domingo, 13 de diciembre de 2015

¿Cómo puede ser que perdimos?

¿Cómo puede ser que perdimos?



¿Cómo puede ser que perdimos? ¿Dónde estuvo el error? ¿Qué es lo que se hizo mal?, son las preguntas que se están haciendo todos los que votaron al Frente para la Victoria.

La respuesta más general a estas preguntas es que dentro de los límites de la democracia burguesa, enmarcados dentro de las actuales instituciones democrático burguesas fue muy difícil evitar acontecimientos como el que pasó, la derrota electoral.

No era imposible, se podría haber logrado otro período presidencial, lo cual hubiera dado tiempo para profundizar los avances logrados, elevar para muchas más personas la conciencia de la realidad, y aumentar las posibilidades de ganar otra futura elección.

Debido a los límites de la democracia burguesa una derrota electoral siempre será una amenaza latente. De la misma manera que también estaría en permanente riesgo la interrupción del actual “proyecto” por los muy diferentes ataques que llevaría adelante la oposición de derecha.

Antes que nada hay que reivindicar todo lo logrado por doce años de gobiernos kirchneristas. No corresponde reseñar aquí todas las mejoras obtenidas, hay que subrayar que la política de hacer obras a favor del pueblo fue una estrategia muy acertada que construyó al actual kirchnerismo como tal, impulsó el surgimiento de una masa muy importante de la población que adhiere fervientemente a todo el proceso de reformas, que se moviliza y lucha por mantenerlas y mejorarlas, personas honestas, realmente comprometidas con los esfuerzos por avanzar con el “proyecto”. Ese capital humano es un tesoro que hay que preservar a toda costa. Y el requisito más importante es mantener la unidad en la lucha.

Los méritos de Cristina y sus mejores colaboradores son varios. Por primera vez desde un gobierno se hizo tanto para elevar la conciencia del pueblo. Los discursos de la presidenta y muchos de sus ministros denunciaron al principal enemigo, el capital concentrado, explicaron muchas de sus maniobras y resistieron muchas de sus embestidas. Nunca antes había sucedido nada igual; no con la dimensión y la claridad con que se habló y actuó desde el gobierno. Algo similar en el caso de los derechos humanos. Ahora el pueblo sabe muchas cosas que antes no sabía, y orientará su lucha ayudado por esos conocimientos.

Por otro lado, el gobierno se mantuvo a favor del capitalismo, pero “de crecimiento con inclusión social”, reivindicó la conciliación de clases y en ese sentido colaboró en mantener la confusión en las conciencias populares.

Una pregunta surge inevitable: ¿Cómo se puede dejar el aparato estatal burgués en manos de los representantes más encarnizados del capital concentrado? ¿Cómo se puede dejar el gobierno por respeto a las formalidades burguesas electorales?

La garantía de la democracia no radica en que haya límites en la reelección, sino en asegurar que la población tenga el acceso más absoluto a la información que le permita conocer la realidad tal cual es, de esa manera no puede equivocarse en el voto.

El kirchnerismo es la continuación de la ideología de la JP del ’70, de la JP en general, la creencia que se puede lograr la “justicia social” dentro del capitalismo; lo inédito es que fue consecuente con esta concepción a largo plazo utópica y la aplicó valientemente desde el gobierno, superando las mil dificultades que le fabricaba la oposición destituyente. Ése es otro de sus grandes méritos, demostrar que desde el gobierno, si se tiene la voluntad de hacerlo, se pueden corporizar numerosas luchas de la sociedad en múltiples mejoras: del nivel de vida, de los derechos democráticos, etc. Una gran parte de la población se ha apropiado de esto valores, los ha incorporado, los defenderá y tratará de ampliarlos de una y mil maneras. Este es otro gran mérito de la gestión de Cristina. No es casual, y muy merecido, el apoyo que recibe de más de la mitad de la población (esa mayoría por distintas causas no se vio adecuadamente reflejada en las urnas).

Los límites que el kirchnerismo no ha podido vencer son los de su propia concepción política: creer que bajo el capitalismo se puede lograr un pleno “crecimiento con inclusión social”. Los verdaderos socialistas estamos convencidos de lo contrario. Sin revolución social es imposible derrotar al capital concentrado. Y la revolución social es en primer lugar, una revolución democrática.

Para que estén dadas las condiciones objetivas para la revolución social, una revolución democrática, obrera y socialista, se necesita que la conciencia de la clase obrera y el pueblo en general se haya elevado hasta un nivel de clara comprensión de su necesidad. Hoy estamos muy lejos de eso, no por tiempo cronológico, sino porque deben producirse muchas experiencias de masas acompañadas por adecuadas explicaciones que logren esa elevación de la conciencia.

La necesidad actual es avanzar lo máximo posible más allá de los límites de la democracia burguesa, hacia una democracia plena de todo el pueblo. Sin avances significativos en este sentido es imposible ofrecer serias resistencias al capital concentrado y es absolutamente incierto poder ganar futuras elecciones.

Nos encontramos en una situación compleja y contradictoria. Por un lado el pueblo sometido a un gobierno de ultraderecha que usará contra él todo el aparato del estado y que intentará por todos los medios anular las reformas logradas y retroceder aún más. Por otro lado, un pueblo que ha elevado en forma notable pero relativa su conciencia, que sabe que hay que defender las reformas, que sabe que su principal enemigo es el capital concentrado internacional y que, al mismo tiempo, se encuentra de un día para otro prácticamente sólo frente a un gobierno y un estado ferozmente hostiles.

El pueblo necesita dirigentes y organización. Además necesita superar la ideología de la conciliación de clases, necesita superar la creencia de clase media de que se puede lograr la “justicia social” dentro del capitalismo, a pesar de la existencia del capital concentrado. Necesita superar la creencia de que la democracia burguesa es toda la democracia que puede existir.

En esta lucha es fundamental el protagonismo de la clase obrera. Es necesario que el proletariado se incorpore a la lucha política. Su acción es decisiva.

El kirchnerismo es el primer gran ejemplo histórico de representantes de esa ideología de clase media que ha llegado al gobierno y es consecuente desde allí con la misma. Que sea consecuente quiere decir que intenta el bienestar del pueblo conviviendo con el capitalismo, y por consecuencia, conviviendo con el capital concentrado, pero pretendiendo, utópicamente a largo plazo, que a pesar de convivir con la existencia del capital concentrado, se puede lograr el “crecimiento con inclusión social”.

En alguna medida es la hora del balance. Pero también es la hora de organizar la resistencia.

Analizar en profundidad las causas de la derrota y la necesidad de avanzar más allá de los límites de la democracia burguesa con toda la amplitud y claridad necesarias, son cuestiones que llevarán mucho tiempo.

Es la hora de la lucha defensiva contra el macrismo, y el intento de transformar esa lucha de defensiva en ofensiva. Estas luchas sólo pueden sobrellevarse eficazmente si se produce un avance significativo en la conciencia de las masas, de la conciencia que tienen de la naturaleza de la realidad, de cómo funciona el mundo, de la verdadera naturaleza del macrismo, de los intereses que defienden cada uno de los partidos burgueses, etc.

Hay un riesgo que es necesario evitar a toda costa. La división de la unidad en la lucha. Sin esta unidad es imposible desarrollar una resistencia efectiva. Cualquiera sea el contenido de las discusiones que se realicen como balance de la derrota electoral, esta unidad de lucha no debe alterarse por nada del mundo. Cualesquiera sean los errores de que pueda ser responsable el kirchnerismo, no deben atentar contra esta unidad.

Todo verdadero socialista debe practicar la unidad de acción con la inmensa masa kirchnerista, bienintencionada y genuinamente combativa. Al mismo tiempo explicar la imposibilidad práctica de éxito mientras no se tomen aunque más no sea algunas medidas de estatización del capital concentrado, como se hizo con Aerolíneas e YPF, junto con la ampliación la democracia más allá de los límites de estas instituciones democrático burguesas, incluso más allá de los límites de toda democracia burguesa. 

La unidad de acción no se limita a la amplia masa de la población que sigue al kirchnerismo, se debe realizar con todo el pueblo, y la clase obrera debe ser su protagonista fundamental.

Para un verdadero socialista, durante el gobierno kirchnerista no se trataba de boicotear los intentos reformistas, sino de ayudar de todas las maneras posibles para que se concretaran exitosamente, y de esa manera comprobar a través de una experiencia de masas la imposibilidad práctica de un pleno “crecimiento con inclusión social” sin realizar avances democráticos más allá de los límites de la democracia burguesa.

Hoy es la misma lucha, más que ofensiva se ha vuelto defensiva. El sentido de la unidad de acción es el mismo que durante el gobierno saliente.

La resistencia es posible. La situación del gobierno de Macri es inédita. Ganó por una ínfima diferencia de votos, sin crisis económica, con una presidenta que se va ovacionada por cientos de miles de manifestantes.

El plan económico de Macri es inmodificable porque responde a las necesidades de los más grandes conglomerados empresarios internacionales.

Resistiendo todas y cada una de las medidas que ataquen al pueblo se puede demorar su aplicación, revelar ante los ojos de todo el pueblo cuál es su verdadera política. Y de esta manera ir creando las condiciones para que dentro de dos años se ganen las elecciones legislativas, y cuando se cumplan los cuatro años se vuelva a lograr un gobierno que piense en el pueblo, en el marco de un avance importante más allá de los límites actuales de la democracia burguesa.

Carlos A. Larriera

13.12.2015

domingo, 6 de diciembre de 2015

La situación en Europa y Oriente Medio

La situación en Europa y Medio Oriente



La política es la expresión más concentrada de la economía, decía Lenin[1]. Y la guerra es la continuación de la política por otros medios era la tesis famosa de Carl Von Klausewitz[2]. O sea, la política es economía concentrada y la guerra es la continuación de la política por otros medios.
Estos dos conceptos son claves para entender las “guerras” en Medio Oriente en las cuales está teniendo una participación cada vez más intensa el capital concentrado europeo a través de sus aparatos estatales.
El terrorismo internacional es fundamentalmente una creación ficticia del estado norteamericano. Desaparecida la URSS, el argumento de la lucha contra el comunismo ya no tiene sustento. El capital concentrado norteamericano a través de su Estado necesita una excusa para atacar países como lo hace en Medio Oriente. La mayoría de los atentados que han “justificado” la “lucha contra el terrorismo internacional” son, en lo esencial, autoatentados. Esto se aplica desde el atentado a las Torres Gemelas hasta el último atentado en París. No se puede asegurar que no surjan en pequeña medida algunos movimientos terroristas en Medio Oriente. Pero la mayoría los promueven o inventan los servicios de inteligencias norteamericanos, israelíes, etc. Y además infiltran todo lo que surja. A esto hay que agregar que no es sensato creer que con toda la tecnología disponible no se puedan detectar estos movimientos antes de que cometan atentados; éstos son funcionales e imprescindibles para “justificar” el  saqueo de otros países con métodos de guerra por parte de EEUU y otros estados asociados, lo que permite aún más asegurar que si no existiera el terrorismo norteamericano, no habría terrorismo.
 La crisis del capital concentrado internacional es la crisis anunciada por Marx, la crisis provocada por la tendencia a la baja de la tasa de ganancia. Esta tendencia se ha agudizado y se sigue agudizando desde por lo menos la década del ’60. Si se parte de la base de que el valor de los productos fabricados es el trabajo humano socialmente necesario para producirlos, al aumentar permanentemente la proporción del capital invertido en alta tecnología, robótica, etc.,  con respecto a la inversión en mano de obra, la tasa de ganancia no puede dejar de disminuir. La tasa de ganancia se define como el cociente entre la totalidad de la plusvalía obtenida en las fábricas sobre la totalidad del capital invertido en la producción. Si el plusvalor depende de la cantidad de trabajo, de las horas trabajadas, al aumentar exponencialmente la proporción entre tecnología y mano de obra, la masa de plusvalía extraída en relación al capital invertido debe ser necesariamente cada vez menor. Y esto es una realidad irrefutable, por más que haya muchas estadísticas que hablan en tal o cual período de suba de la tasa de ganancia. Al aumentar la proporción de tecnología aumenta la productividad, y habitualmente los economistas dicen que es este aumento de la productividad lo central para aumentar la tasa de ganancia. Pero omiten decir que para que ese aumento de la productividad eleve las ganancias de las empresas que lo realizan, éstas deben desplazar del mercado a otras empresas con menor productividad, de manera que no sube la tasa de ganancia de todas las empresas, de toda la economía, sino solamente la de las que se adelantan en mejorar su productividad, y lo hacen a costa de desplazar a las otras. Esto lógicamente lleva a la concentración cada vez mayor de las empresas que elevan su productividad, pero además genera una crisis de superproducción cada vez mayor, porque al aumentar la productividad, la proporción de valor, de trabajo humano que contiene cada unidad de mercancía disminuye, de manera que hay que vender cada vez más unidades para obtener la misma suma total de plusvalor.
Esto es un proceso irreversible, inevitable en el capitalismo, y es la principal razón por la cual la humanidad no tiene salida sino a través de la expropiación del capital y la construcción del socialismo.
Inevitablemente el capital concentrado, por su escala actual de producción, por la necesidad de vender toda su superproducción necesita todo el mercado mundial para hacerlo, todos los mercados internos de todos los países, tanto para proveerse de insumos y materias primas, como para vender toda su superproducción. Y aún así no les alcanza. La ganancia en base a la producción y venta no es suficiente para retribuir con una tasa de ganancia “razonable” toda la inversión del capital disponible. Por eso la llamada “financiarización” de la economía. El capital trata de acceder a una ganancia realizando todo tipo de “inversiones” de capital dinero, llámese especulación financiera, guerras, etc. Son en general ganancias en capital dinero ficticio, pero el capital las considera igualmente “su capital” y las defiende a rajatabla De cualquiera manera, siempre puede utilizar ese capital dinero ficticio para adquirir capital real, al menos mientras el dólar continúe siendo moneda mundial. La lógica económica en el sentido tradicional: fabricar para vender sigue siendo la base real de la creación de valor, pero la baja de la tasa de ganancia mueve al capital a inventar nuevas formas de apropiación de capital dinero ficticio.
Ya no existen las fábricas en las que trabajaron tanto el abuelo como el nieto, fábricas que eran gerenciadas por el mismo dueño, o la misma familia, a través de generaciones. Ya no existe esa cierta estabilidad relativa de los obreros en las fábricas. Toda la revolución tecnológica, en comunicaciones, etc., permite al capital cerrar una fábrica en un país y trasladarla a otro en el que obtiene mayor ganancia, por distintas razones, por ejemplo, mano de obra más barata, el caso chino hasta hace muy poco.
Esta extrema inestabilidad laboral plantea un interrogante sobre la cohesión y la fuerza tradicionales del proletariado. Si bien la clase obrera sigue siendo la única clase capaz de dirigir y garantizar la revolución social, la expropiación del capital y la construcción del socialismo, por otro lado su inestabilidad laboral la debilita enormemente en relación a otras épocas del capitalismo. Tentativamente se puede afirmar que la única forma de compensar esta debilidad creciente de la clase obrera mundial es elevando exponencialmente su nivel de conciencia política. En la época de la Inglaterra fábrica del mundo, el peso cuantitativo social de la clase obrera era abrumador, ampliamente mayoritario, y por lo tanto sólo se necesitaba un nivel de conciencia mínimo (en términos relativos) acerca de la necesidad de la revolución social para materializarla en la realidad. Pero hoy en día ese nivel de conciencia debe ser mucho más elevado, más profundo, más conocedor de todos los aspectos de la vida económica, política, social, etc.
Todo este conjunto de factores hace que le mundo esté cada vez más desestructurado, que la lumpenización de la sociedad sea cada vez mayor, que la confusión ideológica alcance niveles inéditos, que desaparezcan los puntos de referencia, etc.
El enemigo del pueblo es el capitalismo, en particular el capital concentrado internacional, que es en este momento más que nunca el enemigo que primero hay que vencer, y la única forma de hacerlo es expropiándolo, y esto sólo se puede lograr con una revolución social, una revolución democrática, obrera y socialista. Democrática por su composición social, obrera por su clase dirigente y socialista por su estrategia, por su objetivo final.
La “guerra” norteamericana en Medio Oriente (la invasión unilateral en Medio Oriente), responde a esta necesidad del capital concentrado de saquear el planeta para sobrevivir como capital, para lo cual necesita irremediablemente aumentar su tasa de ganancia mundial, ya que estamos hablando de una escala del capital como conglomerados mundiales.
Desde esta perspectiva estas invasiones son inevitables mientras dure el capitalismo. El objetivo estratégico, en este sentido, de Estados Unidos es Asia Central, es decir, la zona que componen la cinco ex repúblicas soviéticas Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán, Turkmenistán y Uzbekistán. Es una zona rica en petróleo y gas, entre otras cosas. Por el abastecimiento de estos recursos naturales están compitiendo los países europeos, Rusia, China y los EEUU fundamentalmente. Pero además es una zona geopolítica fundamental, porque limita con Rusia, China, India, Iran, Afganistán, etc. Y los estados de Asia Central son países relativamente débiles, susceptibles de ser dominados por terceros estados. El equilibrio relativo actual Rusia-China vs. EEUU mantiene todavía la dominación de Asia Central sin definición.
Otra disputa central son los oleoductos y gasoductos que se han construido, se están construyendo y se querrían construir que van de Asia Central al resto del mundo. Uno de esos oleo-gasoductos pasaba por Rusia, Ucrania e iba hacia Europa, por eso EEUU quiso apropiárselo a través de lograr que Ucrania se separara de Rusia, y esa es una razón fundamental para el “golpe blando” realizado en Ucrania.
Pero más aún que Asia Central, hay un objetivo que va más allá para el capital concentrado norteamericano: los mercados internos de Rusia y China. Pero esto último sólo puede lograrlo con un triunfo bélico sobre Rusia y China. Este es un objetivo de máxima y de más largo plazo, pero está presente en todas las estrategias parciales de invasión de países, golpes blandos, etc., de EEUU. El objetivo menos lejano es la dominación del Asia Central y sus oleoductos y gasoductos. Si EEUU logra posicionarse en Asia Central, estará ubicado geoestratégicamente entre Rusia y China, lo que le facilitará enormemente una ofensiva sobre éstos dos estados.
La invasión de países como Irak, Siria, Afganistán, etc., tiene como objetivo final esta penetración en Asia Central.
Desde estas perspectivas pensar que el capital concentrado norteamericano pueda estar a favor de sinceras negociaciones de paz en cualquiera de estos escenarios no se corresponde con la realidad.  
No existe el terrorismo como tal. El único terrorismo es el que generan el propio Estados Unidos y sus estados aliados. Les resulta indispensable para poder “justificar” su saqueo del mundo.
Estados Unidos tiene el aparato militar más grande del mundo, es equivalente al aparato militar de todo el resto de los países. Su supremacía militar es innegable. Pero está cada vez más debilitado económica y financieramente. Es progresivamente más difícil para EEUU financiar todo el gasto militar. El dólar es todavía la moneda mundial, pero día a día corre peligro de ser reemplazada por otras monedas. Recientemente el FMI estableció al yuan chino como la tercera moneda de reserva mundial. El poderío militar estadounidense tiene pies de barro, el día más o menos cercano en que se sincere el valor del dólar y de los bienes valuados en dólares, EEUU ya no podrá sostener más su aparato bélico. Todos los países lo saben, y tratan de que la hegemonía del dólar llegue pronto a su fin.
Tampoco EEUU puede en la actualidad ir sumando zonas de conflicto. Hoy en día está dejando Medio Oriente para orientar sus fuerzas armadas hacia Asia Central. Y otros estados nacionales del capital concentrado, como Francia, Alemania, Gran Bretaña, etc. se apresuran a reemplazarlo. Esta es por lo menos una de las principales causas del atentado en París y el inmediato comienzo del bombardeo francés al Estado Islámico en territorio sirio. Inmediatamente se han plegado Gran Bretaña y Alemania. Todos tras el botín de Siria. El Estado Islámico, creación de los servicios de inteligencia norteamericanos, sirve de excelente excusa para posibilitar el saqueo de Siria.
Al mismo tiempo el capital concentrado francés, a través de su Estado, limita la libertad en el propio país. Crisis económica insoluble en Francia, en términos capitalistas. Agitación social de los trabajadores franceses con consecuencias políticas preocupantes para el estado francés. Ahora el gobierno francés puede justificar las penurias internas con la excusa de la guerra con Siria, y justificará un aumento de la represión con el pretexto de vigilar otros posibles atentados. Y lo mismo se aplica a los demás principales países europeos como Gran Bretaña o Alemania.
Crisis económica insoluble, aumento de la represión de la protesta social  y represión interna en general, justificación de todo esto con la necesidad de la “guerra contra el terrorismo”. Repiten copiando la política de EEUU.
Todas las luchas sociales contra estas políticas de los estados propiedad del capital concentrado internacional pueden contribuir a paliar un poco la situación, pero no hay solución real a esta política del capital concentrado sin revolución social, sin expropiarlo. La tarea es muy difícil, pero no hay otra.

Carlos A. Larriera
6.12.2015



[1] ‘“La guerra es la continuación de la política por otros medios’ (a saber: por la violencia)
Esta famosa tesis pertenece a Clausewitz*, uno de los hombres que ha escrito con mayor profundidad sobre temas militares. Con toda razón, los marxistas siempre han considerado esta tesis como la base teórica de las ideas sobre la importancia de cada guerra en particular. Justamente desde este punto de vista, Marx y Engels examinaron siempre las diferentes guerras.
Aplíquese esta tesis a la guerra actual. Se verá que durante décadas, casi medio siglo, los gobiernos y las clases dominantes de Inglaterra, Francia, Alemania, Italia, Austria y Rusia siguieron una política de saqueo de las colonias, de opresión de naciones ajenas y de supresión del movimiento de la clase obrera. Ésta es la política, sólo ésta, que se continúa en la guerra actual.”
 De El socialismo y la guerra, escrito en julio-agosto de 2015, en V. I. Lenin, obras completas, Editorial Cartago, 1970, Tomo XXII, pág. 409.

*K. Clausewitz, Sobre la guerra.

[2] “Al fin y al cabo el camarada Bujarin y yo dijimos en la resolución del IX Congreso del PCR sobre los sindicatos, que la política es la expresión más concentrada de la economía.” V. I. Lenin, Obras Completas, Editorial Cartago, 1971, segunda edición corregida y comentada, pág. 300. del  artículo “Los sindicatos, la situación actual y los errores del camarada Trotsky”.

martes, 1 de diciembre de 2015

Balance tentativo del proceso electoral y perspectivas

El marketing le ganó a las obras

Balance tentativo del proceso electoral y perspectivas




El macrismo consiguió una victoria muy ajustada en base a una campaña diseñada para producir un efecto pasajero en la franja centrista de los votantes, pero un efecto que se mantuviera hasta obtener el resultado electoral.
Como los autos de Fórmula Uno, que sólo duran poco más de una carrera, esta leve mayoría de votos (el resultado fue casi mitad y mitad) se mantendría solamente hasta poco más allá del ballotage. Pero sería suficiente. El gran capital concentrado internacional no podía perder esta oportunidad, y seguramente habrá invertido mucho dinero para garantizarla.
Hoy sigue habiendo un núcleo duro de un 40% que vota al FPV y otro que en un 30% vota a la derecha.
Por otro lado, lo central de la estrategia de la presidenta fue acertado: hacer permanentemente obras y más obras. Esa es la base fundamental de los votos al FPV. Personas que han sido beneficiadas y traducen en una nueva conciencia política esa mejoría.
Los que se limitan a discutir los errores en las tácticas electorales del FPV dejan de lado lo fundamental, la política de hacer obras del gobierno y su reflejo en buena parte de la conciencia de la población.
Pero, como dijo Garrincha en una charla técnica: ¿profesor, el equipo contrario no juega?
La campaña electoral de la derecha ha sido decisiva en el resultado. Tuvo un efecto coyuntural y episódico, pero que sirvió para ganar las elecciones.
El FPV debería haber garantizado la continuidad del “proyecto” en las elecciones pero no hizo lo suficiente para lograrlo. Esto es un hecho. Pero se olvidan varias cosas. Si Néstor o Cristina pudieran ser reelegidos la victoria del FPV hubiera sido segura. Esto habla de que la obra de gobierno logró raíces en la población. Y esto se ratificó en las PASO. Esto también es algo que se olvida. A pesar de haber sido Scioli el candidato, a pesar de todos los errores de campaña que se puedan haber cometido hasta ese momento, aún así el FPV ganaba por 8 puntos de diferencia. Esto era una consecuencia evidente de los efectos en la conciencia de la población de las obras del gobierno. Esta política de obras es la que construyó el kirchnerismo, sin esa política hoy no existiría ese núcleo duro y no habría táctica electoral que pudiera hacer ganar las elecciones al FPV. Se critican los errores electorales del kirchnerismo pero se olvida de los aciertos que llevaron a construir el kirchnerismo. Se demostró que se podía mejorar en buena medida la vida de la población si se tenía la voluntad gubernamental para hacerlo.
Pero de las PASO a las primarias y el ballotage, la campaña de Cambiemos, dirigida por Durán Barba y otros expertos internacionales dio un giro notable. Conciente Durán Barba que no podrían modificar el núcleo duro del kirchnerismo y que no podían crear un núcleo duro propio mayor del que tenían (30%) recurriendo solamente a las palabras y a las promesas, decidió apelar a todo tipo de maniobras para lograr una burbuja de votos que durara por lo menos hasta el ballotage, aunque después la mayoría de votos siguiera siendo del FPV.
Inmediatamente después de las PASO Durán Barba dijo: en los barrios todos hablan de que votarán al FPV, no es posible modificar eso. A partir de ahí su estrategia fue ganar a la franja centrista, la que se mueve según sopla el viento, una franja altamente inestable y volátil, y con este objetivo hizo cambiar en parte el discurso de Mauricio Macri, como se evidenció con sorpresa en su alocución el día de las PASO. Macri habló de no modificar lo ganado, mantener Aerolíneas, YPF y la AUH, etc. Fue alternando este tipo de retórica con algunas frases de su verdadera política ortodoxa, y sus asesores económicos hablaron abiertamente sobre muchas de las medidas a tomar que significaban una vuelta corregida y ampliada a los ’90. El objetivo primario era revertir la imagen negativa de Macri, convencer a la franja centrista que iba a mantener lo ganado, aunque no confiando en que se le creyera a Macri, sino apostando a que el centrismo iba a querer creerle.
Cuando la difusión de los dichos de los economistas de Macri empezó a asustar a la población, los mandaron callar.
Pero la campaña no terminó ahí. Habrá que ver si se confirma en el futuro, pero todo hace pensar que contaron con financiación del capital concentrado para hacer todo tipo de acuerdos económicos con los aparatos de los distintos partidos como forma adicional de ganar votos.
Esto estaría en sintonía con el eje de la campaña: conseguir votos de cualquier manera, embarrando la cancha, confundiendo a la gente, afirmando que Macri mantendría, en la misma medida que Scioli,  todas las mejoras.
Por parte del FPV todo indica en que se confiaron en el resultado de las PASO, al punto de que creyeron como muy probable que no habría segunda vuelta. Con el resultado de las primarias, se movilizaron para recuperar votos, pero los dirigentes fueron superados por la base espontánea de la población, cuya campaña casa por casa, voto por voto, seguramente aseguró que finalmente hubiera casi un empate en votos. Los días previos al ballotage había un clima de cierta confianza de que se habían recuperado la mayoría de votos para el FPV. El hecho de que mucha gente mayor fuera a votar por voluntad propia es un síntoma elocuente. Probablemente si esta actividad de la base hubiera durado una semana más el resultado electoral hubiera sido el opuesto.
También hay que tener en cuenta que la situación económica había desmejorado e influyó en el ánimo de la franja centrista de los votantes. En el artículo de Claudio Scaletta Encantamiento del 1º de noviembre de 2015, en el suplemento CASH se dice: “El 54 por ciento de 2011 fue el resultado del crecimiento prácticamente ininterrumpido iniciado en 2003.”… “El 37 por ciento del 25 de octubre, y sobre todo los apenas 3 puntos de diferencia con el segundo, pueden explicarse por el freno de la economía a partir de 2012, con el 2014 a la cabeza. Los 17 puntos de diferencia con 2011 son consecuencia del descontento de quienes sienten no necesariamente que están mal, pero sí estancados. El votante siempre quiere más; es su pulsión biológica.”… “La idea de un “cambio” abstracto no hubiese prendido en 2011, pero tuvo oportunidad de hacerlo en el tardío 2015. Este descontento relativo no puede combatirse electoralmente con el listado de logros del oficialismo de los últimos 12 años. El votante que integra esta franja de 17 puntos no es en promedio el más politizado y contabiliza los logros como derechos adquiridos. Está pensando en su futuro.”
La campaña impulsada por Durán Barba sobre la franja centrista tenía una base material, económica, el estancamiento relativo de la economía producto fundamentalmente de la crisis internacional.
Cabe preguntarse si Cristina hizo bien en no intentar una reforma constitucional para poder ser reelegida. Siempre estuvo claro que era casi imposible elegir un sucesor con la misma fuerza electoral que tuvo Néstor o que tiene Cristina. La oposición desarrolló una campaña feroz denunciando que la reforma constitucional tenía como objetivo permitir la reelección lo que implicaba un intento de perpetuarse en el poder, y probablemente Cristina evaluó que nunca lograría que una mayoría de la población apoyara firmemente la reforma constitucional, y que si se volcaban todos los esfuerzos en esa batalla ideológica se desviaría el eje de hacer obra tras obra.
Pero si el objetivo central era garantizar la continuidad del proyecto, si se sabía que una derrota electoral frente al macrismo dejaría al pueblo frente a un gobierno que usaría todo el aparato gubernamental en forma directa y feroz contra toda la población, ¿Se podía aceptar sin más que no podía haber reelección? ¿Se pueden aceptar los límites de la democracia burguesa en este punto cuando hay tanto en juego?
Qué podría haber hecho el kirchnerismo para garantizar que no ganara el macrismo es materia de discusión. Como mínimo había que recurrir a la población haciendo una campaña ideológica que instalara en su verdadero nivel lo que estaba en juego.
Si no había relación de fuerzas para lograr una reforma constitucional, habría que crearla. Elevar la conciencia de la población en ese sentido.
Es un tema que hay que profundizar, porque no hay ni habrá forma de garantizar reformas como las que se han hecho, ni mucho menos ampliarlas, si no se pueden traspasar los límites de la democracia burguesa.
En cuanto al argumento de que la no reelección y la alternancia garantiza la democracia, es un mito creado por la burguesía. Los gobernantes deberían poder ser removidos en cualquier momento con el voto popular, como de alguna manera se estableció en la constitución chavista. Pero los grandes líderes, los grandes dirigentes, no surgen todos los días, el pueblo tiene que cuidarlos. La garantía de la democracia no es que haya límites en la reelección, sino garantizar que la población tenga el acceso más absoluto a la información que le permita de esa manera  conocer la realidad tal cual es, de esa forma podrá votar realmente de acuerdo a sus verdaderos intereses como pueblo. Obviamente la burguesía se ha encargado de mil maneras durante toda su historia de que la población permanezca en la mayor desinformación posible, en la mayor ignorancia. A nadie se le ocurre hacer campaña política por esa plena información al pueblo como principal garante de una efectiva democracia.
Sin avanzar pasos hacia una democracia plena, una democracia en la cual la voluntad del pueblo se exprese en la forma más libre y conciente, cruzando las barreras que lo impidan, sin avanzar aunque sea solamente algunos pasos hacia esa verdadera democracia, no se puede ni pensar en garantizar un “proyecto” como el de “crecimiento con inclusión social”. Sin tomar medidas necesarias, imprescindibles, como la estatización del comercio exterior, o, al menos, una Junta Nacional de Granos, no se puede lograr un funcionamiento mínimamente sustentable de la economía.
Se necesitan más que unos pequeños pasos, obviamente, pero si no se da ninguno, si no se atraviesan los límites de la democracia burguesa, no se puede luchar mínimamente contra el poder económico concentrado internacional, que es el que está detrás de Macri. Pretender hacerlo dejándole al capital concentrado todo la gran propiedad privada del agro, del comercio exterior, de los bancos, a través de los cuales pueden fugar divisas tranquilamente, toda la prensa escrita, radial y televisiva, la verdadera cadena nacional, es desde ya  utópico.
Pero es una utopía sincera del kirchnerismo: lograr el “crecimiento con inclusión social” dentro de los límites de la democracia burguesa y sus instituciones.
Lo más importante, el saldo mayor del kirchnerismo, es ese núcleo duro de la población, en gran parte la juventud, que ha tomado las obras realizadas, el proyecto de inclusión, las mejoras económicas, culturales, científicas, democráticas, etc., como algo posible de lograr y por lo cual vale la pena luchar. Ese capital humano es por sus características nuevo en la Argentina, y en alguna medida en el mundo. Es un proyecto de mejoramiento humano que ha llevado a buena parte de la población a tomar conciencia de que para lograrlo hay que enfrentar con éxito al capital concentrado internacional. De la manera y con la profundidad que se da esta conciencia es algo nuevo. La unidad de acción con este movimiento es obligatoria para todo verdadero socialista. Que pasará cuando este movimiento, en gran parte voluntario e inorgánico, tome conciencia de los límites insalvables de la democracia burguesa, de la necesidad de dar pasos hacia una plena democracia, si retrocederá, si abandonará la lucha, o si se animará a cruzar estas barreras democrático burguesas, está por verse. Trabajar para que estas barreras se crucen es obligatorio.
Lo concreto es que estamos frente a un gobierno que utilizará todo el aparato del estado para atacar en forma directa a toda la población. Por su tamaño, por su escala internacional, el capital concentrado no puede tener otra política que la del saqueo, lo que implica privatizaciones, apertura de importaciones, devaluaciones, desocupación, congelamiento de sueldos y jubilaciones, bloqueo de toda posibilidad de “crecimiento con inclusión social”, disminución drástica de la demanda de consumo. Y esto implica necesariamente también niveles de represión de una dimensión acorde con el tamaño del saqueo.
La Presidenta habló del “empoderamiento” del pueblo. Ahora todo depende del pueblo, como siempre, más que nunca. Pero se necesitan dirigentes y organización en la lucha de la población. Se necesita que la clase obrera se incorpore a la lucha política democrática. El paso a la actividad política general de la clase obrera es imprescindible. El argumento de que el movimiento obrero no debe hacer política porque sería someterse a la burguesía no se sustenta. El inmenso e inmediato repudio de los trabajadores del diario La Nación del editorial que reclamaba el ceso de los juicios a los genocidas de la última dictadura, es un hecho político de la más profunda significación, revela que se puede llevar adelante luchas políticas independientes de la política burguesa dentro de la democracia burguesa. Para enfrentar lo que viene es inevitable el desarrollo de la lucha de clases. No se puede derrotar al capital concentrado sin revolución social, pero para elevar la conciencia de la clase obrera y del conjunto del pueblo hasta el nivel que permita llevar a la práctica esa revolución social, se necesitan dar muchos pasos, muchas luchas, que al mismo tiempo son imprescindibles para frenar en cada momento, lo más que se pueda, la ofensiva del capital concentrado sobre todo el pueblo, ofensiva que ya ha comenzado el macrismo aún antes de asumir como nuevo gobierno.
Las dificultades que tuvo el gobierno kirchnerista frente al capital concentrado internacional, y que trató de sortear en alguna medida, la forma en que explicó el gobierno públicamente estas dificultades, es algo que se ha producido por primera vez en la historia, y que ha contribuido a elevar la conciencia de gran parte de la población.
Es cierto que la política kirchnerista de conciliación de clases, de predicar la creencia en un capitalismo posible con crecimiento inclusivo, ha enturbiado por otra parte la conciencia del pueblo. Pero por un lado eso lo han hecho todos los gobiernos burgueses. Y por otro las obras del gobierno, sus acciones y su discurso han elevado, contradictoriamente, parcialmente, esa conciencia. Ayudar a que se siga elevando, a despojarla de la creencia en la conciliación de clases, la unidad de acción en todo lo que signifique un avance real en las tareas revolucionario democráticas, etc., es obligatorio para todo verdadero socialista.

Carlos A. Larriera
1º.12.2015


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miércoles, 4 de noviembre de 2015

La izquierda y el ballotage

La izquierda y el ballotage
                                                         



En el ballotage está en juego la vida del pueblo. Si gana Macri se perderán todas las mejoras obtenidas en estos doce años y se retrocederá aún más en todos los derechos.
Esto es así porque Macri es un empresario miembro de las internacionales de derecha, de fundaciones y de ONGs que defienden los intereses del gran capital concentrado, y éste necesita saquear el país aún más de lo que lo hizo en la década del ’90. La escala que han alcanzado los grandes conglomerados internacionales así lo requiere, es la única forma que tienen de mantener o aumentar su tasa de ganancia (como conglomerados empresarios, forma que adopta el capital concentrado y centralizado internacional).
La izquierda argentina en general y el FIT en particular, con sus diferencias de matices, afirman que, tanto Massa como Macri, como Scioli son lo mismo, son burgueses cuyo programa es el ajuste y que por lo tanto, es indiferente que gane uno o el otro. En base a esta “caracterización” llaman a votar en blanco.
Que los tres defienden al capitalismo es cierto. Pero Massa es un invento electoral del capital concentrado, al cual se debe en totalidad, Scioli viene de una familia PyMe, y se ubica desde esa cosmovisión, como lo dijo su asesor el economista Miguel Bein[1], y Macri es un gran empresario. Macri es parte del capital concentrado internacional, como empresario y como político. Es la vanguardia de la ofensiva de la derecha para erradicar los populismos de toda América Latina e imponer un régimen tipo el Consenso de Washington. Es decir, piedra  libre para los grandes capitales: todo lo que se oponga a su superganancias será considerado delito y castigado como tal. La dictadura del capital en su máxima expresión.
Desde esta perspectiva no son lo mismo. Todo verdadero marxista debe saber diferenciar meticulosamente las diferencias entre todos los sectores burgueses. Debe saber caracterizar como actúan en la lucha de clases estos distintos sectores, los conflictos que hay entre ellos, saber aprovechar estos conflictos, saber en qué medida pueden apoyar algunos avances democráticos (burgueses), movidos por sus propios intereses, o son directamente partidarios de un estado cada vez más opresivo, etc. Para algunas cosas, en algunas situaciones concretas y hasta cierto punto por un período de tiempo acotado, el proletariado puede y deber hacer algún tipo de acuerdo con los sectores burgueses más democráticos, por más inconsecuentes que sean a través del tiempo. Esto como ejemplo.
En la democracia burguesa, como es la actual, es decir, en el capitalismo, el crecimiento económico, la industrialización, la profundización de la democracia, inevitablemente favorece en lo económico al capitalismo, pero también favorece, y tanto más cuanto más revolución burguesa se produzca, al proletariado. No hay otro camino hacia el socialismo sino a través de una revolución democrática que se apoye en el más amplio crecimiento económico capitalista posible.
Lenin ha escrito mucho sobre todo esto. Tomemos sus escritos de 1905, realizados poco antes del estallido de la revolución en ese año. Lenin decía, por ejemplo: “la socialdemocracia (el bolchevismo), que actúa en el terreno de la sociedad burguesa, no puede participar en la política sin marchar en algunos casos aislados, al lado de la democracia burguesa”.[2] Más adelante dice: “…de aquí se desprende que la total independencia clasista del partido del proletariado en el presente movimiento “democrático general”, es una condición indispensable. Pero de esto no se desprende, ni mucho menos, que la revolución democrática (burguesa por su contenido económico-social) no sea de un interés enorme para el proletariado.” [3] Y más adelante: “…Pero la idea de que la revolución burguesa no expresa en lo más mínimo los intereses del proletariado es completamente absurda…” “…tesis elementales del marxismo, relativas a la inevitabilidad del desarrollo capitalista sobre la base de la producción mercantil…” “…la clase obrera está plenamente interesada en el desarrollo más amplio, libre y rápido del capitalismo”. [4]
Lógicamente Lenin aquí está hablando de la revolución burguesa, pero salvando las distancias, es indudable que al proletariado le conviene el más amplio desarrollo del capitalismo y de la democracia burguesa. Su objetivo es la revolución democrática, único camino por el cual se puede acceder a la expropiación del capital y al comienzo de la construcción del socialismo, pero para llegar a esa revolución democrática se debe avanzar a través del más amplio desarrollo del capitalismo y la democracia burguesa.
Lo que debe quedar claro es que oponerse a algo absolutamente, solamente porque es “burgués” ata de pies y manos al proletariado, lo inhibe de toda lucha política, y lo somete más que nunca a la dictadura más directa de la gran burguesía. Todo va a ser burgués mientras estemos en el capitalismo. En el marco del capitalismo el crecimiento industrial será inevitablemente burgués, la democracia será inevitablemente burguesa. Para no “contaminarse” de burguesía habría que oponerse, por lo tanto, desde esta perspectiva, a todo crecimiento industrial¸ a todo aumento de la democracia. Obviamente esto es un absurdo.
En cuanto a la política del proletariado en cada coyuntura sólo se puede determinar situándose en la realidad concreta en cada caso.
En relación con los criterios para votar en la segunda vuelta de las elecciones, los sistemas electorales en Alemania y en Rusia eran muy distintos. Dice Lenin: “En Alemania se procede a la segunda vuelta para elegir a uno de los dos candidatos que han obtenido el mayor número de votos en las elecciones primarias. La segunda vuelta, en el caso de los alemanes, resuelve exclusivamente cuál de los dos candidatos que han obtenido más votos debe ser elegido.” [5]
“En Alemania sólo se puede hablar de elegir el mal menor: los vencidos en las elecciones primarias [(…)] no pueden tener otra aspiración.” […]
“La ley electoral rusa ofrece a la democracia obrera en la segunda vuelta un campo más amplio para la lucha contra los liberales que la ley alemana.” [6]
“Siempre que los liberales sean más fuertes que los centurionegristas [7], y los candidatos obreros sean más débiles que los liberales, es obligatoria —tanto teniendo presentes los objetivos políticos de la organización de la democracia en general como la necesidad de llevar a los candidatos obreros a la Duma la unión de los obreros con la democracia burguesa (populista, trudovique, etc.) contra los liberales.”
“En las asambleas electorales provinciales no; en ellas predominarán, sin duda alguna, los casos en que los liberales sean más débiles que los centurionegristas y, por lo tanto, se requiera formar un bloque general de la oposición para derrotar a estos últimos.” [8]
En resumen, Lenin decía que en Alemania se debía votar al mal menor y en Rusia, en el caso de que los centurionegristas fueran más fuertes que los liberales (kadetes), era necesario formar un bloque general de la oposición (incluidos los kadetes) para derrotar a los centurionegristas. O sea que aplicado a la Argentina de hoy, con más razón habría que votar al FPV (menos de derecha que los kadetes) contra Macri (si se piensa bien una derecha bastante parecida a los centurionegristas).
Estos criterios para la segunda vuelta electoral se resolvieron en el V Congreso (de Londres) de abril-mayo de 1907 del POSDR[9], y se ratificaron en la III Conferencia del POSDR de agosto de 2007 y en la VI Conferencia (de Praga) de 1912.
Lo que está en juego en las elecciones es el marco para el desarrollo de la lucha de clases, desde el punto de vista de los intereses de la clase obrera y el pueblo en general, en la Argentina de hoy. En un gobierno del FPV, de Scioli, un gobierno, obviamente, democrático burgués, inevitablemente burgués, incluso con todas las dudas de que hasta qué punto implicará una continuidad en lo esencial de la política kirchnerista (obviamente también un gobierno democrático burgués), no cabe duda que el marco en que se moverá  la clase obrera brindará una posibilidad mucho mayor de desarrollo de la lucha de clases que bajo un gobierno de Macri, algo así como los centurias negras actuales. Los verdaderos marxistas no pueden ser indiferentes ante esta disyuntiva. Votar al FPV no es decirle al proletariado que Scioli es bueno, ni tampoco que es un “verdadero” kirchnerista. Es simplemente defender el mejor marco para la lucha de la clase obrera. Durante estos últimos doce años, en comparación con años precedentes, el marco ha sido mucho más favorable para la lucha de clases que durante gobiernos anteriores. El gobierno se comprometió a no reprimir la protesta social, y si bien eso no se cumplió en su totalidad, la comparación con gobiernos anteriores es ampliamente favorable. Ese marco se debe mantener lo más posible y por supuesto, ampliarlo. Bajo Macri lo más probable es que toda la lucha se circunscriba a lo defensivo, defenderse de los cierres de fábrica, de la desocupación, con esa desocupación ni hablar de aumentos de sueldo o paritarias. La represión a los dirigentes combativos nos obligará a ocupar una gran parte del tiempo en rescatarlos de la cárcel, etc. Si la izquierda actual no ha aprovechado todas las posibilidades de desarrollar la lucha de clases en estos doce años, si se ha limitado a la lucha sindical, en el más puro estilo de los “economistas” criticados por Lenin en el ¿Qué hacer?, si ha despreciado el inmenso avance en la lucha democrática de la juventud kirchnerista (su incorporación honesta y sincera a la lucha política), esto no quiere decir que no se pueda aprovechar en el futuro, si bajo un gobierno de Scioli se mantienen aproximadamente las condiciones sociales de los últimos doce años, las posibilidades de profundización de la lucha de clases.
No es un momento más, es un momento crucial de la lucha del pueblo, bajo ninguna circunstancia  se puede dejar que gane Macri, todo marxista verdadero debe votar al FPV, no para defender a Scioli, no recomendando creer en Scioli, sino para impedir que gane Macri. La clase obrera necesita el mejor marco para desarrollar la lucha de clases, el obrero conciente comprenderá perfectamente el sentido de este voto. Dejar al proletariado en manos de un gobierno macrista sería renegar del marxismo, darle la espalda al proletariado.

Carlos A. Larriera
4.11.2015

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[1] –Scioli dijo que usted es su referente económico. Imagino entonces que existe un conocimiento mutuo, ¿cuál es el pensamiento económico de Scioli?
–Su ideología es la de un dirigente de la pequeña y mediana industria. Viene de una familia empresaria. Su padre era un mayorista de electrodomésticos y, en su momento, uno de los dueños de Canal 9. Él tiene esa mentalidad de empresa. Tuvo su propia empresa antes de la política. Todo eso hace que esté muy consustanciado con el mercado interno, con la industria local, con el crédito. Es una persona que se siente muy cómoda hablando con empresarios pequeños y medianos, no necesariamente con los más grandes.
(Entrevista de Claudio Scaletta a Miguel Bein bajo el título “Lo que viene es una agenda distinta”, publicado en Página 12 el 27 de septiembre de 2015)

[2] V. I. Lenin, Dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática, Obras Completas, Tomo 9, Editorial Cartago, 1969, pág. 41.

[3] Ídem, pág. 43.

[4] Íbidem, pág. 44.

[5] V. I. Lenin, Obras Completas, Tomo 18, Editorial Cartago, 1969, La segunda vuelta de las elecciones en Rusia y las tareas de la clase obrera, pág. 43.

[6] Ídem, pág. 45.

[7] “Los Centurionegristas, o sea la “Unión del pueblo ruso”, los monárquicos, el Partido de la Ley y el Orden, el Partido Comercial e Industrial y el Partido de la Renovación Pacífica.” “Los centurionegristas defienden al gobierno zarista actual. Están a favor de los terratenientes y los funcionarios, del poder de la policía, los consejos de guerra, y los pogroms.” “Los centurionegristas luchan por el mantenimiento de la vieja autocracia, a la privación de derechos del pueblo, a la dominación ilimitada de los terratenientes, los funconarios y la policía sobre el pueblo.” “Los centurionegristas no quieren dar al pueblo ninguna libertad, ningún poder. Todo el poder es para el gobierno zarista. Los derechos del pueblo: pagar impuestos, trabajar para los ricos y pudrirse en la cárcel.” “Los centurionegristas defienden los intereses de los terratenientes feudales. Nada de tierra para los campesinos. Solamente los ricos podrán comprar tierras a los terratenientes, por acuerdo voluntario.” “Los centurionegristas, utilizando todos los medios de lucha, pueden lograr que el pueblo se vea definitivamente arruinado y toda Rusia sometida al salvajismo de los consejos de guerra y los pogroms.” V. I. Lenin, Obras Completas, Tomo 11, Editorial Cartago, 1969, ¿A quién se debe elegir para la Duma del Estado?, pág. 351.

[8] Ibídem, pág. 46.

[9] Partido Obrero SocialDemócrata de Rusia, el partido de los bolcheviques.

lunes, 2 de noviembre de 2015

El pueblo argentino no conoce lo que es Macri

El pueblo argentino no conoce lo que es Macri



 El peligro de que el macrismo gane en el ballotage es muy grande y amenaza el nivel de vida y las condiciones sociales, culturales y democráticas de todo el pueblo argentino.

Han concurrido una multitud de factores en el resultado electoral. El principal problema a resolver es que el pueblo argentino no conoce lo que es Macri. Esto es una verdad de por sí evidente, palpable. Macri ha ganado sin decir qué es lo que va a hacer, dejando lugar y estimulando las fantasías optimistas más diversas e irreales en la población. La clave de la derrota de Macri en el ballotage pasa por lograr que ese desconocimiento de lo que realmente es disminuya lo suficiente para garantizar el triunfo de Scioli.
Lo primero que hay que preguntarse es cuál es la razón por la cual el pueblo no conoce lo que es Macri.
Son muchas las razones. En primer lugar el capital siempre se ha encargado de mil maneras de mantener al pueblo en la ignorancia. La persona común no tiene idea de cómo funciona el mundo. No tiene claro lo que es el capitalismo, ni dentro del capitalismo cuáles son las necesidades del capital concentrado, ignora que éste por su escala de producción planetaria ya no puede convivir con ningún mercado interno de ningún país. El “mercado interno” para el capital concentrado local e internacional es el mundo, y por su escala gigantesca lo único que le sirve es saquearlo. Y dada su escala descomunal de capital dinero, real o ficticio, su tasa de ganancia también tiene que ser descomunal, no hay tasa que le alcance.
Por ejemplo, “…según el último ranking elaborado por la revista Forbes, las diez primeras empresas del mundo acumulan un volumen similar al PBI de Francia: 2,5 billones de dólares. Siguiendo con las comparaciones, la valuación de la empresa más grande del mundo, Exxon Mobil, equivale a la economía de Bélgica, Suecia o Arabia Saudita, en tanto que la de Apple, que la sigue en el ranking, puede asimilarse al de Argentina, Grecia o Tailandia…”[1]
¿En qué mercado interno un conglomerado empresario puede conseguir una tasa de ganancia “normal” como porcentaje de su inversión de capital? Para su inversión total, los mercados internos de cada país son proporcionalmente demasiado chicos, ni siquiera la totalidad del mercado mundial les alcanza. Por eso sólo les queda el saqueo, obtener lo más posible como sea. No es una cuestión de bondad o maldad, es la naturaleza del capital que se basa en la tasa de ganancia, y que llegado a este nivel de escala de los conglomerados internacionales necesitan que sea gigantesca.
Pero tampoco la población en general conoce lo que es el mercado de divisas, ni el tipo de cambio, ni cómo funcionan los bancos, ni comprende el problema gasto público/déficit fiscal. Cree en la mentira cuidadosamente instalada durante siglos por el capital de que la emisión monetaria produce inflación. Creen que todo el poder lo tiene el gobierno de turno, ignorando que el verdadero poder lo tiene el gran capital y que los gobiernos sólo son gerentes más o menos disciplinados a ese gran capital. Le reclaman dólares al gobierno, al Banco Central, sin saber que el Estado ni genera ni tiene dólares, que los dólares son productos de exportaciones de empresas privadas, que las empresas privadas se quedan ilegalmente con la mayoría de los dólares, no ingresándolos o fugándolos. Que el total de dólares de argentinos en el exterior es de 400.000 millones mientras que el Banco Central sólo tiene 27.000 millones. Muchos reivindican la convertibilidad porque tenían dólares fácilmente, 1 a 1, pero ignoran que era todo una ficción que inevitablemente terminaría por estallar, los dólares eran préstamos del exterior, esos dólares eran utilizados por los grandes empresarios para fugarlos al exterior a través de los bancos, y la deuda finalmente tenía que pagarla todo el pueblo. Eso fue la convertibilidad. Cuando del exterior no quisieron prestar más porque sabían que no se podría pagar, estalló todo. Mucha gente cree que la inflación la produce el gobierno, lo cual es imposible porque la economía es privada, es una sumatoria de empresas privadas, no es una economía estatal, y los que suben los precios son las empresas.
Pero la falta de información o la distorsión de la misma es esencial para el capital, y se produce en todos los niveles e instersticios de la sociedad, en todos los temas, en todas las actividades.
Macri es un gran empresario. No es un político. Su idea es que, a diferencia de su padre que ha lucrado siendo amigo de todos los gobiernos, para ganar más hay que ser gobierno[2]. Y es lo que hace. La política se la deja a otros. En este caso a Durán Barba y otros similares. Macri se dedica a utilizar su gobierno para maximizar sus ganancias. El capital concentrado, los conglomerados empresarios internacionales también utilizan a los gobiernos para elevar al máximo posible sus ganancias, aunque eso traiga aparejado la destrucción de los pueblos. [3]. Macri es uno de los integrantes del capital concentrado, del conjunto de los conglomerados empresarios más grandes del planeta. Si gobierna, lo hará exclusivamente para aumentar las ganancias de estos conglomerados, por eso tiene su apoyo a nivel internacional. Pero para el pueblo será una tragedia mucho mayor que la que estalló a fines del 2001. Macri es un empresario y como empresario no hace política, paga para que se la hagan, no sabe nada, paga para que le hagan todas y cada una de las cosas. El PRO no es un partido político como los que conocemos, no tiene militantes, no tiene políticos que adhieran a un programa o una causa. Todos sus principales integrantes son comprados. Comprado Niembro,  comprado Del Sel, pero no son excepciones, es la forma en que funciona todo en el PRO.
Si Macri gobierna no podrá mantener ninguna de las falsas promesas que hace en esta última etapa de campaña, no podrá mantener “lo ganado” sino que deberá destruirlo. Porque su gobierno será un gobierno directo del capital concentrado, cuya política es inevitablemente de saqueo.
Todo esto es lo básico, lo fundamental para saber qué es Macri. Después se puede explicar detalladamente como hace para apropiarse del 80% del presupuesto de la Ciudad de Buenos Aires, como cierra centros culturales, cuáles son los dos procesos en segunda instancia que están vigentes, y muchas otras cosas en su “currículum”.
Sería muy importante reunir en un solo escrito todas las destrucciones, los delitos y los robos en que ha incurrido y sigue incurriendo Macri, para que se vea expresada palpablemente en los hechos su política.
A esta ignorancia generalizada sobre lo que es Macri contribuyen naturalmente muchos factores. Permanentemente protegido por la prensa hegemónica, Clarín y sus aproximadamente 300 empresas audiovisuales, sus diarios en todo el país, La Nación, Perfil, etc. No es el diario Clarín, es el conglomerado empresario gigantesco al cual pertenece Clarín y está vinculado al conglomerado empresario al cual pertenece Macri, porque defienden intereses similares, la necesidad del saqueo.
En el resultado electoral también han influido las tácticas empleadas por Durán Barba y Cía, la política que en todo América Latina están llevando adelante internacionales de derecha a las cuales pertenecen Macri, Aznar, y muchos otros personajes conocidos. Multitud de fundaciones de derecha que trabajan en el mismo sentido, como la Fundación Pensar, del PRO.
Hay muchas posturas que adjudican la gran elección de Macri a errores de táctica electoral del FPV, como el muy interesante artículo Un balotaje crucial para América Latina, de Atilio Borón, del 29.10.2015. El artículo es digno de conocer y analizar, pero por más influencia que hayan tenido las tácticas electorales de todos los partidos participantes en las elecciones, en la base de todo, lo más esencial, es que el pueblo no conoce lo que es Macri.
Y esto no puede ser. Todos los que tenemos alguna responsabilidad política debemos hacernos cargo, ocuparnos, de que el pueblo sepa lo que realmente es Macri, lo que representa, lo que inevitablemente hará si gobierna, cualesquiera sean las falsas promesas que manifieste para asegurarse un triunfo electoral en el ballotage.
Hoy hay que poner todo el esfuerzo para que no gane Macri. Esa es la tarea urgente, ineludible. Pensar qué haremos si gana hay que dejarlo para después del ballotage y concentrar todos los esfuerzos para que no gane, y eso esfuerzos tienen que tener como eje central lograr que la mayor cantidad de gente posible comience a saber lo que Macri realmente es, los intereses que realmente representa.
De todas maneras no está demás decir que mientras más se logre ahora difundir lo que Macri es, más fácil será luchar contra su política en caso de que acceda al gobierno. Y viceversa. De manera que esta tarea es el eje central desde toda perspectiva, más allá de que sea necesario también implementar las mejores tácticas electorales.

Carlos A. Larriera
2.11.2015


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[2] ‘“Papá decía que había que ser siempre oficialista”, recuerda Mauricio Macri. “Cuando una empresa ya es tan grande como la nuestra, ya no importa lo que pasa dentro de la empresa. ¿Cuántas obras más se pueden hacer? ¿Cuántos autos más se pueden producir? Si no se puede influir en la economía general del país… no sirve para nada.” En el libro de Gabriela Cerrutti El Pibe, primera edición 2010, pág. 16, Espejo de la Argentina/Planeta.
“Mauricio Macri creció creyendo que su padre tenía todo el poder. Y decidió que a él le tocaba ser el poder.” Ídem, pág. 19

[3] La película Margin Call deja esto bien claro, subrayándolo expresamente en el diálogo final entre los personajes interpretados por Jeremy Irons y Kevin Spacey. En la película la empresa es un broker, pero ese razonamiento de que lo fundamental es salvar al capital es universal en el capitalismo.