martes, 28 de diciembre de 2010

Aportes y limitaciones del kirchnerismo

Entre los aportes del gobierno de los Kirchner podemos mencionar la política de derechos humanos, la estatización de la jubilación, la asignación universal por hijo, la ley de medios audiovisuales, el matrimonio igualitario... Estas medidas son, en general, producto de la lucha del pueblo, sin olvidar que si un gobierno no toma la decisión de ejecutarlas, no se producen. Una de sus decisiones fundamentales es la de no reprimir la protesta social, que, hasta ahora, se ha cumplido en gran medida, por parte del gobierno nacional. En este sentido la diferencia con gobiernos anteriores es grande.[1]

El gobierno de Kirchner pasó, en su momento, del intento de transversalidad a instrumentar acuerdos con gobernadores, intendentes, y punteros. La llamada transversalidad suponía formar un nuevo partido o movimiento, reuniendo a la parte progresista del peronismo, con todo el progresismo de los distintos partidos o tendencias políticas. Después de avanzar durante un tiempo con este proyecto, Kirchner creyó que no iba a lograrlo e intentó acuerdos con una gran parte del PJ. Es una de las razones que aduce Sabbatella para construir su partido en forma independiente. Explica que no se puede hacer la nueva política con el viejo aparato del PJ.

La presidenta continúa con este acuerdo, que es político y económico. Muchas veces lo económico significa, además, negocios comunes, como parece ser el caso de la minería a cielo abierto. Con respecto a Formosa el gobierno nacional tiene, evidentemente, acuerdos con la gobernación, que apoya al kirchnerismo. Esa relación, seguramente influye sobre la actitud del gobierno ante los asesinatos de Roberto López y Mario López de la comunidad Qom ocurridos en Formosa. A pesar del repudio y los reclamos efectuados por organismos de Derechos Humanos, organizaciones populares, y algunos partidos políticos, es llamativa la pasividad del gobierno nacional.[2]

Los Kirchner han crecido como empresarios. Tienen los inconvenientes y los compromisos de todos ellos. Tienen límites. Se diferencian del resto de la población, que vive sólo de su trabajo personal. No pueden pensar exclusivamente en función de las necesidades del pueblo, porque también tienen acuerdos e intereses empresariales.

Pero también pertenecieron a la juventud peronista en su juventud, y conocen al pueblo trabajador. No son como Macri, sienten al pueblo. ¿Cómo conviven las dos vertientes en la política kirchnerista? No se puede saber

Se puede suponer que están convencidos que es imposible hacer política sin dinero. Son empresarios, tratan de ser más poderosos como tales y van aglutinando a un sector del empresariado a su alrededor, a pesar de que éste sólo tiene intereses permanentes, y cambia de socios según las circunstancias.

Por otro lado, todas las medidas progresistas de los Kirchner son un subproducto de las grandes luchas populares del 2001 en adelante.

El propio Duhalde —que hoy en día se visualiza claramente como lo peor de la derecha, y el principal planificador de los operativos destituyentes basados en la violencia— se vio en la necesidad de dar planes trabajar durante su presidencia interina, para apaciguar un poco el clamor popular.

Cuando Kirchner asume en el 2003 ese clamor popular todavía no se había extinguido. Aún hoy no lo está, ha tomado nuevas formas. Kirchner debía tomar medidas progresistas si quería gobernar. El poder económico sabía que en ese momento no se podía gobernar de otra manera. Esa es otra razón por la cual Kirchner pudo tomar medidas progresistas. Pero, probablemente, también Kirchner quería hacerlo.

El carácter empresarial de los Kirchner se diferencia de la oposición de derecha, es decir, del gran poder económico, porque los Kirchner quieren impulsar, hasta donde les es posible, un desarrollo económico con inclusión social. Eso parece ser cierto. No son revolucionarios ni socialistas, por eso navegan dentro del posibilismo, son contradictorios y duales.

El gran poder económico, la derecha, el que gobernó durante la década del ’90, está desesperado porque este gobierno se queda —actuando como otro sector del empresariado— con parte de sus superganancias. Y, además, distribuye otra parte de esas superganancias en la población. Realiza, en cierta medida, política redistributiva. Recorta de estas dos maneras las superganancias del gran poder económico. Este odio de la oposición de derecha está potenciado por la gran crisis del capitalismo, que les exige buscar más ganancias que en cualquier otra época anterior. Además, los grandes capitalistas compiten entre sí, y el que pierde pasa a un segundo plano o desaparece como gran capitalista.

Por otro lado, el kirchnerismo, ha tomado, por lo general, medidas progresistas como reacción ante los ataques de la derecha. Tales son los casos de la estatización de la jubilación o la asignación universal por hijo. Lo bueno es que, hasta ahora, ha reaccionado en forma progresista a esos ataques.

Los errores de progresismos como Proyecto Sur, son múltiples. Esta organización política cree equivocadamente que el poder está en el gobierno, le adjudica todos los males como la pobreza. Parece ignorar lo que representa la oposición de derecha, pone un signo igual entre los Kirchner y ésta. Actúa como si no registrara su ofensiva sobre el gobierno, como si ignorara que la derecha se opone implacablemente a toda medida progresista. Parece no ser conciente de la catástrofe que sería para el pueblo si volviera a ganar la derecha, por elecciones o por maniobras destituyentes. Por otra parte, la izquierda realmente existente, comete errores parecidos. Habría que hablar de malas políticas más que de errores.

Ningún gobierno tiene todo el poder. Son gerentes del poder económico. Políticos como Carlos Raimundi lo entienden bastante bien. Cuando estos gerentes llevan adelante todo lo que el poder económico les pide, impresionan como si tuvieran una gran fuerza para gobernar. Los Kirchner han mostrado un grado considerable de independencia frente al gran poder económico, mucho mayor que cualquier otro gobierno, y una gran vocación por tomar medidas progresistas. Pero no son socialistas. La izquierda los ataca como si fueran un gobierno socialista que traicionara sus principios. Solamente es un gobierno que se maneja dentro del capitalismo y dentro de eso, toma medidas progresistas.

Todos los males como la pobreza, el trabajo en negro, el desempleo, provienen desde la dictadura militar y fueron creciendo. La concentración económica, la extensión de la frontera sojera, y muchos otros males son imposibles de impedir bajo el capitalismo para cualquier gobierno, aquí, en Estados Unidos (Obama) o en cualquier otro país. Según la coyuntura se pueden moderar o paliar los efectos nocivos de este proceso del capitalismo, pero no se pueden eliminar.

Este gobierno es responsable, formalmente es responsable de todo. Pero una cosa es mostrar pasividad frente al proceso de concentración económica, y otra cosa es ser parte de él, o promoverlo. Una cuestión es solucionar mucho o poco el problema del trabajo en negro, otra cosa es haberlo generado, o generarlo. Cierto progresismo y la izquierda actúan como si este gobierno fuera el generador primigenio de todos esos males, y como si tuviera el poder suficiente para eliminarlos.

Es un error atacar al gobierno desde el progresismo o la izquierda, pidiéndole prácticamente que sea lo que no es, que sea poco más o menos, un gobierno socialista, que piense solamente en los intereses del pueblo. También es equivocado no defender las medidas progresistas y no luchar para impedir el triunfo de la derecha.

Por otro lado, el error de muchos kirchneristas sinceros es creer que el kirchnerismo es un proyecto que puede cambiar radicalmente el país, logrando un verdadero desarrollo con inclusión social. Otro error es creer que hay que seguir la conducción del gobierno kirchnerista, pensando que ellos están capacitados para conseguir ese objetivo.

El gobierno tiene contradicciones, y las va a tener siempre, tiene zonas oscuras, como la minería a cielo abierto, los acuerdos con gobernadores e intendentes, y zonas luminosas.

Se necesita que todo ese maravilloso despertar popular que se percibió en el Bicentenario y después de la muerte de Néstor Kirchner, se traduzca en organización, y en toma de conciencia del pueblo de su propio protagonismo. Que, de una forma u otra, sea el mismo pueblo el que logre los objetivos progresistas a los que parece apuntar el kirchnerismo.

No hay que olvidar que, aún cuando el gobierno quisiera por propia iniciativa, llevar adelante todas las medidas que necesita el pueblo, no tiene fuerzas por sí solo para frenar y neutralizar al gran poder económico. A este poder no se lo puede derrotar, no se lo puede erradicar dentro del capitalismo, porque es el capitalismo mismo en su forma más desarrollada y concentrada. Sólo se lo puede frenar en alguna medida y por cierto tiempo.

Con todos los pros y los contras del kirchnerismo, el contexto en que se desarrolla la lucha del pueblo, bajo todas sus formas, durante estos dos gobiernos, es infinitamente más favorable que lo que sería el contexto en un hipotético futuro gobierno de derecha. Esta derecha es sólo saqueo y destrucción, acaparamiento insaciable de ganancias, redistribución nula, avance permanente sobre los derechos del pueblo, represión generalizada y muchos males más. No hay punto de comparación. La centroizquierda de Pino Solanas y la izquierda parecen no entenderlo. Hoy ponen un signo igual entre Cristina y Macri. Quién más quién menos se separa de este gran renacimiento de la solidaridad, la confraternidad y la lucha del pueblo, por la simple razón de que este movimiento se reivindica kirchnerista. Lo que se debe hacer es integrarse en una misma lucha con el pueblo, aún no siendo kirchnerista. El contenido y las tendencias profundas de este despertar popular va mucho más allá del kirchnerismo mismo.

Integrarse en una misma lucha con el pueblo, es imprescindible. Pretender que el pueblo se reivindique progresista o de izquierda como condición para participar en una misma lucha, no tiene sentido. Condenaría al progresismo y la izquierda a estar siempre separados de la lucha del pueblo. Integrarse en una misma lucha con el pueblo, no es integrarse con el kirchnerismo y no implica, de ninguna manera, que el progresismo y la izquierda bajen sus banderas. Cómo combinar las dos cosas pertenece al arte de la política.

Es necesario que toda oposición progresista o de izquierda se integre con el pueblo que está luchando bajo las banderas kirchneristas. Aunque no sea kirchnerista, debe apoyar todas las mejoras que realice este gobierno, y frenar todo intento de la derecha. El pueblo necesita ir por más, debe pedirle más al gobierno. Pero es necesario hacerlo movilizando, creando conciencia, organizándose, de manera que el gobierno se vea reclamado pero también fortalecido por la movilización y la demanda popular, única manera que la derecha se vea obligada a tolerar nuevas medidas progresistas.

Carlos A. Larriera

26.12.10




[1] Hoy se ha producido la detención de dos compañeros del Partido Obrero y de Causa Ferroviaria, Hospital y Murano. Desde ya nos sumamos al reclamo por su libertad. Un análisis de todo lo ocurrido no podemos hacerlo por lo reciente del hecho.

[2] El 26.12.10 se difundió la noticia que el ministro Randazzo recibirá al cacique Félix Díaz, quién permanece en huelga de hambre en la Avenida de Mayo y 9 de Julio, desde el jueves pasado, junto a otros cinco originarios. Se buscaría en esa reunión una salida al conflicto por las tierras y la seguridad de los tobas en la provincia de Formosa. (Diario Registrado)

lunes, 13 de diciembre de 2010

Fuga

Pagina 12
Miércoles, 3 de febrero de 2010 | Hoy
CARTAS DE LECTORES
Fuga
Creo que, por ejemplo, en 2001, muchos empresarios pidieron a los bancos que les debiten en su cuenta corriente en pesos y depositen dólares en algún banco de Londres o Nueva York.
El trámite contable es sencillo. El banco del exterior debita dólares al banco local y el banco local los debita al Banco Central. O sea que esa transferencia baja las reservas del Banco Central.
Roberto Feletti dijo claramente en televisión: “La derecha quiere guardar las reservas para cuando tengan que fugar divisas”.
Lo sé porque fui empleado bancario en la década del 60/70, y se hacía aún con control de cambios. El único control que tenía el Banco Central era una declaración jurada de cierre de cambios de los bancos. Nunca hubo una inspección en el banco en que yo trabajaba. Y, por supuesto, se mentía en las declaraciones juradas de cierre de cambio, se decía que era por un rubro autorizado, cuando la simple transferencia, en ese momento, no lo era.
Hoy no hay control de cambios, pero hay ciertas restricciones, y creo que se puede perfectamente debitar pesos en la Argentina y depositar dólares en el extranjero con el débito a las reservas del Banco Central.
Si esto es así, en vez de hablar de fuga de divisas a secas, hay que decir que es el Banco Central el que permite esta fuga.
El pueblo debe saberlo, hay que decirlo claramente.
Me gustaría que confirmen o corrijan mi reflexión. Y, si es posible, me detallen el mecanismo específico tal cual funciona ahora y qué posibilidades de control habría.
Carlos A. Larriera

domingo, 12 de diciembre de 2010

Villa Soldati: lo que tenemos que tener en cuenta

Esta nota pensaba llamarse El huevo de la serpiente pero ya apareció un artículo con ese título. Como se sabe es el nombre de una película de Ingmar Bergman que se refiere al germen del nazismo alemán. Por ahora hablar de nazismo o fascismo en la Argentina sería exagerado, pero que están tratando de incubar un huevo de la serpiente es un hecho cierto.
Hoy se sabe que tanto la renuncia de Alfonsín como la de De la Rúa fueron precedidas por disturbios sociales, asaltos a supermercados, etc., que no fueron espontáneos sino impulsados por punteros políticos. Fue la forma que el sector más concentrado de la burguesía que opera en el país reemplazó el golpe de estado tradicional.
Durante el gobierno de De la Rúa, el gran estallido popular del 19 y 20 de diciembre y la movilización popular de los años siguientes cambiaron el eje de la relación de fuerzas, colocando al pueblo a la ofensiva y modificando los planes originales de la gran burguesía destituyente. El intento de ésta de retomar el control de la situación provocando los asesinatos de los compañeros Kosteki y Santillán nuevamente fue frustrado por la movilización popular y Duhalde tuvo que llamar a elecciones al poco tiempo.
Lo que está sucediendo ahora de alguna manera repite, modificado, esos dos intentos desestabilizadores-golpistas.
Hay una línea de continuidad en tiempos recientes que va del rechazo de Scioli a ser candidato por el PJ federal, el ataque de fuerzas de choque (proto-fascistas) que dejó el saldo del asesinato del compañero Mariano Ferreyra, la represión de la gobernación de Formosa a la comunidad Qom, con el asesinato de dos de sus integrantes, y ahora toda esta compleja trama generada en Villa Soldati, otra vez con fuerzas de choque proto-fascistas como principales protagonistas.
Detrás de esta línea de continuidad está el intento del capital más concentrado, el que gobernó en la década menemista de retornar al gobierno. Se lo puede observar durante todo el gobierno kirchnerista, en el diario La Nación Grondona demonizaba a Kirchner aún antes que asumiera. Últimamente quisieron lograr que Scioli aceptar su candidatura por el PJ Federal, como una posibilidad cierta de competitividad frente a la candidatura de Cristina. Scioli no aceptó. Con esto se agotaron las posibilidades de la “vía pacífica”, puramente electoral. Enseguida sucedió la inesperada muerte de Kirchner, que reveló la irrupción de una gran parte de la población, sobre todo juventud, a favor de los Kirchner.
No quedaba alternativa electoral. El capital más concentrado, el de la década del ’90 —llamésmole en adelante la gran burguesía, la derecha, para simplificar— estaba desorientado. Demonizar al gobierno ya no servía, el pueblo había dado su veredicto, y además Scioli no había aceptado. Uno o dos días antes de la muerte de Kirchner sucedió la muerte de Mariano Ferreyra, ya estaba en los planes de la derecha usar la violencia como recurso desestabilizador. Pero no alcanzó. Luego sucedió lo de Formosa, pero tampoco alcanzó, y entonces sucede lo de Macri en Villa Soldati, y ahora sí la táctica de la derecha podría llegar a tener éxito.
El tenebroso discurso de Macri frente a los medios revela claramente en qué consiste utilizar las fuerzas de choque para desestabilizar al gobierno, desprestigiarlo, y ganar las elecciones
El fuerte de Cristina, de los Kirchner en general, que les trae aparejado el apoyo generalizado del pueblo, es lo que podríamos englobar en las palabras “derechos humanos”, si incluimos en esas palabras no sólo la anulación de las leyes de obediencia debida y punto final, los juicios a militares, sino también la asignación universal por hijo, la jubilación estatal, etc. Generar un enfrentamiento que sea supuestamente entre vecinos, transmitirlo todo el tiempo por televisión, y acusar al gobierno por esos hechos, tiende a destruir esa imagen progresista del gobierno. Instala el llamado problema de “seguridad” como prioridad número uno, se impone que sin seguridad no puede haber desarrollo, inclusión social, ni nada, y se cambia todo el eje de la situación política. Si esta instalación triunfa, el candidato más apto para ese escenario es alguien de la derecha más radical, en este caso, Macri.
Las dos intervenciones de Macri frente a los medios deja traslucir este plan con toda claridad. La segunda intervención, contestándole a Aníbal Fernández, que había ratificado la decisión del gobierno de no reprimir, visibilizó más claramente aún este plan. Volvió a mentir incansablemente, como siempre, y acusó al gobierno de no querer colaborar. Era desesperante escucharlo. ¿Cómo nadie le salía al cruce en algún momento? Macri hacía eje en la falta de presencia del gobierno, en la falta de colaboración. Pero dejaba oculta la verdad: Macri le pedía al gobierno que lo ayudara en la represión, y el gobierno ya había dicho claramente que esa “ayuda” no estaba dispuesto a darla. El gobierno, a través de Aníbal Fernández, proponía una solución política, o sea, sentarse con los vecinos, entre ellos los “okupas” y negociar, es decir, establecer algún plan habitacional. Macri proponía represión como única solución. Dos propuestas diferentes, pero Macri hacía aparecer todo como una negativa del gobierno a ayudar en general, y ninguneaba el verdadero carácter de la negativa del gobierno: su voluntad de no reprimir. Macri pretendía instalar artificialmente que la única solución era la represión, y sobre esta base, acusaba al gobierno de no colaborar en la solución del conflicto.
Todos los pasos del conflicto en Villa Soldati, paulatinamente revelados por los medios progresistas, son datos que bien decodificados revelan un plan de la derecha, que después explicaremos con más detalle, teniendo como eje la utilización de las fuerzas de choque con orden de matar a varios “okupas”, haciendo pasar todo como un enfrentamiento entre vecinos, o sea instalando que los vecinos librados a su propio albedrío son peligrosísimos, asesinos, etc. Y creando la sensación en la población de la necesidad de orden para poder vivir tranquilos, orden que sólo podría ser garantizado por la policía, metropolitana y federal, aún al costo “inevitable” de algunos muertos. Y se utilizan fuerzas de choque asesinas contra el pueblo, punta de lanza para desarrollar un enfrentamiento de pueblo contra pueblo, necesidad de un estado represivo que asegure el orden y la tranquilidad a la población. No es fascismo, pero es el huevo de la serpiente. Están plantando el huevo, hay que ver si lo pueden empollar.
El discurso de Cristina el viernes, flanqueada por Hebe de Bonafini y Estela de Carlotto dejó algunas dudas. Es bueno que finalmente actuara, pero problemática la creación del Ministerio de Seguridad y la afirmación de “haremos lo imposible por no tener que reprimir”. Parece que “nunca vamos a reprimir” se cambió por “haremos lo imposible…”. La creación de Ministerio de Seguridad en cierta forma le da la razón a la derecha, que el eje principal es la necesidad de seguridad, y por ese camino, es probable resbalar hacia la represión. Pero estos son sólo indicios. Hay que ver que sucede de aquí en adelante.
Mi opinión en ese momento era que el gobierno nacional debería olvidarse de la jurisdicción e intervenir directamente, acordando con los “okupas” un plan habitacional, con financiación a la medida de las posibilidades de la gente de terrenos y construcción. Acordarlo, firmarlo, y empezar a ejecutarlo en tiempo record. De esa manera cortar de raíz esta campaña de la derecha a favor de la represión, basándose en la creación de una sensación de inseguridad en la población, y adjudicándole al gobierno nacional la responsabilidad.
En ese momento tampoco estaba de acuerdo con la decisión de la presidenta de llamar a dialogar a Macri a la Rosada. Con todo lo sucedido el sábado, parecía que el gobierno nacional reinstalaba la prioridad de la negociación, de sentarse a una mesa, de resolver los problemas sociales. Parecía que su táctica había ayudado a desnudar las verdaderas intenciones de la derecha representada por Macri. Algo de eso hubo. La conferencia de Macri fue nuevamente deleznable. Retrocedió en apariencia, frente a los hechos, hablando de paz permanentemente. Pero no habló de financiar la construcción de viviendas, la parte que había quedado a su cargo en las negociaciones, y pretendió que había una coincidencia con el gobierno nacional en priorizar la seguridad, basándose en la decisión gubernamental de instalar la prefectura y la gendarmería para evitar hechos de violencia. El verdadero contenido de la conferencia de prensa de Macri es fomentar con todo la violencia. No soluciona nada, y sigue reclamando el desalojo del parque, e intenta movilizar a los vecinos de Lugano contra la ocupación.
El pronóstico es incierto. Hasta ahora, los okupas tienen claro quién es quién, pero el resto de la población habrá que ver. La operación de la derecha todavía puede tener éxito.
Es evidente por lo que dijimos al principio de la nota que es toda la derecha la que está detrás de esta operación, desesperada porque no ve forma de evitar que Cristina gane las próximas elecciones. Es evidente que si las elecciones fueran hoy Cristina arrasa. La ofensiva de Macri es otro elemento que sugiere que detrás de él está toda la derecha. Es probable que se haya acordado la candidatura de Macri.

Por lo que dijimos al comienzo, la derecha no puede competir con la política social del gobierno, que le ha reportado un apoyo popular imposible de vencer en las elecciones. Embarrar la cancha, patear el tablero, crear un clima de inseguridad, matar gente para que ese clima sea creíble, y proponer un candidato cuyo eje sea la represión que garantice tranquilidad a la población, es la alternativa por la que opta la derecha.
Hay un montón de datos que indican que ésta es la situación que estamos viviendo. Por ejemplo, nadie que tenga un poco de calle puede ignorar que la gente de cualquier barrio no sale a matar con armas de fuego para desalojar a “okupas”. El crimen del cuarto muerto, con un balazo en la cabeza, no es una muerte en enfrentamiento de pueblo contra pueblo. Es obra de una fuerza de choque con órdenes precisas de matar, como pasó en Formosa, y como pasó con el compañero Ferreyra.
Ahora se pretende negar la existencia del cuarta víctima, contra el testimonio del periodista Martín Rojas, del Jefe del SAME Crescenti, del chofer y del medico que viajaban en la ambulancia. Hay que tener mucho poder para negar un hecho así.
Utilizar fuerzas de choque es una herramienta típica del fascismo. El fascismo tiene una naturaleza muy específica, que usualmente no se aclara y, generalmente, se lo vincula con cualquier tipo de represión o dictadura.
El fascismo surge cuando la gran burguesía no puede imponer su explotación ni por medio de gobiernos democráticos parlamentarios, ni por medio de dictaduras militares.
La gran burguesía, que es la que gobernó en la década del ’90, necesita urgentemente volver a gobernar, porque necesita recuperar el nivel de ganancias extraordinarias que tenía en esa década.
Pero que la gran burguesía vuelva a gobernar significría extremar la explotación tanto de los asalariados como de toda la clase media, lo que provocaría un descontento generalizado. Y en ese caso se expondría a una casi segura rebelión masiva de toda la población. No podría imponer esta política de expoliación extrema, que llevaría a una miseria generalizada, por las formas gubernamentales tradicionales.
No lo podría hacer ni siquiera con una dictadura militar, porque ésta necesita, además de la represión, un mínimo de aceptación, aunque sea pasiva, de una buena parte de la población.
La gran burguesía soluciona este problema dividiendo al pueblo, ya que no puede derrotarlo de conjunto, y utiliza la desesperación que acarrea la miseria que ella misma provoca. Estimula una parte del pueblo contra la otra, y de esta forma derrota a las dos partes. Utiliza los sectores más marginales, y los más cercanos a la derecha, forma fuerzas de choque, y en base a ellas va imponiendo una situación de poder, aprovechándose del caos y el miedo que desencadena. Esto que sucede ahora no es fascismo, pero es proto-fascismo. La necesidad de la gran burguesía tiene ese carácter. La gran burguesía está usando esta metodología para desprestigiar al gobierno, adjudicándole la responsabilidad de los hechos de violencia. Son los gérmenes de la metodología proto-fascista que deberá utilizar si logra volver a gobernar.
Que todo esto no suceda depende de que el conjunto del pueblo sepa enfrentar y rechazar los intentos proto-fascistas.
Por su parte, el gobierno debería negociar directamente con los “okupas” un plan de vivienda, firmarlo, garantizarlo y ejecutarlo en tiempo récord. Se sobreentiende que sin regalar nada, financiando la venta de terrenos y la construcción de viviendas. Esto puede hacerse de muchas formas, la mejor sería por medio de cooperativas, como hace el movimiento Tupac Amaru. Pero es necesario que el gobierno lo haga ya, para desactivar esta nueva operación de la derecha y despejar el camino para continuar con su política populista.
El clima popular que se vivió en el Bicentenario y después del fallecimiento de Kirchner deber prevalecer, desarrollarse, profundizarse, adquirir plena conciencia de sí mismo, y de la situación general, y asumir su propia conducción.
Carlos A. Larriera
12.12.10

jueves, 11 de noviembre de 2010

Por qué nudos gordianos

Por qué Nudos Gordianos

La idea de este blog es publicar mis opiniones, básicamente sobre la crisis económica, política y social en que estamos inmersos en el mundo. Pero no excluye hablar de otros temas.

Creo que los problemas se solucionan si se los llega a comprender en profundidad; de esta forma se abre la posibilidad de encontrar cómo solucionarlos. Para comprender hay que estar en contacto con la realidad, estudiar, analizar, comparar, referenciar. La única forma de lograr cambios de fondo en la sociedad es que el pueblo tome conciencia de la realidad, pero una conciencia concreta, comprendiendo lo fundamental, pero en concreto. Escribir en este blog tiene por objetivo ayudar en esa tarea.

No es suficiente comprender, hay que comprender en concreto; los problemas son concretos y sus soluciones también. Hay que tener el mayor caudal de conocimientos teóricos posibles, pero hay que conocer a fondo la realidad práctica. En base a esa conjunción se desarrolla la tarea de tratar de comprender los problemas políticos, económicos y sociales.

Por eso, pensando en el contenido del blog, la primer idea fue denominarlo Comprender en concreto, que resumía lo que acabo de expresar. Pero surge como un título muy abstracto, presuntuoso, inadecuado.

Es famosa la anécdota de Alejandro el Magno que cortó el nudo gordiano. No creo que esa sea la forma; creo que hay que encontrar la punta del ovillo, la punta del nudo gordiano que al tirar de ella se desata completamente. Es una tarea muy dura y difícil, pero es la única que puede permitir solucionar los problemas sociales.

Entonces apareció el nombre: Nudos gordianos. Son difíciles de desatar, pero no necesariamente imposibles. Es difícil comprender en profundidad, y en concreto, los problemas políticos, económicos y sociales, pero cuando se logra se encuentra el camino a la soluciones de fondo.

El blog está dedicado a esa tarea. Haremos lo que podamos, pero en esa dirección. No eludiendo los problemas más difíciles, sino buscando comprenderlos en base a trabajo y constancia. Ir al encuentro de los nudos gordianos. Por eso es muy posible que sobre un mismo tema vayan apareciendo distintos artículos, que irán modificando cada vez, parcialmente, los artículos precedentes. Y es muy posible que muchos artículos contengan más preguntas que respuestas.

Pero todo tratará de girar sobre los nudos gordianos de la crisis.




Carlos A. Larriera
10.11.10

miércoles, 27 de octubre de 2010

renta agraria y retenciones

Domingo, 8 de agosto de 2010, Suplemento Cash, Página 12.
ENFOQUE
Renta agraria y retenciones
Por Carlos A. Larriera
¿Las retenciones son un impuesto? ¿Son una disminución de la ganancia de los productores agropecuarios? ¿El Estado les “saca” a través de las retenciones lo que es de ellos? Si se considera como concepto general de impuesto un porcentaje de las ganancias de una empresa o persona, las retenciones no son un impuesto. Por la simple razón que no son un descuento a ganancias. Las retenciones están destinadas a reducir la renta agraria. A transferir una parte de la renta agraria al Estado. Después, cómo el Estado la distribuye, es otra discusión.
Las retenciones no son un descuento a Ganancias porque se aplican sobre la renta agraria. Esta no es ganancia: es, valga la redundancia, renta. ¿Qué es la renta agraria? Es un ingreso que “proviene” del “trabajo” de la tierra y no del trabajo humano. Y el concepto de ganancia se refiere a un producto del trabajo humano. Ya los economistas clásicos, Adam Smith y David Ricardo, entre los principales, con antecesores como William Petty, descubrieron que el valor de las cosas estaba dado por el trabajo que implica fabricarlas.
En el caso paradigmático del trabajo fabril, todo lo que produce tiene valor porque todo se debe al trabajo humano. Qué parte del producto se llevan los obreros como salarios y qué parte los dueños de la fábrica como ganancia es otra discusión. Pero lo que no está en debate es que todo el producto fabril, salarios más ganancias, es fruto del trabajo.
En el producto agrario una parte la genera el trabajo humano y otra la tierra. Esta es el único factor que existe aparte del productor humano. En general, en la actividad agraria la mayor parte del producto proviene del “trabajo” de la tierra.
Las dificultades para obtener rentabilidad de pequeños productores se deben a múltiples factores derivados de que están inmersos en el sistema capitalista: costo de insumos, impuestos, falta de crédito, etc. Pero en las grandes explotaciones la mayor parte del producto se debe al “trabajo” de la tierra. En el precio del producto agrario no se visualiza qué proporción corresponde al trabajo de la tierra y al trabajo humano.
Los grandes capitalistas y capitalistas-terratenientes del campo reclaman que no les rebajen sus ingresos, que no les cobren retenciones sobre su renta. Pero no dicen “sobre nuestra renta” sino “sobre nuestras ganancias”, “sobre nuestra rentabilidad”. Dicen: “No nos saquen lo que es nuestro”. Incluso se ha visto por la televisión a miembros de familias tradicionales del campo afirmando una y otra vez, con extrema vehemencia, revelando una convicción arraigada por siglos: “Nos quieren sacar lo que es nuestro”. Lo único que puede ser “nuestro” es el producto del trabajo. Los dueños de fábrica se llevan una parte del trabajo producido por sus obreros, pero se llevan trabajo. Los dueños de la tierra se llevan renta, el producto del trabajo de la tierra.
Lo producido por la tierra pertenece a toda la población del país. No se puede reclamar la propiedad individual de algo que no es producto del trabajo. Los dueños de la tierra se consideran dueños del trabajo de la tierra por la simple razón de ser dueños de la tierra. Ganan dinero simplemente por ser dueños, no por trabajar, o por hacer trabajar a sus peones, sino comercializando el producto del “trabajo” de la tierra, y a esa ganancia –que es renta– la consideran su “ganancia legítima”.
Que sólo tiene valor lo que es producto del trabajo humano lo descubrieron los economistas clásicos. Lo que no cuesta trabajo no vale nada, es gratis, como el aire o el sol. Los dueños de la tierra cobran dinero por algo que no tiene valor real, por algo que se obtiene sin trabajo. Pero el dinero es representante de valor. Al tener dinero lo usan como si realmente tuviera valor. ¿Cómo puede representar valor su dinero si lo que producen no es producto del trabajo? Porque a través de la venta en el mercado se apropian de valor trabajo producido por el resto de la población. O sea que no sólo los grandes dueños de la tierra no sufren ningún descuento al producto de su trabajo con las retenciones, sino que sus rentas en dinero provienen de apropiarse del trabajo del resto de la población. Las retenciones lo único que hacen es compensar en parte esa apropiación del trabajo ajeno.
Cabe aclarar que la apropiación privada de la renta agraria producida por el “trabajo” de la tierra no es una necesidad estructural del capitalismo. El capitalismo puede funcionar perfectamente si la renta agraria pasa en su totalidad al Estado, distribuya éste o no. No es necesario para el funcionamiento del capitalismo la propiedad privada de la tierra, como no es necesario para la producción de la fábrica que el edificio fabril sea propio o alquilado. Dependiendo de las circunstancias, del sistema que se utilice en determinado país, el capitalista puede explotar la tierra usándola en usufructo o alquilándola, pero no es imprescindible que sea su dueño. Y puede funcionar igualmente como capitalista si sus ingresos provienen únicamente del trabajo humano de la tierra y toda la renta producto del “trabajo” de la tierra pasa a poder del Estado. Esto se prueba perfectamente en la práctica. Hay miles de productores agrarios que aceptarían de buen grado la explotación capitalista de la tierra en esas condiciones. Si desaparecieran completamente los grandes capitalistas y capitalistas-terrateniente del campo, habría miles de chacareros o futuros chacareros que los reemplazarían de buena gana a cambio de obtener su ganancia, aunque la totalidad de la renta agraria se la lleve el Estado, la redistribuya o no.
La producción agraria no está en peligro con las retenciones. En este momento sólo está en cuestionamiento la apropiación de la extraordinaria renta agraria por parte de los grandes capitalistas-terratenientes. En este momento no está en cuestionamiento su ganancia, proveniente del trabajo humano de la tierra.
La frase “los gobiernos pasan, la tierra permanece” puede traducirse como la gran propiedad privada agraria permanece y, consecuentemente, la gran renta de la tierra nos pertenecerá siempre