-presidente-cercado.

[2] En el link Actualidad RT se puede leer, por ejemplo: “ La Reserva Federal de EE.UU. (Fed) baja artificialmente los precios de oro para defender al dólar, que se encuentra sometido a una enorme presión en medio del desacuerdo político para el aumento del límite de endeudamiento del país, afirman expertos. Según el sitio Arabian Money, la Fed crea condiciones para generar pánico entre los inversores en oro. No lo hace directamente, sino en connivencia con los dos mayores bancos de oro. Los bancos cierran ventas cortas para la Fed en los mercados de oro [una estrategia controvertida con la que se hace dinero cuando las acciones caen] y los operadores de venta larga pueden observarlo con claridad. Ante una crisis importante de devaluación del dólar como la que seguiría a un fracaso para elevar el techo de la deuda el 17 de octubre, el oro sería el rey. A cambio de sus servicios los bancos de oro obtienen información privilegiada sobre el mercado para que puedan empezar a unirse al otro lado del comercio, mientras que los participantes del mercado libre son engañados, de tal forma que -advierte el sitio- cuando usted lee los pronósticos de Goldman Sachs acerca de la necesidad de vender el oro, en realidad ellos están comprando. "Estos bancos compran oro preparándose para la próxima oscilación del péndulo, cuando la Fed pierda aún más el control sobre el dólar y los mercados de bonos", indica el sitio, subrayando que "ante una crisis importante de devaluación del dólar como la que seguiría a un fracaso para elevar el techo de la deuda el 17 de octubre, el oro sería el rey", resume el sitio. Paralelamente, la ola de desconfianza que suscita el dólar se ha intensificado después de que el Bundesbank alemán exigiera la repatriación de una enorme cantidad de oro almacenado en la Reserva Federal de EE.UU., que se niega a hacerlo antes de 2020. Alemania, que mantiene allí alrededor de la mitad de sus reservas de oro, tiene razones para inquietarse, pues, en general, recuerdan numerosos expertos, las instituciones financieras de EE.UU. son conocidas por vender lo que realmente no existe.” http://actualidad.rt.com/economia/view/108316-fed-eeuu-manipular-precio-oro-dolar.

[3] Ver nota de Walter Goobar en Miradas al sur del 13.10.13, El síndrome de la bancarrota, http://sur.infonews.com/notas/el-sindrome-de-la-bancarrota, y de Ellen Brown, ¿Se prepara la Seguridad Nacional de EE.UU. para el próximo colapso de Wall Street?, del 11.10.13 en la página Rebelión. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=175291

[4] El capital ficticio es aquel capital dinero que ha perdido toda proporción con el valor real de los bienes, ha dejado de representar genuinamente este valor. Es papel fiduciario carente de valor real. 15.10.13

domingo, 1 de septiembre de 2013

No importa si hay o no armas químicas, Estados Unidos no debe atacar



No importa si hay o no armas químicas, Estados Unidos no debe atacar. Es alucinante. La hipocresía llega a niveles absolutamente alienantes. Hoy se discute en los niveles de gobierno de los distintos países y en las Naciones Unidas si las autoridades sirias usaron o no armas químicas, y de ese resultado depende que Estados Unidos “deba” o no atacar a Siria. Y lo peor es que no solo los gobiernos y la ONU discuten de esa manera, sino que muchos comentaristas políticos se manejan de la misma manera. ¿De dónde surge que EE.UU. deba “proteger” a algún pueblo? Se razona diciendo que cuando un país comete acciones inadmisibles, EE.UU. debe intervenir para impedir semejantes atrocidades. Estados Unidos sería el guardián del mundo, el portador del bien, la autoridad moral de la humanidad. ¿Puede haber hipocresía mayor? ¿Cómo alguien bien pensante puede aceptar discutir en esos términos? Estados Unidos no debe atacar sea cual sea el resultado de las investigaciones sobre las armas químicas. Está demostrado hasta el hartazgo, con hechos, sin necesidad de recurrir a ninguna teoría o a ninguna ideología, que todos los ataques e invasiones de EE.UU. contra otros países han sido para matar, saquear y destruir. Con semejantes antecedentes ¿Cómo se puede aceptar que EEUU sea el custodio moral de la humanidad? Que el poder estadounidense diga eso para justificar sus ataques a otros países está en la lógica de su política genocida internacional. Pero que políticos, periodistas, comentaristas que se dicen progresistas acepten discutir en esos términos es inadmisible. Pero la información que predomina en los medios periodísticos internacionales es esa: si hay armas químicas se justifica que EEUU ataque a Siria para “proteger a la población civil”. ¿En cuál de sus invasiones EEUU “protegió a la sociedad civil”? En ninguna, por el contrario, siempre la masacró. En la Guerra del Golfo, Yugoslavia, Irak, Afganistan, Libia, siempre con excusas similares, EE.UU. masacró, saqueó y destruyó. Son hechos irrefutables que obligan a oponerse de todas las formas posibles a la posibilidad de que EEUU ataque a Siria. El eje no debe ser si hay o no armas químicas en Siria. El eje es que de ninguna manera EEUU puede atacar a ningún país. La principal tarea es impedir que EE.UU ataque. Carlos A. Larriera 31.8.13

sábado, 3 de agosto de 2013

Problemas que puede traer la desilusión de las masas con el kirchnerismo

Problemas que puede traer la desilusión de las masas con el kirchnerismo Por más buenas intenciones que pueda tener la dirección del kirchnerismo, el crecimiento con inclusión social bajo el capitalismo es imposible, por más ampliación de la democracia burguesa que se produzca. Pero hay amplias masas de jóvenes y no tan jóvenes, de clase media, y también trabajadores, que creen en este “proyecto” y están entusiasmados con algunos resultados que ya se han producido, y esperanzados con que se logren los objetivos de inclusión social plena que proclama el kirchnerismo. Tarde o temprano, por una derrota electoral, por la imposibilidad de superar la oposición del capital concentrado, por un contagio de la crisis internacional imposible de enfrentar, por distintas causas, y seguramente por una combinación de ellas, el kirchnerismo encontrará límites infranqueables. Esto implicaría en mayor o menor medida una vuelta a una década del ’90 corregida y aumentada, y la reversión de las mejoras sociales hasta ahora realizadas. Todo esto puede producir un desánimo pronunciado en amplios sectores de masas, profundizando aún más el retroceso. Y ese desánimo provendrá principalmente de la incomprensión de las razones por las cuales el kirchnerismo fuera derrotado. Lo peor no será sólo por el retroceso y/o derrota en sí, sino la incomprensión de sus causas. Si las masas supieran hoy las razones por las cuales es utópico el proyecto, cuáles son las cosas que habría que hacer para qué no fracase, y cómo hacerlas, este conocimiento puede no alcanzar para evitar un retroceso y una derrota, pero sí para recomponer fuerzas y emprender la lucha con renovados objetivos, y desarrollar una estrategia y formas de lucha que permitan lograrlos. Concretamente, si las masas supieran hoy con absoluta claridad como funciona el capitalismo, sus diferentes sectores de clases, y todas las clases y sectores de la sociedad, y las causas inevitables de la actual crisis económica, si supieran cuál es realmente la política del capital concentrado y centralizado, si comprendieran que todo esto sólo puede lograrse con la expropiación del capital por medio de la revolución social, el balance sobre los límites del kirchnerismo se haría de una manera positiva y superadora. Hoy ese conocimiento no existe, y la izquierda actual no ayuda a desarrollarlo, cuando no confunde más todavía las cosas. La elevación de la conciencia revolucionaria de la clase obrera, su protagonismo en la lucha política de clases es entonces, como siempre, la tarea principal. Carlos A. Larriera 3.8.13

¿Cuál es la verdadera política de Francisco I?

¿Cuál es la verdadera política de Francisco I? El Papa ha hecho una verdadera campaña política en Brasil. Cualquier candidato estaría rebosante si pudiera tener la misma repercusión. En estos meses que han pasado desde su nombramiento, el Papa ha pronunciado innumerables discursos y se ha referido a muchos temas. No se puede pensar que no responden a una determinada política. El Vaticano es un conglomerado de grandes empresas capitalistas, pertenece al capital concentrado y centralizado, necesariamente debe tener al menos una de las políticas que está ensayando ese capital a nivel mundial. Aún cuando el Papa tuviera realmente buenas intenciones, no podría escapar a esa imposición. Pero es impensable que el Papa no sepa quién es quién. No puede ignorar el papel predatorio que tiene el capital concentrado a nivel mundial, cualquiera sea su lectura subjetiva de lo que percibe. El Papa está en contacto con todos los representantes del poder mundial, conoce lo que le pasa a la gente pobre, no puede ignorar lo que está pasando. No es ingenuo que llame al diálogo entre todos los sectores políticos de la burguesía gobernante y no gobernante en todos los países. Al reivindicar a Margaret Thatcher, dialogar con Macri, y muchos otros personajes de la extrema derecha mundial, de la internacional de derecha, está de alguna manera presentándolos como gente razonable y progresista con las cuales se puede dialogar. El llamado al diálogo es uno de los principales ejes de su discurso. Pero ¿Qué resultado puede tener ese diálogo entre el progresismo populista de Sudamérica y la extrema derecha? Inevitablemente, el sometimiento más o menos indirecto a la política de esa extrema derecha. El discurso del Papa tiene coincidencias fundamentales con el discurso de Capriles, él también llama al diálogo, a la unidad, etc. Y en la Argentina lo mismo hacen Macri, De Narváez, etc. Diálogo imposible, sería semejante a diagramar un viaje dos grupos de personas, unas que van a París, y otras que van a Roma. Imposible. La única posibilidad es que los dos grupos terminen yendo a uno de los dos lados, descartando el otro, todos a Roma o todos a París. ¿Y la extrema derecha está dispuesta a aceptar un diálogo que no implique imponer su política? Se habla mucho del llamado del Papa en Brasil a la juventud instándolas a salir a la calle y hacer lío. Pero ¿Desde dónde lo dice? ¿Qué quiere significar con eso? Se puede interpretar que convoca al pueblo a movilizarse reclamando por sus derechos económicos y políticos y sociales, a la salud, a la educación, etc., lo cual sería indudablemente una gran ayuda a la lucha del pueblo. Pero la inclusión de las palabras hacer lío sin ninguna especificación podría interpretarse también de otra manera. Lío también hacen los cacerolazos, intentando acumular presiones destituyentes, por ejemplo. Lío se puede interpretar de muchas maneras. Un ejemplo extremo sería el lío que llevaban a cabo las fuerzas de choque fascistas. Ya hay comentarios de oyentes de la radio de que hay jóvenes que hablaron de hacer lío contra este gobierno desde una perspectiva esencialmente destituyente. Es una política mundial del capital concentrado combinar el llamado al diálogo con la actividad de grupos que se movilizan para crear clima destituyente, llegando incluso en muchos casos a promover directamente fuerzas de choque. En Latinoamérica esto es muy claro, basta mencionar los días subsiguientes a las últimas elecciones presidenciales venezolanas. Esa es la línea que discutió la internacional de derecha reunida hacer algunos meses atrás en Rosario y Buenos Aires. Carlos A. Larriera 3.8.13

Un ausente político en la Argentina (y el mundo): la clase obrera

Un ausente político en la Argentina (y el mundo): la clase obrera



 La clase obrera argentina no tiene actuación política. Es necesario que la tenga dentro de una estrategia de revolución social. Se nota la ausencia política de la clase obrera. No es casual, Lenin en el ¿Qué hacer? planteaba que la clase obrera no puede elevar su conciencia a conciencia revolucionaria sin ayuda del exterior, debido a las condiciones de explotación que se lo impiden. Los partidos de izquierda actuales no cumplen con el rol de ayuda al proletariado a elevar su conciencia. Se limitan, al igual que los economistas criticados por Lenin en el ¿Qué hacer?, a participar de la lucha por reivindicaciones económicas. “La única esfera en que se pueden encontrar esos conocimientos es la esfera de las relaciones de todas las clases y capas con el Estado y el gobierno, la esfera de las relaciones de todas las clases entres sí”. Y más abajo: “…el ideal del socialdemócrata [comunista] no debe ser el secretario de tradeunion [sindicato] sino el tribuno popular, que sabe reaccionar contra toda manifestación de arbitrariedad y de opresión, dondequiera que se produzca y cualquiera que sea la capa o la clase social a que afecte: …que sabe aprovechar el menor detalle para exponer ante todos sus convicciones socialistas y sus reivindicaciones democráticas, para explicar a todos y cada uno la importancia emancipadora del proletariado.” Este gobierno es un gobierno que responde a la ideología utópica de la Juventud Peronista (JP) de los ’70, que creía que se podía lograr “la justicia social plena” bajo el capitalismo. Cristina Kirchner ha dicho directamente que no es revolucionaria, que reivindica a capitalistas y a obreros, trabajadores, pero que trabajen por el crecimiento con inclusión social. También afirma permanentemente que respeta las instituciones con absoluta determinación. Todas las medidas que ha tomado este gobierno –como la estatización de las jubilaciones, la AUH, etc.- que han avanzado de alguna manera sobre los límites que le impone el capital concentrado, han sido llevadas a cabo dentro de las instituciones de la democracia burguesa. Se ve día a día descarnadamente lo estrecho de estos límites, es imposible lograr plenamente el “crecimiento con inclusión social” a través de las instituciones de la democracia burguesa. El primer gobierno de Perón buscaba encorsetar a la clase obrera en sindicatos burocratizados, al mismo tiempo que les daba acceso a muchas reformas sociales. Este gobierno es un gobierno burgués, pero es y piensa como clase media, recoge la lectura que hizo la JP de los ’70, que reivindicó del primer peronismo las reformas sociales, la JP hizo de eso su eje central, y el punto de vista desde el cual caracterizó y reivindicó al primer peronismo. Durante este gobierno se han hecho avances en lo que tiene que ver con el procesamiento a los genocidas de la última dictadura. Y se han producido ampliaciones democráticas como la ley de medios (con todas las objeciones que se le pudieran hacer), el matrimonio igualitario, etc. Y las medidas económicas que también son ampliaciones democráticas, como la estatización de las jubilaciones, el aumento bianual de las mismas, la AUH, la creación de universidades y escuelas, etc. Se apoya políticamente en militantes y simpatizantes de clase media, en gran medida la juventud. Niega la independencia política de la clase obrera, se opone a toda elevación de la conciencia revolucionaria del proletariado. Desde la izquierda actual no se ayuda a la elevación de la conciencia. El gobierno se opone a esta elevación de la conciencia. La clase obrera está políticamente ausente, y se nota en la realidad social y política. No impulsa ni apoya activamente ninguna ampliación de la democracia, ni tiene un rol protagónico en la lucha contra el capital concentrado. Toda esa tarea política viene del gobierno (con todas sus limitaciones y distorsiones) o de la clase media, que no tiene política revolucionaria. La clase media no puede derrotar al capitalismo. No puede obligar al capitalismo a que acepte un “crecimiento económico con inclusión social”, la única forma de lograrlo es expropiando al capital, empezando por el capital concentrado y centralizado, y eso sólo se puede hacer con la revolución social, para lo cual es imprescindible la clase obrera. La clase obrera necesita saber cuáles son en cada momento las medidas máximas que se pueden tomar que impliquen avances democráticos, sociales y económicos para todos los trabajadores, para toda la población que vive de su trabajo. Y un verdadero partido obrero revolucionario debe explicar (“propagandizar”), agitar y organizar acciones que empujen hacia esos objetivos parciales, proclamando en todo momento su objetivo estratégico de revolución social. No hay otro camino hacia la revolución socialista. Lo contrario sería caer en posiciones anarquistas, imaginar que la conciencia revolucionaria ya está lograda, y que sólo falta “pasar a la acción”. La clase obrera debe ser combatiente de vanguardia por la democracia, y por todos los cambios económicos y sociales posibles en cada coyuntura, teniendo la revolución social como estrategia central. Carlos A. Larriera 3.8.13